NUEVA ETAPA EN ESPAÑA | LA INVESTIDURA
Rajoy promete «no defraudar» al país
. El Congreso inviste al nuevo presidente con 187 votos a favor, 149 en contra y la abstención de Amaiur, PNV y CC. . El nuevo Gobierno tiende la mano a la oposición y subraya su responsabilidad ante esta «difícil . tarea» .

El jefe del Ejecutivo saliente, José Luis Rodríguez Zapatero, felicita a Mariano Rajoy tras el debate de investidura.
«Declaro otorgada la confianza del Congreso de los Diputados a don Mariano Rajoy Brey, lo que comunicaré a su majestad el rey a los efectos de su nombramiento como presidente del Gobierno». Casi ocho años y dos derrotas electorales después, Mariano Rajoy pudo por fin escuchar ayer esta frase con la que Jesús Posada, presidente de la cámara baja, certificó su nombramiento como el sexto presidente de la democracia al recibir 187 votos a favor de PP, UPN y Foro Asturias; 149 en contra de PSOE, CiU, IU, UPyD, ERC, Geroa Bai, BNG y Compromís, y 14 abstenciones de Amaiur, PNV y Coalición Canaria.
A Rajoy se le acabó el tiempo de las excusas. Atrás quedan las explicaciones y justificaciones que tal vez podrían valer mientras fue el jefe de la oposición, pero no como presidente del Gobierno. Ahora, ya sin red y sin la posibilidad de culpar a nadie, sabe que tiene infinidad de ojos en España y fuera de ella pendientes de sus decisiones económicas. Recibe un país con más de cinco millones de parados y con una previsión de crecimiento cero para el próximo año. Pese a este incierto panorama, el flamante presidente del Gobierno prometió «no defraudar» la confianza recibida a sabiendas de que se enfrenta al mandato más complicado de los últimos 30 años. Mantuvo la mano tendida a la oposición, pese a la contundencia de su victoria. «No tengo el monopolio de la razón y además sé que me equivoco», confesó antes de hablar y escuchar a todos los grupos políticos. «Aquí no sobra nadie», remachó.
Oferta de pactos. La holgada mayoría absoluta permitirá al PP aprobar en el Congreso todas las iniciativas que su jefe de filas considere conveniente. A Rajoy, sin embargo, no le gustaría aprobar el severo plan de ajuste —que sigue sin detallar— pero que necesitará para cumplir con el objetivo de reducir en 16.500 millones de euros el gasto en el 2012. Tal vez por ello insistió en su oferta de pactos. «Un Gobierno puede lo que puede, pero evidentemente no lo puede todo», acotó.
Sus primeras palabras al salir del hemiciclo resumieron esa sensación de euforia y preocupación que parece atesorarle ante la «difícil tarea» que le queda por delante. «Es algo muy reconfortante, pero al mismo tiempo pues supone una enorme responsabilidad de cara al futuro», subrayó.
José Luis Rodríguez Zapatero fue el primero en saludar a Rajoy tras su investidura. Éstos ofrecieron una imagen que nada tuvo que ver con los enquistados debates del final de principios de año. Al final del debate, Rajoy, mirando a la cara de su ya antecesor le dijo: «Usted acertó y se equivocó como todos, pero ha tenido un gran honor, ser el presidente del Gobierno de su país y yo así lo veré siempre».