Diario de León

tragedia minera Los sistemas de seguridad

Un ataque letal sin capacidad de respuesta

La Vasco cuenta con un sistema puntero de seguridad, detección y alertas ante gases, pero los expertos apuntan «una concatenación de causas imprevisibles».

Los sistemas de ventilación y medición recorren galerías y talleres del Pozo Emilio.

Los sistemas de ventilación y medición recorren galerías y talleres del Pozo Emilio.

María Jesús Muñiz Prieto
León

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Es el soplo invisible de la muerte. Dicen quienes lo han sentido en las entrañas de las minas de carbón que, cuando sopla con fuerza, se nota como un bufido. No huele, no se nota. Pero roba el oxígeno. No golpea, adormece. En segundos, según su porcentaje de concentración, arranca la vida. Sin capacidad de reacción.

Es la «muerte dulce» para los de dentro. Amarga, hoy más que nunca, para los que aguardan fuera del pozo. Porque no parecen tiempos de féretros mineros en fila. Porque la «sentencia a muerte» (firmada en los despachos) del sector no puede permitirse el lujo de dejarse más vidas en un universo enterrado en el que ya (casi) nadie cree. Porque son demasiadas las dudas sobre el futuro de un mundo (no el de las empresas, el de las comarcas que las sustentan) que ha peleado como pocos y al que han aniquilado las fuerzas.

La energía. Esa que siguen exprimiendo entre reales decretos, leyes y pulsos eléctrico-gubernamentales, de quienes están hartos del cinismo de muchos «pozos-moqueta» en los que se negocia el macabro futuro de los asfixiantes «pozos-barro» por los que reptan cada día los mineros de interior.

Los mineros del Pozo Emilio llevan siempre consigo un autorrescatador, por la «peligrosidad grisuosa» de la mina, según explica Manuel José Camino, doctor ingeniero y catedrático de la Escuela de Minas de León, que ha trabajado también en explotaciones como Hulleras de Sabero y la propia Hulleva Vasco Leonesa. «Son casos en los que se insiste en extremar la seguridad» ante la posibilidad de escapes de metano.

Desde la empresa se insiste en que hay que esperar a que los investigadores puedan entrar a la mina para conocer exactamente las causas del accidente, aunque al margen de los autorrescatadores la instalación cuenta con un complejo sistema de seguridad, alarmas, ventilación y rescate de última generación en el sector, en el que siempre han sido punteros en Europa. Desde balizas medidoras ubicadas en las galerías y talleres para comprobar las condiciones del oxígeno hasta sistemas de alerta que, posiblemente, no tuvieron tiempo de saltar ante la virulencia del escape del lunes.

«Si alguien lleva por bandera la seguridad es esta empresa», aseguran, una afirmación que constatan desde todos los ámbitos.

Camino señala, con la prudencia que el resultado de la investigación requiere, que la emisión de grisú (el porcentaje de metano en el aire de la mina) va ligada a las labores de explotación del carbón. Y que no siempre pueden preverse acumulaciones en capas no accesibles en lugares no accesibles de la mina.

«Por ejemplo una antigua galería, o una bóveda que, cuando avanza la explotación, se colapsa (se hunde), se rellena de material y desplaza el gas que acumula hacia los huecos que quedan: las galerías o talleres, en los que trabajan los mineros».

Normalmente las «invasiones de metano» son «lentas, graduales y progresivas, y los sistemas de medida son capaces de detectarlas, a través de los equipos de los vigilantes o los sistemas fijos situados estratégicamente, que disparan las alarmas».

Pero puede ocurrir que la caída de una bóveda provoque una «pistonada de metano, una invasión grande y rápida que no deja tiempo a actuar. No se detecta, y no da tiempo a colocar los autorrescatadores. Quizá ni siquiera han tenido ocasión de intentarlo».

El catedrático de Minas recuerda que la zona minera de Ciñera-Matallana «se caracteriza por tener capas de mucha potencia, una gran cantidad de carbón que por tanto genera gran cantidad de metano. Una explotación gradual es controlable, pero en ocasiones se produce una concatenación de circunstancias que son imprevisibles».

Existen algunas técnicas específicas de geofísica que podrían detectar algunas de estas formaciones, «pero no son aplicables a una explotación que avanza de manera continua. Es muy raro que esto ocurra, pero está claro que siempre hay una posibilidad».

En el caso del accidente del Grupo Tabliza no se produjo, a falta de las conclusiones de la investigación, explosión o deflagración del gas, que «puede ocurrir con concentraciones de entre un 5 y un 14% de metano, ante una chispa». En el siniestro de Llombera todo parece indicar que se produjo una «invasión de metano, que dejó sin oxígeno a los trabajadores».

El ingeniero recuerda que, pese a todas las medidas de seguridad y los circuitos de ventilación instalados, «en el interior de una mina subterránea siempre pueden aparecer circunstancias incontroladas». Aunque señala que de las investigaciones que se lleven a cabo pueden producirse también «nuevas exigencias de seguridad, para evitar siniestros similares en el futuro».

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