FORMAS DE VIDA
Adiós al hotel, hola a la casa
La residencia de personas mayores de la Junta en León culmina su reconversión a los 40 años de su existencia con la próxima apertura de una unidad de convivencia de 16 plazas que desbloquea el acceso después de tres años

David Pastrana, Elena del Blanco, Elena de la Fuente y Angelines Manzano, residentes y empleadas de más antigüedad en la residencia pública de Armunia
—¿Qué me dices, Gabriel?—
El hombre balbuce unas palabras.
—¿A que me quieres contar que el ajo y el limón curan todas las enfermedades?—
El anciano afirma con un gesto de la cara y sigue su camino por el pasillo de la residencia apoyado en un bastón.
Es domingo y las visitas no paran de entrar y salir por la puerta. Las hojas de cristal se abren de par en par por fotosensibilidad. La conserje está atenta a cada nueva cara. Toma nota del nombre del residente y del visitante.
Elena del Blanco es una de las empleadas más antiguas de la Residencia Mixta de Personas Mayores de Armunia, de la Gerencia de Servicios Sociales. Sonmás de 40 años de trabajo en el centro. Se conoce por el nombre a todos y todas los residentes que pasean por sus propios medios o son paseados por sus familiares. Conoce sus rutinas, sus gustos y sus manías.
Recuerda a muchas de las personas que han pasado por la residencia desde que abrió sus puertas en julio de 1973. «Les traían 15 días para probar. Traían autocares para promocionar la residencia porque la imagen que había en la sociedad de estos centros era de asilo», explica.
El centro nació como residencia de pensionistas de la Seguridad Social. Se construyó en un tiempo récord, 14 meses, pero su proceso de reconversión para adaptarse a las nuevas necesidades de atención a las personas mayores va ya para tres lustros. Es un centro de grandes dimensiones: ocupa una superficie construida de 13.000 metros cuadrados en seis plantas y una superficie exterior de unos 18.000 metros cuadrados.
«Al principio todas las personas eran válidas, tanto que alguna con un problema de corazón no le dejaron entrar», comenta Del Blanco. Ofrecer ocio y comodidad eran las dos prestaciones estrella de la residencia promovida por el Ministerio de Trabajo y que inauguró el leonés Fernando Suárez. «Jugágamos las partidas en el jardín, íbamos a conciertos, meriendas, a los toros, una vez fuimos a La Tropicana a ver los travestis», rememora la conserje.
Empezó como camarera y aunque ha tenido oportunidad de moverse a otro puesto «me ha gustado y no quise cambiar», admite. Una vez se transmitió desde la residencia el programa televisivo Viva la gente . Hasta hace pocos años tenían un huerto, como parte de las tareas ocupacionales.
Los residentes procedían del campo, de la minería del carbón, del ferrocarril... Eran las primeras generaciones de un sistema de pensiones que en aquel entonces no hacía más que crecer y crecer. Venían de todos los puntos de España.
El ‘hotel’ de pensionistas de los años 70 dice adiós con la inminente apertura de una unidad de convivencia en la que la Gerencia de Servicios Sociales de la Junta anunció en 2011 una inversión de 413.000 euros. Una obra que se planteó para cuatro meses se ha prolongado durante casi tres años debido a los recortes económicos. Ahora en la fase de amueblamiento.
La reforma es más que un cambio arquitectónico en un edificio antiguo. Supone un cambio en el modelo de atención. «A lo largo de estos años se ha pasado de un modelo hotelero (todos válidos en los primeros tiempos) a un modelo hospitalario, donde la institución decide todas las cuestiones de la vida cotidiana de las personas», explica la directora, Purificación Rodríguez. Ahora se pretende ofrecer un modelo de atención individualizada y con atención a la historia de vida y a los gustos del residente.
La residencia se abrió con 204 plazas en 1973 y ahora tiene 192, cifra que disminuirá porque las necesidades del nuevo modelo de atención requieren más espacio. Y nuevos hábitos profesionales. «Es un proyecto que supone un cambio arquitectónico, ambiental y organizativo», agrega la directora.
«Cuando se empezaron a deteriorar era un poco triste, pero no cambiaría este trabajo por nada», explica Angelines Manzano, otra conserje que inauguró la residencia como camarera. «Ha sido una experiencia muy bonita, pero ya me quiero jubilar porque me da tanta pena», añade.
Al principio, a los residentes que precisaban atenciones especiales se les llevaba a otra residencia a Salamanca o Valladolid. «Acababan con ellos, se perdían y decidieron no trasladarles y empezarles a atender aquí», cuenta.
Fue en 1999 cuando la residencia de pensionistas se transformó en Residencia Mixta de Personas Mayores de Armunia. El Imserso nunca la bautizó con un nombre propio —tampoco lo hizo con la de Ponferrada— y la Gerencia de Servicios Sociales lo mantuvo. El primer cambio se hizo en 1993 con la apertura del servicio de estancias diurnas, 40 plazas, que actualmente gestiona una empresa privada.
«En 1999 se crea un módulo en la primera planta para 39 residentes asistidos, lo que hoy denominaríamos dependientes», explica la directora. Es cuando le añaden el adjetivo de Mixta, por atender a personas válidas y asistidas. En el año 2004 comienzan las obras para un segundo módulo de asistidos, también en la primera planta, con 28 plazas.
«La residencia sigue adaptando su infraestructura para convertir las plazas de válidos en plazas de personas dependientes», indica Rodríguez. El envejecimiento de la propia población residente va generando las nuevas necesidades. Actualmente, la proporción es de un 80% de personas dependientes, en mayor o menor medida, y un 20% de personas válidas. Desde hace tres años no entra nadie.
El 64% de la población residente son mujeres y el 36% hombres. Cuenta con una plantilla de 119 personas. No todo el mundo tiene una familia cercana o amistades que les visiten. Alguna vecina del barrio, como Nely, se ha convertido en compañía de ancianas solitarias y alejadas de su hogar. El programa de acompañamiento intergeneracional de Cáritas también ha entrado este curso en la residencia, con jóvenes del IES Antonio García Bellido de Armunia y de otros centros educativos.
La decoración de los pasillos centrales cambia con las estaciones del año. El ambiente interior aún conserva muchos detalles del interiorismo pop con que fue estrenada. Lámparas y sofás coloristas, cubrecamillas de estampados florales... Detalles que rezuman aquel ambiente de hotel de los primeros tiempos.
Angelines Manzano rememora a los residentes que se casaron con gente de fuera y a otras parejas que entablaron noviazgos en la residencia. «Había una pareja muy graciosa: ella era más alta que él y se besaban en la escalera», comenta. También eran memorables las fiestas de Nochevieja: «Las residentes se ponían de largo para la cena».
Volver a estar en familia, como en casa, es el objetivo del nuevo módulo de convivencia que se abrirá próximamente con 16 plazas (12 residentes y cuatro del exterior que desbloque el acceso al centro después de tres años.
«Este modelo de atención centrada en la persona sitúa su foco en las capacidades y las fortalezas y se proponen planes de vida donde la persona participa», explica la directora. Se crea la figura del cuidador de referencia que «presta una atención directa y estable al residente», con una «visión global de la persona mayor, de su historia y proyecto de vida. La familia va a tener un papel muy importante: «Pasamos de la institucionalización a la adaptación del centro a la persona», subraya Rodríguez.