La fortuna no atrajo a la fuerza
La imaginación no brilló este año entre quienes acudieron disfrazados al Teatro Real, que eligieron trajes de Papá Noel, Reyes Magos y bombos de Navidad.

El leonés Bernardino Rodríguez, vecino de Cofiñal, asiste todos los años con décimos comprados en Boñar.
Ni Han solo, ni Dath Vader, ni Chewbacca, ni Yoda, ni R2-D2 o C-3PO, ni Obi-Wan Kenobi hicieron acto de presencia, como cabía sospechar en año tan galáctico. Lo más cercano a ‘Star Wars’, un tipo con una especie de pijama peludo color canela, «¿Eres Chewbacca?». «Qué va. No. Voy de perro. Es el disfraz que me buscó mi ‘cuñao’ para que no pasara frío en la cola? explicaba el propio peluche cánido desilusionando a su interlocutor.
La imaginación tampoco brilló este año entre quienes acudieron disfrazados al Teatro Real. ‘Dejà vu’, entre esa docena de friquis con abono lotero que hacen hasta un día entero de cola para buscar esos segundo de gloria televisiva y radiofónica que les dan la vida. Los personajes de esta opereta de los millones que se representa cada 22 de diciembre no se renuevan. Saben cómo llamar la atención de los informadores sin desgastar demasiado el magín.
Sí debutaba en el salón Rafael Chías, 75 años, ex legionario, natural de Barcelona y que recuperó su gastado uniforme de militar. Aferrado al 93415, vino a buscar la fortuna del soldado luciendo en el antebrazo un gigantesco tatuaje con el anagrama de la legión.
No faltaron los clásicos, Como el señor Vilches, don Enrique, de Cebreros, Ávila, presencia recurrente en el salón que este año rindió homenaje a la fallecida actriz Lina Morgan. Jaula con canario muerto incluido. Lleva 17 años asistiendo y, con 82 cumplidos, la suerte sigue siendo esquiva para él.
Este añoso agricultor fijo en el sorteo se vistió en año anteriores de Miliki, de duquesa de Alba, de Belén Esteban y de niño travieso. Se marchaba a casa a las 10.40 con el ego satisfecho el bolsillo vacío y el cadáver del canario bamboleándose en su jaula dorada.
«No me toca ni mi mujer»
También son habituales Fernando Gracia de 71 años, Rufino Huerta de 57 y Marcelo Budia de 81, un trío calavera de la fortuna fijo del sorteo navideño. Asistieron de nuevo con sus coloristas disfraces de botones, lentejuelas y cintas y con el clásico y muy visto disfraz tachonado de las extintas pesetas, ya con una docena larga de sorteos a cuestas. El octogenario Budia, diseñador de los trajes, lleva 15 años asistiendo al sorteo «sin pillar premio». Como Rufino, que se resigna a su mala surte. «Ya no me toca ni mi mujer» asegura. Manuela Sevilla de 79 años, madrugó y guardó la cola todo un día para estar en la sala vestida de bombo. «Me lo han hecho mis hijas y una amiga. En las bolas están todos los 87 números que juego, y es un disfraz que abriga mucho, aunque llevo dos jerséis y dos pantalones para aguantar la noche», explica. Es el cuarto año que esta anciana del barrio madrileño de García Noblejas se cita con la suerte que, como sus compañero de esperpento, se olvida de ella. Y eso que se ha gastado casi 2000 euros. De Málaga regresó al salón de la fortuna, como el turrón a casa, ‘El mocito feliz’, Enrique Jiménez Pérez en su DNI. Con 44 años disfrazado de Rey Mago el atrabiliario personaje busca esa fama fugaz que ya obtuvo como comparsa en al saga de Torrente. «¿No me hace una foto?» preguntó con decepción este cazador de portadas.