Tesoros ocultos en la Era del Moro

La Era del Moro esconde los mejores cubos de la muralla, el secreto de su foso, aún por descubrir, los restos de la presa de San Isidro y el último molino de la ciudad condenado por los planes urbanísticos y que la Junta insta a conservar. Desde la Cerca del Castillo sólo se contempla desolación y abandono..

La Cerca del Castillo Medieval, sede del Archivo Histórico, dispone de un adarve paseable y seguro de unos cien metros.

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Ana Gaitero | León
León

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En la Era del Moro las cortinas y los cuatro cubos de la muralla son invadidos por la vegetación y la maleza. En el exterior, un cartel anuncia que se admiten vehículos. Casi apoyada sobre los cantos rodados del muro que levantó la Legio VII como defensa del campamento militar descansan las piezas de un grúa de construcción y a sus pies se encuentran contenedores de escombros.

Así es tratado en León uno de los tramos más valiosos de su Muralla Romana en el lienzo norte cuyo uso debe ser «eminentemente cultural» y «turístico», tal y como subraya el plan director. En medio de una propiedad privada, se ignora que se trata de un monumento reconocido como tal desde 1931 y nadie ha llamado la atención a la propiedad.

El espectáculo ignominioso se contempla vagamente desde la plaza del Espolón, pero se aprecia con detalle desde el adarve del lienzo de la Cerca del Castillo Medieval, el recinto que fue cárcel hasta los años 60 y en los 80 fue transformado para albergar el Archivo Histórico Provincial.

Sin ruido y sin pausa, en los últimos años, este organismo de la Junta de Castilla y León ha puesto en valor el paseo de ronda sobre su Cerca Medieval, un lienzo de casi 100 metros en forma ovalada que rodea a la fortaleza y fue construido en el siglo XIV sobre los restos de la muralla roma. Ahora es practicable con total seguridad y abierto a los visitas lunes y martes por la tarde entre San Froilán y San Juan.

Las mamparas de cristal sujetas por barras de acero cercan los 100 metros de pasillo que, con una anchura de casi dos metros, permite disfrutar de un paseo cómodo y contemplar el castillo desde una posición que ofrece una vista excepcional de las verdaderas dimensiones del edificio y de su envergadura arquitectónica.

El paseo acerca la mirada a la réplica de la estatua de Pelayo que corona la puerta de entrada al casco antiguo y alcanza hasta el adarve de la casona de Puerta Castillo que, aún sin protección, sólo es visitable cuando existe disponibilidad de personal municipal. También se contempla el barrio de Santa Marina al sur y al norte, San Mamés. Un paseo desconocido que se ofrece a escolares y visitantes particulares dentro de una visita al conjunto del castillo.

  • El adarve o paseo de ronda sobre los cubos de la Era del Moro tiene su límite con el IES Legio VII - Secundino Pérez
  • Desde la Cerca del Castillo se ve la calle Carreras, Pelayo y el torno del hospicio - Secundino Pérez

Recientemente el Archivo acaba de realizar una limpieza de la vegetación que invadía levemente el exterior del muro mediante la aplicación de un tratamiento herbicida. La medida tiene motivos estéticos y de seguridad, apunta la subdirectora, Mercedes Cordero. En la parte interior de la Cerca del Castillo se habían producido algunos derrumbes de bolos desprendidos por la fuerza que ejercen las raíces de las plantas sobre el muro.

Las plantas crecen a su antojo sobre los cubos de la Muralla Romana en la Era del Moro y a nadie le preocupa. La Era del Moro está olvidada por el Ayuntamiento de León y a la Junta tampoco le ha llamado la atención el estado en que se encuentra la muralla y el solar. Los solares son particulares, pero la muralla es un bien público. Anque su propiedad ha sido objeto de polémicas, el plan director de la Muralla de León apunta que es propiedad de la Corona y que el Ayuntamiento de León es su «cuidador».

Sin embargo, ni siquiera ha podido ser estudiado por el autor del plan director de la muralla «debido a que no se ha podido acceder al interior de las fincas particulares», tal y como señala el arquitecto Melquiades Ranilla en el documento.

Se cumplen diez años desde que el primer consejo de ministros del Gobierno de Zapatero acordó realizar un plan director de la Muralla de León. Fue el 24 de julio de 2004. Tres años después estaba listo. Su autor, el arquitecto Melquíades Ranilla, avanzaba que se necesitaría al menos una década para que la ciudad dejara de vivir de espaldas a sus murallas, la romana y la medieval.

Pero 30 años antes ya se había planteado en Madrid liberar esta zona del lienzo norte de la muralla romana. Los cuatro cubos de la Era del Moro, encajonados en una huerta y en los traseros de lo que fue el molino Sidrón quedaban dentro de un espacio público peatonal. Según el trazado que dibujaron los técnicos de la Dirección General de Patrimonio del Ministerio de Educación en 1977 la calle tendría 22 metros de anchura y comunica la plaza del Espolón con Ramón y Cajal dejando a un lado la muralla y al otro el solar (ahora casas de nueva planta) que había ocupado el molino Sidrón.

Nunca se llevó a cabo, aunque la medida quedó recogida en el Plan Especial de Protección y Conservación de la Ciudad Antigua (Peca) aprobado en 1993 y se recoge en el plan director de la Muralla de León que especifica que se debe pavimentar con losas de piedra de Boñar.

El adarve, en sus cien metros de longitud, también es paseable. Actualmente no reúne condiciones de seguridad y tiene un acceso por escaleras desde el instituto Legio VII. El plan director de la muralla contempla el acceso para el paseo de ronda de este tramo al final del lienzo en su límite con la calle Ramón y Cajal. Para ello previamente habría que liberar la muralla de la edificación que la tapa, el garage donde se oculta lo que queda del molino Sidrón.

Los arqueólogos coinciden en que este tramo de la muralla tiene un «alto interés» por su grado de conservación y por la información que puede aportar sobre sus etapas constructiva y de modo particular sobre el foso de la Muralla Romana.

Es un lienzo absolutamente desconocido para la arqueología más allá de impresiones a primera vista y de las fotos antiguas que se conservan de la zona con la presa de San Isidro bordeándola. De las mismas se deduce que han sido objeto de alguna intervención puntual en aras de su conservación en algún momento del siglo XX.

El tramo de la Era del Moro ni siquiera ha podido ser estudiado por el autor del plan director de la muralla «debido a que no se ha podido acceder al interior de las fincas particulares», tal y como señala el documento.

El sector urbanístico NC 21-01 consta, en la parte que afecta al conjunto de histórico de León, consta de los 100 metros y cuatro torres de la Muralla Romana, el Castillo Medieval y su Cerca, con otro tramo de casi 100 metros de longitud, la puerta neoclásica de Puerta Castillo, la única que se conserva del recinto amurallado y la iglesia de los Descalzos, en cuanto a lo que está a la vista.

La Era del Moro esconde otros secretos. El origen de los terrenos que forman parte de la unidad de actuación está relacionado precisamente con la desaparición de la presa medieval en la segunda mitad del siglo XX.

Bordeando la muralla discurría por esta pendiente la histórica presa medieval de San Isidro o San Isidoro, cuya construcción se remonta al siglo XII. Fue en 1151 cuando la infanta Doña Sancha, hermana del rey Alfonso VII y gran protectora del monasterio de San Isidoro, la puso bajo su jurisdicción.

De esta manera ponía en manos del abad de San Isidoro el control de los principales medios de producción de la época, los terrenos que regaba y los molinos. La presa llegaba a León desde la vecina localidad de San Feliz de Torío tras recorrer unos 10 kilómetros. Atravesaba la ciudad de norte a sur y seguía hasta san Claudio.

Esta presa es el origen de los terrenos que dan lugar a la unidad de actuación urbanística NC-21. El Plan de Ordenación Urbana de 2004 la vinculó a los terrenos municipales lindantes con La Lastra con el propósito de invertir una parte de las plusvalías de este sector sur en la operación de liberación de la muralla en la Era del Moro.

el dinero necesario para expropiar el solar y el garage que cierra su salida a la calle Ramón y Cajal. No hay un expediente cerrado pero su coste se ha estimado en cerca de dos millones de euros.

Otro secreto oculto a la primera vista y que los estudiosos han descubierto en época reciente es el molino Sidrón. Aún se conserva un cuerpo de tapial, adobe y ladrillo de la primitiva fábrica de harinas que fue ampliada a principios del siglo XX. El experto en patrimonio industrial y coautor del capítulo del inventario de la ciudad de León, Javier Revilla, fue quien advirtió al estudioso Juan Carlos Ponga sobre la existencia de esta edificación en el año 2008. «Ya tenía el libro en imprenta y sólo pude incluir algunos datos», señala el autor del «León perdido».

El molino Sidrón, que también conserva los cárcavos por los que discurría el agua para mover los rodeznos o piedras molenderas, desaparecerá definitivamente cuando se lleve a cabo el plan parcial de la Era del Moro.

El estudio de detalle, aprobado en 2012, no tiene en cuenta esta construcción y da por sentado que han de derribarse las edificaciones antiguas.

La Junta advirtió al Ayuntamiento de León de la singulariad de este elemento del patrimonio industrial. La comisión territorial de Patrimonio de León aprobó un informe en el que se solicita su conservación y lo remitió a las autoridades municipales.

En concreto, el arqueólogo territorial propuso en el informe «liberar el molino y rehabilitarlo como espacio cultural vinculado a la muralla de León a la que se adosa, con posibilidad de abrir una nueva zona de esparcimiento público en la llamada Era del Moro».

La fábrica de harinas fue clausurada en 1931. Un edificio de adobe y tapial que sobresale sobre la nave del garage y que no está catalogado en el inventario de la ciudad. Las primeras noticias de este complejo fabril se remontan a 1801.

El molino harinero de ‘D. Roque’ ya figuraba en los planos topográficos que se levantaron cuando en aquellos tiempos se produjo el intento de construir en la zona un la zona «una casa, labaderos (sic) y sus oficinas».

A mitad del siglo XIX aparece en el plano de población de Pascual Madoz, dibujado por F. Coello. «Parece ocupar en planta la misma superficie que, al menos hasta comienzos del siglo XX, ocuparía el llamado ‘Molino Sidrón’ hasta su conversión en una gran fábrica de Harinas» cuyo complejo íntegro estuvo en pie hasta los años sesenta del siglo XX.

El cuerpo que se conserva es el más antiguo. «A este molino decimonónico podría corresponder el edificio que aún pervive, a saber, la edificación de tres plantas que albergaba las dependencias y maquinaria propiamente molineras, provista de los cárcavos que permitían el paso del agua de la presa hacia las piedras molenderas, pues hacia 1904 sería profundamente remodelado para ser convertido en Fábrica de Harinas, dotándole de nuevas dependencias entre las que sobresaldría un gran silo para el almacenamiento de grano», apunta el informe del arqueólogo de la Junta.

Este silo y las naves que lo rodeaban son las que desaparecieron con la construcción del nuevo edificio, conocido por albergar actualmente una de las oficinas del paro en León.

El estudio de detalle no contempla su conservación. En la memoria arqueológica que lo acompaña se hace mención a su existencia vinculado a la presa medieval.

La excavación arqueológica puede desvelar una de las incógnitas que aún mantiene la Muralla Romana de León. El foso. Todavía no se ha encontrado en la fortificación restos de la existencia de este elemento que se considera debió tener la muralla. El arqueólogo municipal, Victorino García Marcos, apunta que no existe otra zona con más posibilidades de documentar el foso.

En la carretera de los Cubos la zona ha sido objeto de intervenciones urbanísticas (casas adosadas a la muralla y calle), en San Isidoro el perímetro de la muralla está ajardinado y tampoco está virgen y en la calle Carreras los cubos fueron derribados a finales del siglo XIX. «Sólo en la Era del Moro hay esperanza de encontrar el foso», admite.

«No hay nada nuevo», respondió la concejala de Urbanismo, Belén Martín-Granizo. En 2012 se aprobó definitivamente el estudio de detalle que volvió a vincular esta parcela de apenas 2.000 metros cuadrados con otra que supera los 36.000 metros cuadrados al sur de la ciudad, donde se encuentran los polémicos almacenes municipales.

La unidad de actuación fue desgajada en dos por Mario Amilivia, una decisión que tiró abajo el Tribunal de Justicia de Castilla y León dando la razón a un particular que presentó un recurso contra tal medida.

Los coletazos de este pleito todavía se sienten en las arcas municipales. El tercer crédito ICO renegociado por el actual equipo de Gobierno está directamente relacionado con esta operación. El Ayuntamiento de León lo solicitó con la excusa de devolver 10 millones de euros a la empresa constructora Ceyd, adjudicataria de la venta de los almacenes municipales por 20 millones de euros.

Entre todos la mataron y ella sola se murió. Mario Amilivia firmó la adjudicación y Francisco Fernández la escrituró. Por el camino, nadie ha dado explicaciones de a dónde han ido a parar los 10 millones de euros que ahora se devolverán a la empresa asturiana con el crédito del banco público.

El Ayuntamiento de León recupera, a cambio, los almacenes y sus terrenos. La muralla de la Era del Moro se deteriora entre pleitos e intereses urbanísticos. Ahora depende de nuevo del destino de los almacenes municipales. Si se desarrolla esa zona se obtendría el dinero necesario para expropiar el solar y el garage que cierra su salida a la calle Ramón y Cajal. No hay un expediente cerrado pero su coste se ha estimado en cerca de dos millones de euros.

Los tesoros de la Era del Moro son muchos, pero de momento están ocultos bajo la vegetación, las grúas y los escombros. Tampoco hay visos de a corto plazo se lleve a cabo la intervención urbanística, aunque pronto el Ayuntamiento de León tendrá las manos libres para sacar de nuevo a la venta los almacenes municipales.

La situación económica y la decadencia del sector de la construcción no parecen presentar buenos augurios para esta operación al lado de un polígono como el de La Lastra que aún tiene muchas viviendas por vender.

La Era del Moro y sus tesoros tendrán que esperar tiempos mejores o más imaginación para salvar un lienzo de la muralla y su paseo de ronda. A sus pies descansa también el pasado medieval y el industrial.

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De momento, las dueñas de la muralla son las plantas quese desparraman por sus muros como una larga melena. Sobre la vieja presa medieval se asientan los contenedores de escombros y las piezas de una grúa que seguramente también espera mejores tiempos para encontrar trabajo.