Diario de León

león lucha por la minería Otra forma de protesta

La vara mágica de Alexandra Shui

La sobrina de uno de los 7 de Santa Cruz les regaló una varita para que les ilumine.

Alexandra Shui, junto a su madre, sostiene la varita mágica para los siete encerrados.

Alexandra Shui, junto a su madre, sostiene la varita mágica para los siete encerrados.

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m. j. alonso | santa cruz del sil
León

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Tiene sólo cuatro años y ayer fue la protagonista indiscutible en la bocamina del pozo donde permanecen, impertérritos, los siete de Santa Cruz del Sil. Alexandra Shui, sobrina de Alfredo González —uno de los encerrados—, viajó desde León para entregarle a su tío y a sus compañeros un regalo muy especial, una varita mágica fabricada por ella misma que a buen recaudo les traerá suerte o, cuanto menos, claridad. Ese fue el argumento de la niña. «Se la he hecho para que le dé luz y magia», aseguró. Pueden tomarla como símbolo de su lucha y hacer de ella un amuleto, aunque la solución a sus problemas no dependa de hechizo alguno, sino de una orden muy terrenal, la del ministro de Industria.

Por lo demás, el domingo a las puertas de la mina berciana no difirió mucho del resto de domingos desde hace ya 29 días. Visitas de familiares y amigos ocuparon la tarde de los encerrados, que se turnaron para hablar por teléfono con cada uno de ellos. La de ayer fue, como todos los fines de semana, una jornada de descanso en la que los huelguistas cogen fuerza para afrontar los cinco días siguientes. Además de la varita, otros regalos entraron en el pozo. Entre ellos un juego artesanal de ‘tres en raya’ fabricado por los hijos de Alfredo; o un puñado de caramelos recogidos por la hija de Primitivo Basalo en un bautizo.

Hoy las cuencas volverán a la acción. Frente a la bocamina tendrá lugar una velada nocturna organizada por las mujeres mineras. Será entre las 20.00 y las 24.00 horas. Planean iluminar el entorno de la mina con velas llevadas por ellas mismas y emplazan a quienes estén dispuestos a participar a que hagan lo propio. «La respuesta será masiva», confía la esposa de Alfredo, a sabiendas de que se enfrentan a un duro contrincante, el partido de la Selección Española de Fútbol.

Después de los últimos varapalos políticos, que mermaron la moral de los encerrados, los ánimos vuelven a estar en alto, más que nada porque no les queda otro remedio. Igual que a sus familiares. El hijo de Basalo, Alejandro, está deseando que el conflicto se solucione para volver a montar a caballo y jugar a fútbol con su padre. No quiere esperar más.

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