Diario de León

Los tiempos del presidente

Mariano Rajoy mide sus silencios, incluso en el Congreso, para evitar «quemarse» . tras aprobar medidas de ajuste contrarias al programa electoral del Partido Popular.

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antonio montilla | madrid
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José Luis Rodríguez Zapatero, con gesto serio, se subió a la tribuna del Congreso el 12 de mayo del 2010 para comunicar a los ciudadanos que iba a hacer lo que había dicho que nunca iba a hacer: congelación las pensiones y bajada del 5% del sueldo de los funcionarios. Era su un plan para ahorrar 10.500 millones de euros. Fue el mayor revés sufrido hasta entonces por el Estado del Bienestar en nuestro país. Y también el principio del fin del ‘zapaterismo’.

Mariano Rajoy, en los tres meses y medio que lleva en La Moncloa, ha subido el IRPF; ha aprobado una profunda reforma laboral que, entre otras novedades, abarata el despido; ha dado luz verde a los Presupuestos del Estado más restrictivos de la democracia; ha asestado un tijeretazo de 10.000 millones de euros en Educación y a la Sanidad; y, hace apenas 48 horas, ha realizado dos anuncios indigestos para el argumentario popular: un plan para acercar presos de ETA al País Vasco, y la subida del IVA y otros impuestos al consumo.

Todo sea por cumplir el «irrenunciable» objetivo de reducir los números rojos del Estado del 8,6% actual hasta el 3% del PIB el próximo año y, sobre todo, para alejar «el fantasma de la intervención» económica por parte de la Unión Europea, según reconocen fuentes del Ejecutivo.

Este paquete de severas medidas de ahorro supone, en síntesis, una enmienda a la totalidad al programa electoral con el que Rajoy ganó las elecciones. Ha sobrepasado las líneas rojas de los terrenos del ajuste que el propio Rajoy trazó durante la campaña electoral, cuando aseguró que «metería la tijera en todo» menos en Educación, Sanidad y pensiones.

Cambio de rumbo

¿Por qué entonces no explicar en primera persona los motivos que han propiciado este radical cambio de rumbo? Rajoy administra sus tiempos dentro de una estrategia inspirada en la experiencia adquirida en crisis pasadas y que se rige por una premisa clave, evitar quemarse a las primeras de cambio. Desde el Gobierno subrayan que el presidente cuenta con dos bazas a su favor: una mayoría absoluta y el férreo convencimiento de que su plan devolverá a España a la senda del crecimiento económico y la creación de empleo al final de esta legislatura o principios de la próxima.

En todas las convocatorias ha estado acompañado por un jefe de Estado o de Gobierno de otro país, lo que conlleva una metodología especial en la que se tasa el número máximo de preguntas. La otra característica que marca este tipo de convocatorias es que sólo cuatro se han producido en España. El resto, en países de Europa, África, Asia y América.

Además, ha mantenido diversos encuentros informales con los medios de comunicación. Eso sí, no ha explicado nada en sede parlamentaria. Además no conviene echar en saco roto que el presidente del Gobierno no es un entusiasta de los medios de comunicación. Reconoce que si por él fuera los periódicos saldrían sin titulares porque distorsionan el sentido de la información.

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