Diario de León

«El mejor monumento a las víctimas es un libro de texto»

Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

José, matado al grito de ‘rojo’ por un convecino en 1936

José, matado al grito de ‘rojo’ por un convecino en 1936

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ANA GAITERO | LEÓN
León

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Su abuelo Emilio Silva Faba fue uno de los 13 paseados de Villafranca del Bierzo en octubre de 1936 que acabaron con sus huesos en una fosa común en Priaranza. Su abuela murió dos años antes de que se exhumaran los restos con la pena de no haber recuperado al marido. Quince años después, Emilio Silva, el nieto, no entiende que la política aún no se haya responsabilizado de este episodio de la historia de España.

—¿Qué balance hace de la actividad de la ARMH en este tiempo?

—Es más positivo que negativo. Somos una asociación muy pobre. Solo tenemos una furgoneta, pero en este tiempo hemos contado con 700 voluntarios de 20 nacionalidades , una docena de personas han participado en un campo de trabajo internacional y ahora contamos en el Bierzo con dos personas becadas, una de ellas australiana. Además de las exhumaciones y entregas de restos, hemos entregado documentos a miles de personas y rastreado la historia familiar de exiliados. Nos han ayudado mucho y hemos ayudado a mucha gente.

—¿Y en la parte negativa?

—Lo peor de todo es que el Estado no se ha responsabilizado para buscar una solución, que no una subvención. Es inhumano que un diputado del PP haya comparado en el parlamento hace un par de días la recuperación de la memoria con el día de la marmota.

—Hace casi cuatro años que no reciben subvenciones. ¿Cómo ha afectado a la asociación?

—Estamos acostumbrados a vivir en la precariedad económica. Este año recibimos el premio de Nueva York y un sindicato noruego de electricistas nos ha donado 20.000 euros. Pero es lamentable que se aplique una doble moral. La vicepresidenta del Gobierno dijo en abril de 2012 que habria una reducción, pero se mantendrían. No se ha hecho. En cambio, el ministro de Defensa ha ofrecido ayuda a los familiares de los muertos de la División Azul que lucharon con los nazis. Una persona tiene derecho a una sepultura digna independientemente del carné político que lleve en su bolsillo.

—¿Cuáles son ahora sus retos?

—Tenemos una larga lista de espera de gente que nos pide ayuda. Buscamos la reparación para que no vuelvan a ocurrir estas cosas y el respaldo público también es una reparación. La ONU le ha puesto deberes al Estado español que no cumple. Pero, con todo, para la historia de las víctimas el mejor monumento es un libro de texto. Que se estudie en las escuelas de todo el país como ya se hace en Asturias.

—Consiguieron la ley de memoria histórica. ¿Se cumple?

—No. Y no lo digo por las subvenciones. Las ayudas son anteriores a la ley de memoria. Lo más importante es que todavía seguimos teniendo placas, monumentos y calles dedicadas a gente que no hizo nada por el país. Y un Arco de la Victoria que está a 600 metros de la vivienda del presidente del Gobierno y que al parecer no ha molestado a ningún presidente en toda la etapa democrática.

—¿Lo reclama la sociedad o sigue habiendo miedo?

—La sociedad ha demostrado ser más responsable que el Estado. La política se ha mantenido al margen y ha alargado la esperanza de vida del miedo que ha generado la represión. Y ese miedo genera unos perjudicados y unos beneficiados. Pero hay 114.226 personas reclamadas.

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