Sánchez pide un voto útil contra la corrupción al electorado indeciso
Los socialistas advierten de que no será suficiente que el PP pierda apoyo.

Puig, Sánchez y Calabuig durante el mitin celebrado en la plaza de toros de Valencia.
Pedro Sánchez recibió ayer, en el ecuador de la campaña para las autonómicas y municipales del próximo domingo, una inyección de autoestima. Tenga o no reflejo en las urnas, el secretario general del PSOE comprobó que su partido aún tiene músculo suficiente para llenar un aforo como el de la plaza de toros de Valencia. En sus diez meses de mandato, tras del hundimiento de las europeas, el año pasado, nunca había actuado ante un público tan numeroso. Todos sus mítines han tenido lugar en recintos pequeños, ante quinientas o mil personas. Esta vez fueron más de 12.000. «Pido el voto para regenerar la fibra moral del sistema democrático», les dijo.
La exhibición de fuerza en el mismo escenario en el que tiene previsto hablar el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, junto al presidente de la comunidad, Alberto Fabra, y la alcaldesa de la ciudad, Rita Barberá, es indicador, según admiten los propios socialistas, de que ha cedido la hostilidad ciudadana que tan difícil les puso las cosas en 2011, cuando, incapaces de embridar la crisis, cosecharon el peor resultado de su historia en municipales y generales, pero no necesariamente de que tengan la victoria al alcance de la mano, ni mucho menos. De ahí el llamamiento de su candidato a la Generalitat. «No es suficiente que el PP pierda las elecciones, es imprescindible que el PSOE gane», advirtió Ximo Puig.
Nunca, en los últimos veinte años, los populares habían tenido tan difícil revalidar como partido de Gobierno en una región salpicada por múltiples casos de corrupción y a la que la brutal recesión ha dejado apalancada con una enorme deuda y serios problemas para poner sus cuentas en orden. Y, aún así, en el más favorable de los escenarios para el PSOE, solo será posible tomar las riendas de la comunidad si es con la ayuda de otras fuerzas minoritarias, fundamentalmente, de Podemos, Compromís e IU o quizá Ciudadanos.
Lograrlo sería para el principal partido de la oposición un golpe simbólico. Casi tanto como arrebatar al PP otro de sus bastiones: Madrid. El «casi» se debe fundamentalmente a que en Madrid Pedro Sánchez hizo una apuesta personal muy arriesgada al cargarse a apenas cien días de los comicios al líder del partido en la región, Tomás Gomez, para colocar como candidato a Ángel Gabilondo, pero por lo demás la situación de ambos territorios es similar tanto por el tiempo que lleva la formación de Rajoy en el poder como por el daño que ha hecho la corrupción, contra la que bramaron todos los oradores socialistas.