Diario de León

‘Adiós’ cuando piensan ‘hasta luego’

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p. de las heras | (colpisa) madrid

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A ningún presidente del Gobierno de España le ha resultado fácil decir ‘adiós’ y salvo Leopoldo Calvo Sotelo y, ahora, José Luis Rodríguez Zapatero —que ha decidido hacer un credo del principio de no injerencia— todos han tratado de supervisar la política nacional desde sus atalayas, como si se sintieran responsables de su deriva o como si les resultara imposible asimilar que, después de haber tenido la última palabra sobre asuntos clave para el destino del país, su opinión no sea ya imprescindible.

El ‘desahogo’ de Aznar esta semana ha provocado un terremoto en el PP, pero otros fueron más lejos. Adolfo Suárez, ahora unánimemente alabado por su papel en la Transición pero muy cuestionado a principios de los 80, llegó a crear en 1982 su propio partido, el CDS, tras verse forzado a dimitir.

Felipe González fue otra cosa. Tras cuatro legislaturas como jefe del Ejecutivo, desde 1982 a 1996, decidió continuar siete como diputado. Nunca participó mucho en la vida parlamentaria y en el 2001 creó su propia sociedad para gestionar los ingresos de su actividad privada, fundamentalmente, asesoramiento de empresas pero también conferencias, con un caché llega a los 30.000 euros por charla. Pero su incapacidad para abstenerse de opinar y tutelar el PSOE ha sido manifiesta.

Zapatero debe saber bien cómo se siente Rajoy. Él también fue acusado por su antecesor de falta de solvencia y determinación. «Está por ver que tenga un proyecto con contenido e ideas», afirmó en el 2002. Al menos, tuvo el ‘detalle’ de decirlo cuando el político leonés no gobernaba aún, pero también una vez en La Moncloa, enmendó varias veces la plana al presidente.

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