Un náufrago en la playa
En la hoja de ruta de Alfredo Pérez Rubalcaba la penúltima prueba antes de renunciar al liderazgo del PSOE era las elecciones al Parlamento Europeo. La última eran las primarias para la Presidencia del Gobierno. Los comicios de este domingo eran un obstáculo que él y su equipo consideraban sorteable sin demasiada dificultad. La victoria llegó a estar entre los posibles escenarios, pero el empate escaño arriba escaño abajo era el más probable. La derrota por tres puntos no debería ser razón para decir adiós porque no se alejaba mucho de las hipótesis de trabajo. La razón para dejar los hábitos de primer socialista es que después de muchos meses de negación se ha llegado a convencer de algo que muchos le decían: con él al timón el PSOE no iba a ningún sitio, que sumarían derrota tras derrota electoral y que el partido iba en busca de la irrelevancia.
Han circulado muchas mentiras y verdades sobre sus planes. Desde que se iba a presentar a las primarias a que iba a abortarlas para provocar un congreso extraordinario al que si presentaría su candidatura a renovar el liderazgo. Ni lo uno ni lo otro, tenía decidido irse después de celebradas las primarias en el marco del próximo congreso ordinario del partido. O al menos eso dijo ayer al anunciar su dimisión en diferido para el 20 de julio.
Sin ambición
Los que mejor le conocen aseguran que no se aferraba al cargo por ambición de poder. Era secretario general, dicen estos miembros de su círculo, por un sentido del deber hacia el PSOE.
Químico de formación, atleta de 100 y 200 metros en su juventud, ‘merengue’ y futbolero de toda la vida, hijo de una familia acomodada de la localidad cántabra de Solares (el padre era piloto de Iberia), afectado por el parásito anisakis, algo que le cabrea porque entre lo poco que come estaba el pescado, lector de novela negra y segundo padre para los sobrinos hijos de sus tres cuñados fallecidos en un par de años, también se va harto de que muchos dentro de su partido vean oscuras intenciones en todas sus decisiones internas. Y es que su pasado le persigue.