Las virtudes del ‘breakdance’
Más de un centenar de adolescentes son ‘rescatados’ de la calle con un programa sociocomunitario que realiza la Fundación Juan Soñador en tres barrios de León con ayuda municipal.

Los chicos siguen atentos las instrucciones de Onasis Peralte para adiestrarse en el arte del ‘breakdance’ en Espacio Vías.
«El baile es lo que más me gusta. Por eso vengo aquí». Lo dice un chico de origen marroquí que vive en el barrio de Las Ventas y aprende los pasos básicos del breakdance en el centro Espacio Vías. Es uno de los adolescentes del programa de educación de calle e intervención sociocomunitaria que desarrolla la Fundación Juan Soñador en tres barrios de la capital con ayuda municipal.
La experiencia comenzó hace cinco años en El Crucero, se extendió después a Las Ventas y posteriormente se incorporó La Lastra. Desde entonces, más de un centenar de adolescentes han sido rescatados de la calle y han recibido apoyo individual y grupal, mediante actividades adaptadas a sus inquietudes.
Los educadores trabajan en red con los servicios sociales, tanto públicos como privados. «Si detectamos un problema relacionado con drogas, acudimos al Plan Municipal sobre Drogas y si nos enfrentamos a un problema de papeles acudimos a asociaciones como Accem», explica Héctor Alonso, responsable del programa Construyendo mi futuro.
Las clases de breakdance son una herramienta más del trabajo socioeducativo. Y los miércoles por la tarde en el Espacio Vías una cita a la que no faltan. «Los lenguajes artísticos son un complemento para la transformación social», añade. Allí se encuentran primero con Pablo Parra, voluntario de Cirkofrénicos, que les enseña técnicas de circo y acrobacia grupal.
«Los chicos quieren aprender los ejercicios más difíciles, justo al contrario de como aprendí yo», explica este joven de 33 años que desde hace siete ha descubierto en el circo una de sus pasiones.
Lo interesante del entrenamiento es que los chavales «tienen que cooperar para hacer los ejercicios» algo que forma parte de los objetivos del programa. Las técnicas de circo, al igual que el baile, «son educativas tanto a nivel físico como social». «Me gustan los objetivos y creo que puedo aportar lo que sé hacer», señala Pablo Parra.
Mientras realizan los ejercicios de acrobacia no hay nada de lo que pase a su alrededor que les distraiga. Están muy concentrados, pese a la música que invade el espacio porque un grupo realiza las pruebas de sonido para un concierto.
Y no es fácil captar la atención de estos muchachos. «Son chicos que, por lo general, no encuentran su sitio en la educación secundaria», explica Alonso. Pero el tiempo corre y la adolescencia no es eterna. Tienen que plantearse su futuro.
Además del trabajo grupal, cada chico o chica (la mayoría de los adolescentes son varones) tiene «un enlace» en el educador o voluntario. Con ellos establecen una relación de confianza para empezar a dar respuestas a una pregunta crucial de esta etapa: «¿Qué quieres hacer en la vida?». En este contacto más individual y directo se plantean cuestiones tanto profesionales —como optar a cursos de formación profesional— como emocionales.
La experiencia con las actividades creativas ha ido creciendo a lo largo de los cinco años de andadura de «Construyendo mi futuro». Y la integración de los muchachos en las actividades de la ciudad, también. Una de las experiencias más gratificantes para los chavales y para los educadores fue la presencia en Municipalia con un taller de grafitti. «Respondieron y llevaron el taller ellos mismos», agrega el educador.
La clase de breakdance da buena cuenta de esta actitud. Onasis Pilarte, el profesor, sólo tiene 17 años y es casi un mito para los chicos. Es miembro del grupo Lions Kings y de la asociación Freefam, que se dedica a promover la cultura hip-hop en León y ayuda a los artistas amateurs de la ciudad, a dar a conocer su arte, enseñándoles las habilidades necesarias para profesionalizar su trabajo. Los Lions Kings ensayan los viernes en el Espacio Vías. «Me conocen porque venimos aquí y el breakdance es algo que les atrae mucho», explica el joven.
Les enseña a bailar los pasos básicos para que luego «ellos saquen sus propios movimientos». Llegar a hacer los arye flare es complicado para principiantes pero es un aliciente y una motivación para prestar atención. El baile requiere «mucho entrenamiento, te desarrolla la masa muscular y hay muy buen rollo», añade Onasis Pilarte.
«Lo que más satisface de estos chicos es que tienen muchas ganas de vivir y de sentir», agrega el educador. Son chavales, en su mayoría hijos de inmigrantes, que no tienen a su alcance ni los recursos ni los caprichos de que disfrutan otros adolescentes de la ciudad. «Nunca les he oído decir que se aburren», afirma.
Reciclaje de ordenadores. Si quieren jugar con un ordenador o formar parte de las redes sociales a través de Internet, lo normal a su edad en el siglo XXI, tienen que ir al centro La Fontana o a un ciber, pero aquí hay que pagar, porque en su casa no hay. Es más probable que tengan que dormir tres hermanos en una misma cama y menos que tengan acceso a nuevas tecnologías en sus casas.
En el almacén de La Fontana, base de los programas que desarrolla la Fundación Juan Soñador en León, esperan un montón de ordenadores para reciclar. El objetivo de esta nueva propuesta es que los chavales destripen los aparatos y, con la ayuda de un técnico informático, aprendan a diferenciar sus piezas y colocar las partes que funcionan. «Cada uno se llevará a casa el ordenador que consiga reciclar», promete el educador.
El trabajo de calle se realiza dos horas a la semana en cada uno de los tres barrios. Es el momento para realizar la captación de chavales, que también llegan al programa a través del grupo de amigos. La asistencia es muy variable y va en función de los intereses por las actividades que se proponen en cada momento y de su propia evolución personal. «Siempre estamos acogiendo y siempre despidiendo».