EL CRIMEN DE LA JOYERA | ESTUPOR EN EL CENTRO DE LEÓN

«Pongo la mano en el fuego por Heidy»

Miguel Gudiño contrató hace casi tres años a Heidy Quiñones y la ve incapaz de participar en el crimen

Edificio de la plaza Torres de Omaña donde reside Heidy Quiñones con su pareja y su hija.

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a. gaitero / m. a. zamora | león
León

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La implicación de la joven colombiana Heidy Quiñones Giraldo en el crimen de Marta Villayandre se vive con estupor en su entorno social y laboral. «Pongo la mano en el fuego por ella. Por lo que la conozco, y trabaja conmigo desde hace bastante tiempo, creo que ella esté al margen de esa atrocidad. Pero si es culpable, que pague por ello», declaró Miguel Gudiño, dueño del establecimiento donde trabajaba como camarera desde hace casi tres años.

Heidy Quiñones es pareja de otro de los imputados, Carlos Enrique Moreno Rivas, y tiene una hija de cinco años de edad. Vive en León desde hace al menos cinco años, ya que regularizó sus papeles en el 2005, al igual que su compañero y otro de los imputados, Óscar Tello Rodríguez. Desde entonces no han vuelto a mantener contacto con la oficina de inmigrantes donde tramitaron su primer permiso de trabajo y residencia.

Según fuentes de la investigación, el papel de la mujer en el crimen ha sido «secundario» y posiblemente actuó de cebo o de intermediaria entre los dos hombres y la joyera ya que había sido cliente suya. Y una cliente de la que Marta Villayandre había hablado a alguno de sus colaboradores habituales.

«Estuviera o no estuviera allí ella lo tenía que saber. Y lo que ha pasado es muy grave. Hay una familia destrozada y una niña huérfana de madre», apunta la dependienta de uno de los establecimientos del barrio. Heidy Quiñones era muy conocida en la zona porque residía junto a su pareja en la plaza de Torres de Omaña y tiene escolarizada a su hija en uno de los colegios del casco histórico. Actualmente, la niña está con su abuela materna, que también reside en León.

Además de la relación de Heidy con la mujer desaparecida, la investigación policial y judicial ha constatado que Marta Villayandre también había tenido tratos comerciales con anterioridad con la esposa de Óscar Tello Rodríguez, otro de los imputados en el sumario que instruye el Juzgado de Instrucción número 2 por sendos delitos de robo con violencia y homicidio.

De vacaciones. La camarera, de 27 años de edad, estaba de vacaciones cuando, el pasado 18 de enero, Marta Villayandre desapareció tras anunciar a su padre que iba a cerrar una operación importante. Tenía que regresar a trabajar el domingo 30 de enero.

Pero ese día su jefe ya sabía que no se incorporaría a su puesto de trabajo en la céntrica chocolatería: «Me llamaron a declarar en la Comisaría de León el viernes por la tarde», admite el empresario, quien todavía no da crédito a lo que ha sucedido. Esa tarde su empleada ya estaba detenida en los calabozos de la calle Villa Benavente.

Por lo que ha trascendido hasta el momento, Heidy Quiñones no participó directamente en la muerte de Marta Villayandre y es más que probable que ni siquiera estuviera presente en el momento de producirse el crimen en un piso en el que la joyera había concertado una cita para cerrar la venta de joyas por importante valor.

El martes 18 de enero la joyera leonesa llevaba un muestrario cuyo importe se estima en unos 20.000 euros. Este muestrario, con todas las joyas, llegó a manos de la Policía cuando ya estaban detenidos Heidy Quiñones, Carlos Enrique Moreno Rivas y Óscar Tello Rodríguez, el pasado viernes a través de una persona cercana a los imputados.

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Marta Villayandre fue vista por última vez en el establecimiento donde dejaba los encargos para grabar el martes 18 a las 11.10 de la mañana. «Vuelvo a recogerlo el jueves», le dijo a Toño Gimeno tras posar sobre la mesa de trabajo de la grabadora un sobre con una medalla para grabar la leyenda: «Recuerdo de tu tía Teresa». Diecuséis días después Marta Villayandre será enterrada.