león lucha por la minería. Primerizos en la Marcha Negra
De las bolas a los pies
Los marchistas novatos están hartos de correr delante de las bolas de los antidisturbios y llevan la moral alta hacia Madrid.
Están hartos de correr delante de las bolas de los antidisturbios y quieren llevar a Madrid su mensaje alto y claro: «No vamos a asumir un recorte del 63%. Mi guerra no va contra los antidisturbios, sino contra el Gobierno, para que cumpla lo firmado», asegura Jonathan Buenosvinos.
Tiene la esperanza de que los mineros sean el ariete para que «arranquen otros sectores del país en defensa de la clase obrera y contra unos gobiernos que se amparan en la democracia y son dictatoriales», añade.
Acaba de terminar una protesta en la plaza de Botines y va vestido con la camiseta que identifica a los mineros de la Montaña Central Leonesa. «SOS Mineros en peligro de extinción».
Buenosvinos tiene 28 años y entró por primera vez en un pozo con 18. «Era verano y me cogieron para una sustitución», afirma. A los 19, tras terminar los estudios de formación profesional en la rama de electricidad le contrataron. «Mi trabajo es a mucha profundidad y en una atmósfera peligrosa y explosiva», explica. Realiza labores de mantenimiento en un trabajo de equipo con los mecánicos.
Está soltero y su familia le apoyo en su decisión de convertirse en uno de los 60 mineros marchistas de las cuencas leonesas. A Jonathan Buenosvinos, de La Robla, no le arredra el esfuerzo. Sólo pide que los pies le respondan —«que no me sufran las plantas de los pies»— y confía en el apoyo mutuo para llevar a buen puerto su empresa.
«Lo que más miedo me da son los pies», admite otro minero, César Álvarez, de 33 años. Asegura que ya hace días que se veía caminando en la carretera. «Ya lo hablé con compañeros. Estamos cansados de estar en el medio de la carretera y veía que esto iba a acabar mal», apostilla.
Hoy a las 7.30 horas de la mañana se reunirá con sus compañeros en el polideportivo de La Robla para partir a Villablino, donde iniciarán la caminata con los compañeros de Laciana.
César Álvarez trabaja en la «mina nueva» de la Vasco, en Tabliza, y lleva 14 años bajando al pozo. Hace de «correpilas», postear y mover los puntales para que el techo no se hunda. «El sistema de trabajo es el mismo que hace 35 años», asegura. Allí abajo «hace mucho calor: me pongo el mono y un traje de agua. Se suda mucho. Desde que entro hasta que salgo estoy empadado y muchos días vuelvo a casa con el bocadillo», aclara.
Está casado y su mujer se va a «quedar sola» las tres semanas de la marcha. «Me ha dicho que tenga cuidado, pero me apoya, igual que mis padres». Para César Álvarez esta movilización es la «más dura que he vivido», aunque también recuerda las huelgas y protestas que consiguieron arrancar el plan del carbón.
«A los políticos no les gusta que llevemos los problemas a Madrid y hacemos esto para que se nos vea por el camino y la opinión pública conozca nuestro problema de primera mano. Todos somos conscientes de los recortes, pero no tan salvajes», apostilla Alfredo Álvarez. La gente tiene que saber, asegura, que «el carbón se quema para generar energía eléctrica y no todo el dinero que dan va a fondo perdido, hay una parte que se devuelve».
«Gracias a Dios no tengo hijos», confiesa este minero. «Para los que tienen cargas familiares ir a la marcha es mucho más duro», añade. No le teme al desgaste físico y asegura que su novia le ha comprado «cremas de todo tipo» y calcetines de algodón para que se cuide los pies. En su impedimenta no llevará nada especial: «El sentimiento lo llevo en el corazón».
Este minero practica judo y boxeo y trabaja en Tabliza barrenando la llave de carbón. «Es peligroso, sí, pero conozco el oficio. Ahora tenemos mejor ventilación y más seguridad, pero el laboreo es el mismo que antes», precisa.
Los primerizos llevan el ánimo alto y el cuerpo en forma.