Trenes que pasan de los pueblos
Villavante, Barrientos y El Burgo Ranero no se resignan a ver pasar los trenes mientras siguen privados de su servicio efectivo y reclaman un servicio de paradas a la demanda para que «la gente no se tenga que ir a la ciudad».

El apeadero y los andenes de Barrientos están nuevos y son accesibles, pero no hay pasajeros que los usen porque los trenes paran a horas intempestivas.
«Atención, atención: Circula un tren sin parada. Rogamos no se acerquen a la vía». La voz enlatada «de la señorita» y el ruido de los trenes, más o menos puntuales, es lo único que se oye en la estación de Barrientos. Un luminoso corrobora a la megafonía: «Destino: Sin parada», se lee en la pantalla del apeadero.
Pasajeros ya no hay. Los dos únicos trenes que paran, uno con destino Ponferrada y otro en dirección León, no dan un servicio efectivo a la población: «El 90% de la población que lo usaba es mayor y lo necesita para ir al médico o a compras a León», apostilla el alcalde, Gaspar Cuervo.
Lo mismo sucede en Villavante porque los cuatro servicios que les han dejado pasan a horas intempestivas. «Estamos peor que hace cincuenta años», comenta Francisco Javier García, alcalde de Santa Marina del Rey.
Barrientos de la Vega tiene estación desde 1866, con la puesta en marcha del tramo León-Astorga que pretendía unir Palencia con La Coruña. El edificio está medio en ruinas y cercado por una alambrada. Ahora es un palomar. «Si hubieran arreglado el tejado podría vivir gente, así se caerá», comenta una vecina.
Hace cinco años, ante las reclamaciones del Ayuntamiento de Valderrey, Adif construyó un edificio-apeadero nuevo y remodeló los andenes para hacerlos accesibles. Una inversión que ahora no sirve de nada. Nadie va a la estación. Pasan los trenes pero no paran. El único medio de transporte público de que disfruta el pueblo, porque tampoco hay coche de línea, «no sirve de nada. Yo creo que lo hacen con el fin de demostrar que no hay viajeros y cerrar la estación», añade Cuervo.
El alcalde de Valderrey no se resigna. «Estoy dispuesto a retomar las movilizaciones con el nuevo mandato», declara. Propone que se cree un servicio a la demanda para que los trenes paren sólo cuando haya viajeros. «Hay tecnología para implantar este servicio y los trenes ya los estamos pagando, sólo hace falta que paren», subraya.
«Es cuestión de voluntad política», agrega. «Nos hablan de rentabilidad en los pueblos. Por esa razón tendríamos que suprimir el transporte que ofrecemos a la gente para ir al médico porque nos han suprimido seis consultorios. Pero es un servicio público y si no lo prestamos la gente se tendrá que ir a una residencia o la ciudad», argumenta.
El pedáneo de Villavante en el apeadero que apenas se usa desde hace dos años. JESÚS F. SALVADORES
Obligada a irse a la ciudad
Como se han ido de Villavante dos vecinas que no podían desplazarse a León a la hora para llegar a su trabajo. Rosa María tiene una minusvalía sensorial y desde que se incorporó a trabajar en una empresa de limpieza vivió en el pueblo. Cuando quitaron los servicios, todavía hizo un esfuerzo por permanecer en Villavante y tomaba un tren temprano en dirección Astorga, se apeaba en Veguellina y allí se subía al coche de línea en dirección León. Después de algún tiempo se rindió y alquiló un piso en la capital.
«Existe una contradicción total entre lo que se pregona sobre apoyar a los pueblos en los discursos políticos y lo que luego se hace», señala un vecino.
«No pudimos hacer nada. ¿Volver a intentarlo? No sé, no hay mucha unión. Pero es muy fácil: que paren los que pasan», pide el pedáneo, Pablo Fernández. El pasado 24-M no se presentó a las elecciones y Villavante es uno de los pueblos de la provincia que tendrá que ir a la repesca de las municipales el próximo 22 de noviembre.
Se consiguió que el coche de línea de Santa Marina entre en Villavante, pero tampoco es solución para el vecindario. «Pero la gente quiere el tren. El autobús pasa por aquí a las 9.15 horas, demasiado tarde, y regresa a la una de la tarde, demasiado pronto. No da tiempo a hacer nada en León», subrayan vecindario y autoridades. El nombre del apeadero de Villavante está escrito con falta de ortografía: Villabante. «Era un apeadero con movimiento porque no había coche de línea. También ha perjudicado a la gente que venía de Acebes», comenta Fernández. El servicio se creó hace 25 años. «Hasta entonces íbamos a San Martín del Camino. El pueblo cedió terrenos y después mira con que te pagan, trancan y se acabó», lamenta.
De nada sirvieron las protestas. «Aquí estuvimos cerca de mil personas, una manifestación como en la vida», afirma. Al alcalde de Valderrey se le enciende la sangre. «¿Rentabilidad?, lo único que no es rentable es la banda de políticos que nos gobiernan», recalca.
La vieja estación de Barrientos está en ruinas. JESÚS F. SALVADORES
Otro alcalde que se movilizó contra los recortes en el tráfico ferroviario en su municipio fue el de El Burgo Ranero. «Hacen lo que quieren», dice Jerásimo Vallejo. «Se reivindica el aeropuerto y el Ave y a la gente del medio rural nos olvidan», explica. El déficit de viajeros y de costes está detrás de la medida. Un argumento que no le sirve a Vallejo: «Cada pasajero que se sube al avión nos cuesta un montón de dinero a los contribuyentes. Tener tren y coches de línea sería más justo que tener Ave», dice sin importarle ser políticamente incorrecto.
El 3 de junio de 2013 se ejecutó la sentencia de muerte ferroviaria para unos pueblos que conocieron tiempos mejores. En Barrientos quedan las huellas de un muelle de carga que tenía una actividad frenética en época remolachera. «Aquí se cargaba de todo», comenta Agustín García desde la silla-moto con la que recorre a diario todo el pueblo.
Le gusta volver a la estación y ver pasa el Pato, como llama al Alvia, a toda velocidad. Le recuerda que su pueblo ya no pinta nada «porque los que mandan están sentaos y esto está llevado del ‘demo’».
Leonisa Prieto en Barrientos vive casi enfrente de la estación. Aún recuerda la mujer el bullicio en el muelle de carga y de viajeros que iban y venían. En la barra del bar que regentó durante años frente a las vías del ferrocarril se notaba bien.
Ahora cuando tiene que ir al médico a León depende de su hijo, cuando puede, y, si no, de un taxi. Los únicos trenes para ir a la capital pasan a las 6 de la tarde y a las nueve de la noche. A las 8 de la mañana tiene uno para ir a Astorga y otro en la misma dirección a las seis y media de la tarde.
Barrientos no tiene ni coche de línea. La supresión de servicios ferroviarios ha dejado el pueblo prácticamente incomunicado con transporte público. «Luchan por matar a los pueblos y después los impuestos son mayores que en las ciudades», comenta Laurentino, que vive a caballo entre Zamora y Barrientos.
Durante dos años las protestas de los pueblos no han cesado. En la vecina Villavante llegaron a reunirse mil personas en una protesta y también en El Burgo Ranero, a caballo entre Sahagún y Santas Martas. Cuatro manifestaciones que no doblegaron ni a Renfe, que cumple órdenes del Ministerio de Fomento, ni a la Consejería de Fomento de la Junta de Castilla y León, que se negó a subvencionar los servicios regionales suprimidos.
Los transportes ferroviarios de media distancia están declarados como servicio público, no así los de larga distancia y alta velocidad. Según un estudio encargado por Renfe a la consultora Ineco, un total de 43 trenes regionales o de media distancia convencional no superaban el 10% de ocupación y 368 estaciones de toda España no reciben más de cinco viajeros al día. Con estas cifras, la empresa empezó por recortar paradas y trenes amparándose en un decreto del Ministerio de Fomento sobre racionalización y reestructuración del sector ferroviario.
La Junta asiente
Las comunidades autónomas tenían capacidad para impedirlo, alegan los alcaldes. Tenía que que comprometerse a financiar parte del servicio. No es el caso de Castilla y León. El entonces onsejero de Fomento, Antonio Silván, se negó en rotundo a subvencionar estas paradas por «responsabilidad», afirmó entonces.
Según el informe de Ineco, los cinco trenes regionales de Renfe que circulan con una ocupación superior al 50% son los que unen Salamanca y Zaragoza, Madrid y Sigüenza, Coruña y Vigo, y Barcelona y Valencia, además del que realiza el recorrido Valencia-Alicante-Murcia-Cartagena.
En el lado opuesto, entre los servicios de Media Distancia con menor ocupación figuran los que enlazan Madrid con Ávila y Segovia con Cuenca. También se encuentran los que circulan entre León y Gijón, Teruel y Valencia, Zaragoza y Lleida y los que conectan Valladolid con Santander y Reinosa. En la provincia de León, unas veinte estaciones y apeaderos quedaban en el punto de mira por escasez de tráfico de viajeros.
Según el estudio de Ineco, en el caso de las estaciones, las comunidades autónomas que mayor número de estaciones tienen de entre las que apenas reciben un viajero al día son Aragón y Valencia, con 23 estaciones cada una, Asturias (22) y Galicia (21).
En la era del Ave, los trenes de Media Distancia son parientes pobres y los pueblos se convierten en desahuciados del servicio público de transporte por ferrocarril, el medio más barato y más seguro. Es un ejemplo de la «situación discriminatoria que padecen los habitantes de Villavante, y también de otros muchos enclaves rurales leoneses», señala un villavantino.
En el pueblo donde mejor tocan las campanas, ha dejado de sonar la campanilla del tren. Los trenes del siglo XXI corren demasiado y pasan de largo por los pueblos. Pasan de los pueblos que un día vieron llegar el ferrocarril como el gran invento del progreso. La despoblación tiene en la falta de servicios públicos de transporte un argumento más.

