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javier lópez | madrid
León

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De todos es bien sabido lo que ha significado Suárez para la democracia española, pero lo que muy pocos conocen es que 18 años antes de que pasara a la historia como el primer presidente de Gobierno elegido en las urnas, tras la época franquista, llegó a soñar el toreo por un día. Fue por el mes de julio de 1959 cuando un joven de 27 años de Cebreros (Ávila), tierra de gran tradición taurina, se presentaba como novillero en un Festival para Noveles celebrado en la plaza vieja de Ávila.

Cuentan los escasos documentos que existen sobre aquella tarde que aquel chico de Cebreros, como se dio a conocer en el cartel, «estuvo valiente, no le cogió el novillo y lo mató a la segunda», escueta valoración pero significativa para demostrar que Suárez superó la prueba con dignidad.

Mucho tuvo que ver en esta singular andadura su estrecha amistad con el entonces matador de toros Victoriano Valencia, actual suegro de Enrique Ponce, con quien compartió años de pupitres, y el que le convenció para que, al menos ese día, probara suerte y soñara con ser torero. Aquella tarde fue la primera y la última de la efímera carrera en los ruedos de Adolfo Suárez, que, no obstante, siempre presumió con orgullo de poseer una gran afición, posiblemente el presidente del Gobierno que más ha estado relacionado con el mundo taurino.

Su gran amistad con el rey, otro gran e ilustre aficionado, les llevó a ser fotografiados en alguna ocasión juntos en una barrera de la plaza de toros de Las Ventas. Pero no queda ahí su vínculo con la tauromaquia, pues su hijo, Adolfo Suárez Illana, heredó, e incluso acrecentó, la afición de su padre, ya que, además de participar en varios festivales como aficionado práctico, es también un rostro habitual en numerosas plazas y ferias de España.

Fue precisamente Suárez Illana el que instauró el primer nexo taurino en la familia, al contraer matrimonio en 1998 con Isabel Flores Santos Suárez, hija del conocido ganadero albaceteño Samuel Flores.

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Otro torero íntimamente ligado a la familia es Juan José Padilla. Es muy amigo de sus hijos y ha presenciado de cerca los últimos años de su vida.