Diario de León

Las monjas ‘obreras’ de Bembibre

La comunidad de las Hermanas del Niño Jesús cumple 50 años: sólo quedan seis religiosas, cinco jubiladas; en herencia dejan un colegio y su huella en obras sociales como Proyecto Hombre y Cáritas.

jesús f. salvadores

jesús f. salvadores

Publicado por
ana gaitero | bembibre
León

Creado:

Actualizado:

«Vengan cuanto antes a Bembibre, deseo que vean la simpatía y gozo con que acojo su propósito. Andando el tiempo deben comprometerse a que su apostolado no se limite a la labor de un colegio de pago… debemos interesarnos más por las clases obreras».

El obispo de Astorga, Marcelo González, no pudo ser más claro en las esperanzas que albergaba con el anuncio de la llegada a Bembibre de las Religiosas del Niño Jesús. Fue hace 50 años. «¡A Rodanillo!». El destino está escrito en caligrafía antigua en la solapa de una fotografía en blanco y negro en la que cuatro monjas a pie y una montada en la burra posan sonrientes. «Era verano e íbamos a pasar el día en Rodanillo», recuerda Consuelo Martínez.

Empezaron con una escuela para que las niñas pudieran estudiar el bachillerato sin necesidad de ir a Madrid y las seis que quedan forman parte del tejido social del Bierzo Alto en varios frentes: la enseñanza, Cáritas, la catequesis, un centro de escucha, Manos Unidas y el servicio de la palabra en parroquias a las que no llega el sacerdote.

Su lema es «estar y desaparecer». Estar cuando se presentan necesidades, lo que para ellas son las ‘intuiciones motivadoras’ o lanzaderas, y dejar paso una vez que se han cubierto y hay que atender otros frentes. Con cinco jubiladas y tan solo una activo, sin vocaciones, son conscientes de que «con nosotras se acaba esta comunidad. Vendrán otras cosas. Pero lo nuestro se acaba», apunta Nieves Colina.

El espíritu renovador del Concilio Vaticano II y la ‘campaña’ que realizaron en favor de una nueva fundación en la comarca aspirantes y antiguas alumnas del colegio de Madrid oriundas del pueblo bembibrense. Las monjas salieron de un colegio de pago en el Barrio de Salamanca al barrio de Vallecas, entre otros de Madrid, y a pueblos como Bembibre y Bellvitge. «No fue de la noche a la mañana, fue algo estudiado y aquí había una verdadera necesidad», precisan. No temen al cambio.

Cuelgan los hábitos

«La madre nos decía que cuando fuéramos nueve de Rodanillo vendrían a fundar...», añade su prima Consolación Martínez. María Águeda Millet, Margarita de los Rios, María Vicente Pérez, María Teresa Vives y María Juncal Marina fueron las primeras en llegar, el 29 de agosto de 1963.

Las monjas , como serán conocidas a lo largo de sus 50 años de andadura en el Bierzo, abrieron en septiembre una escuela en un piso y un garage de la avenida de Villafranca. Los hábitos que aparecen en la foto son una reliquia, igual que la burra. Colgaron muy pronto los hábitos y durante años fueron identificadas con la furgoneta que daba servicio al colegio, al internado y a todas sus actividades. «Llegué en 1968 y llevé hábito tan sólo un año», apunta Yolanda Busto.

Fue «una expresión de cercanía a la gente» y una vuelta más a sus orígenes. Su hábito es el de la acción. La congregación, que cumplió 350 años en 2012, nació en París y las monjas nunca llevaron hábitos ni profesaron votos. Nicolás Barré impulsó la creación de las hermanas maestras de los niños pobres, aunque acabaron siendo las preceptoras de las princesas de Luis XVI. «Cien años después nos obligaron a hábitos y a votos» para poder sacar su obra fuera de Francia.

La llegada a León en los años 60 se produjo en un momento de eclosión demográfica, con una creciente clase obrera empleada en las minas del Bierzo. Bembibre casi duplicó la población entre 1960 y 1970 al pasar de 4.673 habitantes a 8.477 en esta década. En los comienzos el que luego se llamaría colegio Virgen de la Peña llegó a contar con 140 niñas entre 9 y 15 años. En 1965 se iniciaron las obras del nuevo colegio y tres años después se abrió una guardería, el internado, que fue la escuela hogar oficial del Bierzo, y también empezaron a impartir mecanografía, taquigrafía y corte y confección, «estudios que ayudaron mucho a los jóvenes», subraya Yolanda Busto.

El pueblo sólo contaba entonces con escuelas de enseñanza primaria y una academia. El colegio funcionó durante varios años como patronato y tenían los ‘reaseguros’, que eran becas para las hijas de los mineros. «Allí coincidieron las hijas de los empresarios mineros con las de los obreros», explican las monjas.

A comienzos de 1970 empiezan a diversificar sus actividades y empiezan a trabajar con instituciones de Bembibre y Astorga. Varias monjas maestras opositan para entrar en la escuela estatal y al cerrar el internado —se abre una escuela hogar en Ponferrada— deciden «insertarnos más en el pueblo». De la misma manera, clausuraron las enseñanzas de bachillerato cuando se abrió el instituto.

Las monjas se van a vivir a los barrios de Las Ventas y Socuello y también al pueblo gallego de Fonsagrada. Corría el año 1975 y Bembibre ya empezaba a ser un crisol de nacionalidades y de etnias. «Llegaron muchos portugueses a trabajar en los chamizos y detrás los caboverdianos y paquistaníes», explican.

«Querían casarme»

El gimnasio del colegio se convirtió en la primera ‘mezquita’ de Bembibre. «Celebraban el Ramadán y les abríamos la puerta a las siete de la mañana para que rezaran. Luego se iban a trabajar», recuerda Yolanda Busto, quien luego trabajaría con muchos de los hijos de las familias paquistaníes. Tras vencer muchas dificultades, también se logró que las niñas adolescentes no abandonaran la escuela.

«Les ayudaba a buscar casa y me querían casar», añade. Gracias a la confianza que ha llegado a tener con estas familias poco a poco fueron comprendiendo que las mujeres sacaran el carné de conducir era una ventaja. «Ha sido un proceso que no hemos impuesto. Yo no podía obligarles a que se quitaran el velo, les escribía en urdu y de esa forma empezamos a retomar su cultura», explica. Otro acontecimiento que la comunidad vivió intensamente, igual que Bembibre, fue la llegada de seis familias de refugiados vietnamitas a las que el empresario minero Antonio Rey, ofreció trabajo en Antracitas del Bierzo y que acabaron viviendo en chabolas.

La comunidad religiosa llegó a contar con una veintena de hermanas. Actualmente sólo quedan seis y sólo una, Maite Valdivieso, la más joven, sigue en activo como enseñante y directora pedagógica del colegio Virgen de la Peña.

En los años 80 su labor social se adaptó a realidades emergentes, como el problema de la drogadicción. Proyecto Hombre, un referente en la rehabilitación de toxicomanías nació de la mano del sacerdote Isaac Núñez y de las monjas de Bembibre. «Nos reuníamos con los jóvenes para obras de teatro y actividades culturales. Estábamos con una en la que usábamos música de Pink Floyd y vez se acercaron unos chicos que al final resultó que estaban enganchados. Ellos también querían participar pero había cierto rechazo. Fue mi primer contacto con este problema», cuenta Busto.

Nace Proyecto Hombre

«Entonces no había nada. Fuimos a conocer El Patriarca y finalmente nos fuimos a ver Proyecto Uomo en Roma. En verano nos formamos seis personas en Italia y al año siguiente pedí excedencia en la escuela para hacer el curso completo», explica.

El centro de rehabilitación de Cubillos del Sil fue el tercero en abrirse en España. Después se abrió la comunidad terapéutica en Santibáñez y el centro de reinserción de Flores del Sil (ahora en Fuentesnuevas). Igual que ellas en Bembibre, los recursos de Proyecto Hombre se han concentrado recientemente en Fuentesnuevas.

«Es una satisfacción encontrarte con personas que han pasado por Proyecto Hombre y están rehabilitadas, aunque también hay otras que se quedaron en el camino», comenta tras charlar en el patio del colegio con un padre. Podría pasar por ex alumno del centro, pero en realidad es un ex toxicómano rehabilitado.

La mano de las monjas también tuvo algo que ver en la creación de Alcohólicos Rehabilitados del Bierzo (Arabi). «Hemos participado mucho en la vida del pueblo y nos metíamos en harina, ¡pero de qué forma!», dice espontáneamente. En 1978, en plena transición de la dictadura a la democracia empezaron a reunirse los martes con gente diversa de la comarca. Treinta años después estos encuentros, a los que han asistido puntualmente desde sindicalistas a políticos de adscripción diversa, mantienen su vitalidad semanal.

Las monjas dieron cobijo, con total discreción, a reuniones de políticos de izquierdas que tuvieron protagonismo en la articulación de la democracia parlamentaria en León. Y estuvieron cercanas a los grupos de obreros cristianos de la Hoac. Con la escasez de vocaciones, la edad y las enfermedades que han padecido algunas entre el 2005 y el 2011 las seis monjas que quedan retomaron la vida en comunidad en un doble piso casi pegado al colegio Virgen de la Peña, que el 1 de septiembre de 2012 se integró en la fundación Educere, junto a centros escolares de Asturias, Castilla y León, Galicia y Cantabria.

tracking