Ciclones de las urnas
Ocho regidores de la provincia lograron más del 75% de los votos de sus vecinos en 2011, un éxito que buscan repetir el 24-M. Lugar: Manuel Félix, Ana G. Valencia y Maite Rabanillo
«Trabajar y trabajar» es el secreto del éxito de los ocho alcaldes que arrasaron en la provincia en las elecciones municipales de 2011 y que vuelven a probar suerte el 24 de mayo. Hace cuatro años lograron más de 75% de los votos emitidos en sus municipios, un hito que muchos miran con envidia pero que para ellos supone un plus de presión de cara a los próximos comicios. Y es que no es tan sencillo repetir resultados, especialmente en una contienda en la que aparecen muchas caras nuevas encaramadas en las formaciones emergentes.
Los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, están a la par en este ránking, conformado por ocho regidores y en el que sólo aparece una mujer, Carmen Mallo, alcaldesa socialista de Murias de Paredes. El que lidera la lista —con el 94.29% de los votos— es el alcalde de Escobar de Campos, Segundo Velasco, el municipio más pequeño de la provincia con apenas medio centenar de vecinos. Es el único de los destacados que, al no superar los cien habitantes, se rige por concejo abierto. Velasco se vuelve a presentar por el PP para enfrentarse a una lista socialista formada por un sólo candidato y con muchas posibilidades de renovar los tres concejales. Completan la lista de ‘los ocho magníficos’, Ricardo Fernández, de Trabadelo; Luis Rodríguez Aller, de Vegacervera; Vicente Díaz, de Peranzanes; José Manuel Moro, de Encinedo; Carmen Mallo, de Murias de Paredes; Sindo Castro, de Santiago Millas y Alfredo de Arriba, de Barjas.
El apoyo mayoritario de sus votantes les permite gobernar sin apuros y, de hecho, junto al de Escobar de Campos, los alcaldes de Trabadelo y Peranzanes lograron el ‘pleno’ en las anteriores municipales, consiguiendo siete ediles de siete posibles. Pero, más allá del resultado electoral, se enfrentan a las mismas preocupaciones que el resto de regidores de la provincia que ejercen su mando en poblaciones de menos de 500 habitantes, caso de todos estos municipios excepto Encinedo, que supera por poco los 800 vecinos.
El contacto cotidiano y directo con la gente es la clave no sólo de su tirón en las urnas, también del profundo conocimiento de sus inquietudes y problemas. La dispersión de la población —Murias cuenta, por ejemplo, con 15 poblaciones y Barjas tiene 14 localidades— en zonas abruptas de difícil acceso (hablamos de pueblos ubicados zonas montañosas de Omaña, La Cabrera, la Montaña Central o el Bierzo) es uno de los retos a los que se enfrentan los regidores para llevar a cada pueblo los servicios que demandan los vecinos. Como el resto del área rural de la provincia, el envejecimiento poblacional hace que las necesidades se acentúen y la atención tenga que ser mucho más permanente.
Es aquí donde se centra la pelea de estos alcaldes para mantener los servicios sanitarios y la atención diaria a las personas mayores. La situación se agrava en invierno, cuando puede llegar un temporal como el vivido en febrero, y los accesos se bloquean. Hay que saber mover los hilos para surtir de medicinas y alimentos a la gente hasta que las máquinas puedan abrir los pueblos.
Los alcaldes de estos pequeños municipios no se conforman con satisfacer las demandas diarias de sus vecinos. También miran más allá y ambicionan ver crecer las diezmadas cifras de población, con medidas vinculadas con el aprovechamiento de sus recursos. Ganadería, turismo y servicios destinados a mayores son las bazas con las que juegan para favorecer el asentamiento poblacional, con la mirada puesta especialmente en los jóvenes.
Para ello, reconocen, no se bastan sólos. Por eso reclaman el apoyo de las administraciones supramunicipales, quienes tienen la llave para que sus proyectos e ideas se hagan realidad porque «con la voluntad no basta».
Con esta esperanza vuelven a enfrentarse a las urnas el próximo domingo, conscientes de que se someten a un examen que todos esperan superar con nota.

