Diario de León

MONUMENTOS EN EL EXILIO. ¿sALVADOS O EXPOLIADOS?

Piedras sin nombre

Cuatro edificios históricos trasladados de su lugar original durante el franquismo a León y dentro de la capital carecen de señalización e información sobre su origen e historia

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León

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¿Dónde está la Puerta de la Reina? ¿Qué queda del monasterio de San Pedro de Eslonza aparte de las ruinas de Santa Olaja? ¿Cómo se convirtió la Casa de los Quirós en Museo Bíblico y Oriental? ¿Quién decidió adornar la portada de un hospital religioso con el palacio de los Prado? ¿Por qué unos bancos con la firma de Zuloaga se están cayendo a cachos en la residencia Virgen del Camino?

Cuentan que el obispo Almarcha quiso trasladar la iglesia de San Miguel de Escalada, piedra a piedra, a La Virgen del Camino. Sea leyenda o proyecto fallido, la iglesia mozárabe, por suerte, sigue en su sitio y mirando al Esla celebra su 1.100 aniversario en 2013. Salvando las distancias, este año se debería recordar también el 260 cumpleaños de la Puerta de la Reina, monumental portada barroca y único recuerdo en la capital de la Real Fábrica de Tejidos e Hilados de León.

Pocas personas saben dónde se encuentra. Está claro que no está en la calle Puerta de la Reina, detrás del Emperador, donde se levantó originariamente, entre el Arco de Ánimas y el Malvar, como se conocía al cementerio situado en lo que hoy calle Burgo Nuevo.

Por delante de la puerta monumental, en la que destacan los medallones con los bustos de Fernando VI y Bárbara de Braganza, pasan a diario decenas de personas y es traspasada por gente notable de la ciudad. Ni una triste placa hace mención a su historia.

La portada barroca está embutida, literalmente, en la fachada de la Audiencia Provincial de León, en la calle del Cid. Fue cedida por la Diputación de León al Ministerio de Justicia el 11 de enero de 1945 para el nuevo palacio judicial. A su izquierda se puede leer en una placa que asegura que en ese lugar nació Guzmán el Bueno. A saber.

La actual Audiencia Provincial fue Casa de los Cea, hogar de Beneficencia y primera sede de la Escuela de Magisterio de León. Pero nada queda de aquel edificio que albergó estos usos y tampoco rastro de su memoria. En 1994 se colocó la placa en homenaje a Guzmán durante el recorrido romántico Miguel Delgado dedicado a Guzmán el Bueno.

La verdad sobre la Puerta de la Reina se encuentra en estudios eruditos y en libros, pero no se facilita su conocimiento a los leoneses de a pie y tampoco al turismo que pasa a su lado camino de San Isidoro.

«En cierta ocasión oí a un guía contar a un grupo de turistas que la portada procedía de una iglesia. Me paré y le conté la realidad. Me indigna este olvido», afirma Casimiro Bodelón, un ciudadano que ha estudiado la historia de los hospicios leoneses.

Bodelón reclama al Ayuntamiento de León y a la Audiencia que aprovechen la efémeride del 260 aniversario de la Real Fábrica de Tejidos e Hilados de León, que tras ser cerrada se convirtió en hospicio por más de 150 años, para «señalizar adecuadamente el monumento». «No dejemos que el tiempo y el abandono borren el recuerdo y la memoria», subraya.

El ‘elginismo’ leonés

El profesor de la Universidad de León e historiador del Arte, Emilio Morais Vallejo, ha estudiado los traslados de monumentos durante la etapa franquista en León. La Puerta de la Reina no fue un caso único. El primero fue el monasterio de San Pedro de Eslonza y después de la portada barroca de la fábrica de tejidos se trasladaron y transformaron la casa blasonada de los Quirós, de la calle Pablo Flórez, y el palacio de los Prado, desde Renedo de Valdetuéjar.

El elginismo leonés es uno de los casos más singulares. «No tengo noticia de otros lugares donde se den tantos casos a la vez y menos que una persona tenga tanto interés en estos traslados», subraya Morais.

El obispo Luis Almarcha, sin ser de León, fue el Elgin leonés. Sir Thomas Bruce, VII conde de Elgin, se dedicó a trasladar monumentos de Grecia a Gran Bretaña. Lord Byron bautizó esta práctica como elginismo para definir las operaciones de «desmembración y destrucción de edificios históricos con el traslado de sus piezas a distintos lugares y países.

León contó con otros elginistas que no eran el obispo Almarcha. La Diputación, sin ir más lejos. El traslado de la Puerta de la Reina de su ubicación original (actual entrada del edificio Fierro en la calle Puerta La Reina) a la portada de la Audiencia Provincial es «incomprensible», afirma Morais.

La Diputación, recuerda el profesor, estba y está especialmente «obligada a mantener y cuidar el patrimonio monumental de la provincia». No sólo no lo hizo, sino que se saltó la legalidad y todas las cartas internacionales sobre restauración del patrimonio. Una ley de 1933, de la II República, vigente en su totalidad hasta 1955 proscribía «todo intento de reconstrucción de los monumentos» y encomendaba su «conservación por todos los medios de la técnica».

La Carta de Atenas de 1931, la Istruzioni per il Restauro dei Monumenti, de 1938, y la carta de Venecia de 1964 son unánimes al respecto: «Un monumento no puede ser separado de la historia de la que es testimonio, ni del ambiente en el que se encuentra», dice literalmente la veneciana.

El caso de la Puerta de la Reina es más sangrante, si cabe, dado que «en el solar de la real fábrica se levantó, poco tiempo después del expolio, un edificio destinado a albergar algunas de las más importantes dependencias culturales de la Diputación provincial». El edificio Fierro forma parte del proyecto de la gran manzana cultural que nunca se completó aunque alberga la Biblioteca Regional, la Biblioteca Pública, el Conservatorio de León y la sede central de Correos.

Hilos de la real fábrica

La real fábrica tuvo una corta historia en León y la falta de respeto por el patrimonio y por la memoria se ha encargado de borrarla del todo. Ni en la calle Puerta de la Reina ni en la portada de la Audiencia Provincial hay testimonio visible de su existencia en León y de la importancia del complejo fabril preindustrial, aunque por poco tiempo.

Emilio Morais hace luz ante el oscurantismo público: «José Carvajal y Lancáster, secretario de Estado de Fernando VI, decidió establecer una fábrica de tejidos en la ciudad de León. Era una operación más para llevar a cabo su política mercantilista, utilizada para reactivar la economía nacional creando una serie de fábricas con capital estatal que perseguían fomentar la actividad industrial», explica.

Una orden de finales de 1751 asigna mil doblones mensuales para su funcionamiento. En 1753 se pudieron concluir las obras y en 1754, «en vistas del buen comportamiento de la fábrica se decidió construir un nuevo inmueble para ampliar las dependencias» en el Campo de San Francisco.

Lo cierto es que la fábrica sólo funcionó hasta 1769, víctima del cambio de rey y de prioridades político-económicas. Apunta el historiador que Carlos III fue más proclive a «la fisiocracia y la defensa de la agricultura que a las teorías mercantilistas». León perdió su primera oportunidad industrial. Se quedó huérfana de telares y paños.

Casimiro Bodelón tiene otra teoría: «Primaron los intereses de Madrid y Segovia, donde se centralizaron los talleres de telas y estameñas, y se privó a los ricos linares leoneses de ser materia prima de paños para su comercialización. León era una ciudad pequeña y con un fuerte componente religioso. Los maestros holandeses que vinieron a dirigir la fábrica también emigraron con su cierre», sotiene.

La fábrica fue reconvertida en talleres para expósitos y hospiciados del hospicio fundado por el obispo Cayetano Cuadrillero, quien solicitó al rey Carlos III su cesión de inmediato. El Hospicio de San Cayetano se construyó en los terrenos del Campo de San Francisco aledaños a la fábrica y estuvo en funcionamiento desde 1793 hasta 1955-56. «Por la Puerta de la Reina pasaron miles de niños porque por allí entraban a la escuela los niños varones», matiza. El hospicio no le debió parecer a los gobernantes de la Diputación de categoría suficiente para albergar la portada de la real fábrica venida a hospicio, pues tuvieron mucha prisa en deshacerse de esta pieza única entre el escaso barroco leonés. En 1946, estando abierta aún en este lugar la Residencia Provincial de Huérfanos San Cayetano, la Diputación «insta al Ministerio de Justicia a desmantelar la portada para proceder al cerramiento del hueco que quedará después del traslado». El arquitecto Javier Barroso fue el responsable de este proyecto. La residencia de huérfanos fue trasladada al Monte San Isidro en 1955-56.

‘Tristes ventanas’

Pese al propósito anunciado de respetar su forma original «se hicieron modificaciones», denuncia Morais: «A ambos lados de la entrada había unos muros retraídos, y hoy en su lugar se han abierto unas tristes ventanas que distorsionan la composición del conjunto». La portada barroca se diluye en el edificio de nueva planta que también acabó, sin contemplaciones, con la casa de los Cea o de Los Cilleros. Ni sus blasones se salvaron de la piqueta.

Del antiguo hospicio se salvó también una fuente que está en el claustro de San Marcos. Las piedras de la iglesia permanecen amontonadas en el aparcamiento de Santa Nonia, propiedad de la Diputación provincial. La manzana cultural nunca se completó.

El obispo Luis Almarcha no tuvo nada que ver con el expolio de la antigua fábrica textil y de su Puerta de la Reina. Pero mucho con el trasplante a la ciudad de León de los restos del monasterio de San Pedro de Eslonza, uno de los más antiguos del reino de León, y el palacio de los Prado, entre los de más alcurnia, desde Santa Olaja de Eslonza y Renedo de Valderaduey respectivamente. El arquitecto Juan Torbado fue el ejecutor.

De manicomio a iglesia

De hecho, fue este arquitecto quien dio la voz de alarma sobre el expolio que sufrían los restos del monasterio benedictino, declarado monumento nacional en 1931. En los años 40 se puso a estudiar sus ruinas y tuvo la idea de salvarlas convirtiendo el antiguo cenobio en manicomio. La idea no cuajó.

Casualmente, en 1946 el Obispado de León compró el monasterio de Eslonza por 100.000 pesetas y al año siguiente el poderoso prelado, también procurador en las Cortes franquistas, decidió usarlo para adonar la iglesia de San Juan y San Pedro de Renueva.

Por todo argumento, Torbado alude al «gran cariño que el prelado siente por el Arte y la Arqueología, así como por la historia y tradición de nuestra Patria» y a que con el traslado «se podrán contemplar los restos del edificio de más a nuestro gusto por estar en la capital», reseña Morais. «No hay documentación de cómo se hizo el traslado y muy poca del monasterio», subraya. Y el arquitecto trató de diluir el monumento bajo su impronta: las dos torres y las grandes escalinatas con las que salvó el desnivel del terreno sobre la calle Padre Isla restan todo protagonismo a la portada de la iglesia de San Pedro de Eslonza.

El hospital-palacio

El entusiasmo por los trasiegos monumentales contagió al millonario Pablo Díez. En 1954 había adquirido el palacio de los Marqueses de Prado y quiso utilizar sus restos para levantar el nuevo santurario de La Virgen del Camino que iba a financiar. Pero el arquitecto fray Coello de Portugal le hizo desistir de la idea.

El palacio acabó en manos de la Diputación provincial y también se barajó la idea de usarlo «para ennoblecer la nueva Casa de Cultura, con proyecto de Felipe Moreno», añade el profesor. No prosperó. Pero como si fuera un cuento, el destino del palacio se cruzó con los planes del obispo de León y del cabildo de construir un hospital para «sacerdotes de la diócesis y otros fines benéficos».

Mediante una operación de trueque entre la Iglesia, el Estado y la Diputación Provincial, Almarcha cede los derechos de la Iglesia sobre San Marcos al Instituto Nacional de Industria, para un parador, y la Diputación dona al Obispado el palacio de los Prado. El obispo encontró rápida reubicación para sus restos: ennoblecer la fachada del hospital de Nuestra Señora de Regla. Ni un pequeño cartel da pistas a visitantes y ciudadanía sobre el origen de esta fachada.

¿Salvar o expoliar? Juan Torbado se ocupó de otro traslado monumental. Los restos de la mansión nobiliaria de los Quirós, en la calle Pablo Flórez, a San Isidoro para sede de la Escuela Superior de Arte Sacro, también ideada por Luis Almarcha. Los sillares de piedras de Boñar fueron desmontados e insertados en el nuevo edificio, que actualmente forma parte de la hospedería Casa de Espiritualidad.

Palacio de los Prado, monasterio de Eslonza y restos de la mansión señorial de los Quirós probablemente se salvaron de la ruina y un expolio mayor al ser trasladados a la capital. También se podían haber restaurado in situ, como se hizo con la iglesia de San Miguel de Escalada en los años 80.

Morais sostiene trasladar monumentos «es una práctica no recomendada» salvo en casos de extrema necesidad como se hizo con la iglesia de Pedrosa del Rey y la ermita de La Puerta —esta última gracias a la llamada de atención de Juan Carlos Ponga Mayo hizo a la comisión de Patrimonio sobre su posible origen románico— cuando se anegó Riaño, o aguas abajo del Esla, en la provincia de Zamora, San Pedro de la Nave. «La pregunta es si las autoridades actuaron bien y cumplieron con su deber de defender el patrimonio y la legalidad vigente», reflexiona Emilio Morais.

Sea expolio o salvación, no hay marcha atrás. Como el éxodo es irreversible se clama por restitutir su identidad en los ‘nuevos’ edificios. «Hay que dar a conocer su origen y divulgarlo», admite el historiardor. Como dice Bodelón la «gran Historia de nuestra ciudad se escribe con estos “pequeños detalles”, siempre que no dejemos que el tiempo y el abandono borren el recuerdo, la memoria…».

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