Diario de León

Sánchez y Rivera invitan a abandonar a Rajoy, quien defiende el pacto a tres

Ciudadanos matiza, aún así, que son los populares quienes deben decidir su candidato.

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy.

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy.

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p. de las heras | madrid
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El caso Acuamed, la apertura de una causa por la destrucción de los ordenadores de Luis Bárcenas, la nueva citación judicial a Rodrigo Rato y, por último -o como admitió ayer el propio Mariano Rajoy, quizá no-, la detención de 24 miembros del PP en una operación policial contra una supuesta trama criminal que implica a su partido en Valencia. En apenas una semana, el presidente del Gobierno en funciones se ha visto rodeado de nuevo por el escándalo. Su intención es hacer como si nada de ello debiera tener repercusión sobre sus posibilidades de ser investido. Y, con el argumento de que «no hay nadie involucrado en un caso de esas características que no haya sido apartado del partido», volvió a hacer un llamamiento concreto al PSOE y a Ciudadanos, pero se ha topado contra un muro.

En el caso de los socialistas, no es nuevo. Pedro Sánchez dejó claro prácticamente desde la misma noche de las elecciones que no consentiría, ni por activa ni por pasiva, un Ejecutivo del PP y el Comité Federal del PSOE celebrado el 28 de diciembre ratificó esa decisión. Así que de nada sirvió a Rajoy abandonar la actitud con la que, hasta ahora, se había enfrentado a su eventual investidura y hacer una oferta concreta al líder socialista. «Puede haber un acuerdo que afecte también a las comunidades autónomas e incluso a las grandes ciudades para que se pueda gobernar con tranquilidad garantizando, por ejemplo, la aprobación de los presupuestos», planteó en Telecinco.

El líder del PP aseguró, además, que no se cierra a hablar de nada, salvo de cosas en las que ya da por hecho que hay acuerdo con el PSOE, como la defensa de la unidad de España. Ni siquiera dijo ‘no’ a hablar sobre la reforma laboral, a un Gobierno de coalición con Sánchez como vicepresidente o a pactar una investidura corta (aunque dejó claro que él es partidario de agotarla).

La respuesta del secretario general del PSOE, partido que hoy gobierna con el poco fiable apoyo de Podemos en cinco comunidades, no pudo ser más tajante. «Le digo un ‘no’ rotundo. Con los gobiernos autonómicos y municipales no se juega y su desesperación no puede llevar a instrumentalizar las instituciones», adujo. Sánchez siente que las últimas noticias sobre casos de corrupción no hacen sino avalar su postura frente a la de pesos pesados como Felipe González, que el lunes, durante un almuerzo con embajadores, dejó clara su preferencia por un acuerdo entre PP, PSOE y Ciudadanos sobre un programa de reformas para solo dos años.

«El PP es un partido muy importante del sistema democrático -admitió el líder socialista-. Nunca diré que es un partido corrupto, pero sí diré que el hedor empieza a ser insoportable y que si el PP no pasa a la oposición será imposible regenerar la vida de nuestro país». Fue, pues, más duro contra Rajoy que contra su partido. Y, de hecho, aunque aseguró que si el rey le encomienda formar Gobierno tenderá la mano «tanto a izquierda como a derecha», dijo que, en caso de que el presidente vuelva a llamarle a La Moncloa, tendrá que oír cosas que no le gustarán como que «tenía que haber dimitido hace dos años», cuando se descubrió que había enviado al ex tesorero del PP, después encarcelado, un ‘sms’ pidiéndole que fuera «fuerte».

Problema personal

No fue mucho menos drástico Albert Rivera, que casi enseñó al líder popular la puerta de salida. El presidente de Ciudadanos insiste en cada una de sus comparecencias en que una de sus máximas prioridades es la higiente democrática. Y frente a la insistencia de Rajoy -que ayer defendió a la ex alcaldesa de Valencia Rita Barberá y al ex vicepresidente de la comunidad Gerardo Camps, ambos en el punto de mira de la investigación judicial; dijo desconocer si el PP está imputado por el caso de los ordenadores de Bárcenas y se mostró partidario de esperar a la apertura de juicio oral para tomar medidas disciplinarias contra los corruptos- Rivera se mostró reacio a un acuerdo. «Nosotros proponemos un gran pacto contra la corrupción y va a ser muy difícil que abandere la lucha contra la corrupción quien no ha sabido controlar la corrupción en su partido», dijo en los pasillos de la Cámara baja.

Sus palabras apuntan a lo que ya reconocen, en privado, algunos miembros del PP: que el principal obstáculo para un pacto que les permita mantenerse en el Ejecutivo es su propio jefe de filas. Pero ni nadie se atreve de momento a moverle la silla ni él está por la labor de dar un paso atrás. «No podemos ir a un modelo de presidentes que no han sido votados por las personas», arguyó.

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