Diario de León

Y Bárcenas estuvo en el Congreso

La corrupción acapara la mayor parte del debate y provoca la vuelta al ‘y tú más’.

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Agencias | Madrid
León

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El monotema de actualidad, el asunto que incluye sobres, billetes y varios documentos comprometedores con nombres influyentes sobrevoló el hemiciclo, aunque alguno lo mentó a su manera. «Mi partido no ha sido condenado por financiación irregular. El suyo, sí». Así de contundente se mostró Rubalcaba, con un comentario muy jaleado por los suyos y abucheado por los socialistas.

Rajoy no cedió ante los envites de Rubalcaba para que diera explicaciones sobre el ex tesorero. Se dedicó a enumerar una serie de medidas anticorrupción, endurecimiento de las penas, agilización procesal de las causas e incremento de los plazos de prescripción para estos delitos. Confesó que le «repugna» que surjan casos corrupción porque «lesiona a la democracia y desacredita a España». Pero se defendió como gato panza arriba para no hablar de su partido.

Entre esas medidas, aparecen algunas como la aplicación de la ley de transparencia a partidos, sindicatos, organizaciones empresariales y entidades que se financien esencialmente con fondos públicos. La transparencia no se queda únicamente en dichas organizaciones, sino que también los propios partidos políticos contrarán con una ley orgánica de control de su actividad económico-financiera.

Esta medida contará con varias decisiones como el establecimiento del procedimiento de aprobación de las cuentas en los estatutos de los partidos o el depósito obligatorio de las cuentas anuales en un registro público.

Otro de los temas más espinosos, como la regulación parlamentaria de los lobbies, con lo que pretende reformar los reglamentos del Congreso y el Senado para crear un registro de los mismos en las Cortes y establecer un código de conducta.

Entretanto, Rubalcaba aplaudió las medidas y dijo que su conformidad era tal que proponía aplicarlas «de forma retroactiva». La sugerencia cambió las tornas, fue celebrada por los socialistas pues alcanzaría de lleno a los pasados y actuales dirigentes del PP, y por supuesto a Bárcenas, pero desde los escaños populares surgieron voces reprobatorias. El líder opositor se guardaba una bala y la gastó en forma de pregunta: «¿Puede usted gobernar un país pendiente cada mañana de que a Bárcenas le dé un ataque de sinceridad?» y desvele los secretos que atesora, nunca mejor dicho.

Pese a estar de acuerdo en las medidas no lo pareció por el tenor del debate. Ambos se enzarzaron en un enredo dialéctico. El líder socialista se reafirmó en su petición de que Rajoy se vaya a casa y dé paso a otro de su partido porque no puede gobernar si es rehén de su ex tesorero. El presidente del Gobierno, en cambio, replicó que no pedía la dimisión de Rubalcaba porque ya se la piden otros dentro del PSOE y porque «no me interesa», un ninguneo en toda regla.

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