Diario de León

Su adiós: «Perdón por todos mis defectos»

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í. domínguez | roma
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La renuncia del Papa completa la huella de Benedicto XVI para la posteridad, el gesto de libertad intelectual y humildad de un pontífice peculiar. Al despedirse ayer pedía «perdón por todos mis defectos».

Fue elegido ya con 78 años y escaso talento mediático. Casi ocho años de un pontificado, inevitablemente de transición. A él le ha tocado hacer limpieza en muchos frentes. Se entiende que eche de menos el «vigor».

Benedicto XVI dejó pronto atrás su imagen mediática siniestra, de Panzerkardinal para volcarse en el diálogo con los no creyentes y en la doctrina didáctica con los católicos.

«Que me contradigan»

Fue un Papa que además de encíclicas, tres, ha escrito libros en el que pedía que se le contradijera si no se estaba de acuerdo. Pensó en un rescate de la pureza original del cristianismo, como receta a unos tiempos inciertos y de ahí que desempolvara la misa en latín y el gregoriano.

También intentó cerrar el último cisma por la derecha, con los lefebvrianos, rehabilitó a los jesuitas y metió en vereda movimientos ultraconservadores como los neocatecumenales y los Legionarios de Cristo, echando a su fundador corrupto y criminal sexual, Marcial Maciel. Ha tenido también excepcionales momentos de autocrítica, negando, por ejemplo, que la culpa del escándalo de la pederastia fuera de los medios de información, que hasta entonces era la tesis oficial

En su adiós pesan mucho los problemas. En su canto final de nostalgia por las fuerzas que se le escapan se puede intuir en el Papa la marca de los graves conflictos que le ha tocado afrontar, centrifugados por la actual velocidad del mundo de la información.

Benedicto XVI había hablado de la renuncia varias veces. De forma transparente en el libro-entrevista de Peter Seewald Luz del Mundo , de 2010: «Si el Papa llega a reconocer con claridad que física, psíquica y mentalmente no puede ya con el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en ciertas circunstancias, también el deber de renunciar».

Desde luego no le han faltado problemas en su final: el discurso de Ratisbona que ofendió al Islam, la polémica por la readmisión de los curas cismáticos ultraconservadores seguidores de Lefebvre antisemitas, el escándalo de la pederastia en el clero heredado de Juan Pablo II o las filtraciones de documentos reservados de ‘Vatileaks’, con el arresto, también histórico, de su mismísimo mayordomo.

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