Arantza Quiroga dimite por el rechazo a su plan de paz
Tras una semana desaparecida, Arantza Quiroga compareció ayer ante los medios de comunicación para anunciar que tira la toalla como presidenta del PP en el País Vasco y abandona la política.
La ya ex dirigente popular evitó las críticas contra compañeros de filas aunque confirmó que su decisión viene dada porque desde Madrid se la obligó a retirar la ponencia de libertad y convivencia que presentó la semana pasada. Esta iniciativa para superar las heridas causadas por el conflicto vasco, que no fue consensuada con la dirección nacional, incluía a todos los partidos, entre ellos a la izquierda aberzale. Ayer Quiroga insistió en defender el fondo del texto, que sustituía la condena a ETA por un genérico rechazo a la violencia con la idea de facilitar la incorporación de Bildu a un pronunciamiento compartido en favor de la deslegitimación del terrorismo.
Quiroga se destapó en su despedida con uno de los discursos más renovadores en materia de pacificación en las filas conservadoras. «El PP ha estado en la vanguardia de la lucha contra ETA. Ahora que ETA ya no mata debemos estar en la vanguardia de la búsqueda de la convivencia y de la defensa de las víctimas. Hay que dar un paso adelante», afirmó.
Golpe definitivo
La ex presidenta del PP vasco explicó que asumió como un golpe definitivo la críticas lanzadas en público por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) y por el ministro de Sanidad, al alavés Alfonso Alonso, que exigió al partido recuperar la senda de la exigencia y la condena contundente contra ETA. También dejó entrever presiones desde la dirección nacional, disconformes con la inoportunidad de la propuesta de paz, en vísperas electorales. En ningún caso quiso poner nombres ni señalar directamente al PP de Álava, instalado en la sede madrileña de Génova y en el Gobierno con mando en plaza. Pero recordó los sucesivos reveses y desplantes sufridos «una y otra vez» en el ejercicio de su liderazgo de una forma genérica. «Lo del miércoles fue el detonante. Me puso enfrente de una realidad dura, pero que hay que afrontar. He fracasado en tratar de aunar voluntades detrás de ese objetivo (el cambio de discurso en pacificación). Por eso lo más honesto era apartarme, echarme a un lado», reconoció Quiroga, quien no obstante volvería a poner la otra mejilla.