BOTÍN DE ARTE SACRO | EL PUZLE DE LA ANTIGUA
Saqueo sacrílego
Pocas piezas se han recuperado de los más de cien robos y hurtos contra el patrimonio sacro de León. Las tablas de La Antigua son una excepción, pero, tras 15 años, el retablo del s. XVI sigue mutilado

El retablo de La Antigua, del siglo XVI, sigue incompleto y desordenado.
El patrimonio sacro de León ha sido víctima de más de un centenar de robos en las últimas tres décadas. Robos sacrílegos e impunes. Tan sólo dos juicios y la recuperación de unas pocas piezas frente al expolio de la riqueza atesorada en iglesias, ermitas y santuarios a lo largo de siglos.
El caso del retablo de La Antigua, una obra de arte sacro del siglo XVI al que le fueron arrancadas y sustraidas seis tablas, es una de las pocas excepciones de patrimonio robado y recuperado. Sin embargo, la obra de arte sigue siendo un rompecabezas sin componer quince años después de que se localizaran en Madrid y Córdoba las seis tablas robadas en 1982.
Los óleos, que retratan a varios apóstoles y escenas de la vida de Jesús, permanencen en el depósito del Museo Diocesano de León «a disposición del Juzgado de la La Bañeza», subraya su director, Máximo Gómez Rascón.
El juzgado número 2 de La Bañeza, por su parte, asegura que el caso está cerrado y que, por tanto, el Obispado de León puede hacer con las tablas «lo que quiera». En el expediente del Museo Diocesano los últimos documentos incorporados son la autorización de este juzgado para trasladar las tablas desde el Museo de Bellas Artes de Córdoba a León en 1997, además de las facturas del porte y los gastos del viaje del delegado de patrimonio del Obispado de León a Córboba.
Gómez Rascón se desplazó personalmente a la ciudad andaluza para hacerse cargo del retorno de las tablas, una vez demostrado que pertenecían al botín del robo perpetrado en el templo de La Antigua el 13 de noviembre de 1982.
«Me exigieron que, como delegado de Patrimonio, me hiciera responsable de todo el traslado desde Córdoba, pero las tablas están aquí a disposición del juzgado de La Bañeza», insiste Gómez Rascón. De no ser así, asegura, las tablas «deben ser restauradas porque tienen falta».
Las tablas, de las que no se supo nada durante trece largos años, fueron localizados gracias al catálogo de una casa de subastas de arte. La Guardia Civil identificó dos de los seis óleos sustraidos y la galería llevó a los investigadores a una tienda de anticuario de Montoro, en la provincia de Córdoba.
A partir de esta segunda pista, se localizan las otras cuatro tablas. Nadie ha sido juzgado por el robo ni acusado de receptación. El caso fue cerrado por el Juzgado de La Bañeza en 1997, poco después de que las tablas fueran trasladadas desde el Museo de Bellas Artes de Córdoba a León.
En el pueblo de La Antigua desconfían de todos y de todo. La iglesia, por fin, consiguió un tejado nuevo con el convenio de la Diputación y el Obispado de León, además de donaciones particulares. Pero el retablo sigue desmembrado.
Esta obra sacra, del siglo XVI, se considera de cierto valor histórico al ser atribuida su autoría a Cristóbal de Colmenares, un pintor de la prolija escuela castellana. Consta de 24 tablas que relatan la vida de Jesús.
Cuatro de los óleos robados en 1982 pertenecen a la predela (se trata de retratos de los apóstoles en parejas) y los otros dos, con las escenas de Jesús ante Caifás e Huida a Egipto, estaban colocados en el primer cuerpo aunque no era el lugar que les pertenecía. El retablo había sido desmontado en 1965, cuando se acortó el templo ante el temor de que se derrumbara el templo. Posteriormente, se montó desordenadamente. Y así sigue. Como un puzle desordenado e incompleto.
Los cuadros de La Antigua fueron parte del botín de los más de cien robos que se han cometido en las iglesias de la provincia leonesa desde 1980. Este mismo templo sufrió otros dos robos posteriormente, uno en 1991, en el que los cacos se llevaron la cruz procesional, de plata, y otro en en el año 2002.
Las seis tablas robadas y recuperadas tienen las huellas del maltrato al que fueron sometidas al ser arrancadas de cuajo del retablo. «No se llevaron más porque no pudieron», dijeron en el pueblo. Están sucias y deslucidas por el paso del tiempo. Su localización fue facilitada por la existencia de una foto en el archivo de la Brigada de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil que había aportado el entonces alcalde de La Antigua, Secundino Alonso Villafañe.
El Juzgado de La Bañeza admite que en aquella época «no se comunicaba por escrito el archivo de las diligencias», cosa que ahora es obligatoria. Lo cierto es que fueron archivadas en abril de 1997, muy poco después de recuperarse las tablas, se cerró definitivamente la causa. De hecho, el caso se había cerrado un año antes, en 1996, por la prescripción del delito. «Solamente se reabrió para recuperar los objetos cuando aparecieron», explica la secretaria judicial. Una vez archivadas las diligencias «quedan suspendidas todas las medidas», informa el juzgado. Los cuadros no son ya prueba, puesto que el delito no va a ser juzgado.
En el caso de las tablas de La Antigua se utilizó una de las tretas más comunes: sacar a subasta el material robado cuando el delito acaba de prescribir. Previamente se borra el rastro de ladrones y receptadores haciendo pasar el botín por sucesivas manos o al menos aparentarlo. El caso es que las tablas de La Antigua llevan fueran del retablo casi treinta años.