Rivera advierte a Sánchez de que el pacto debe contemplar al PP
u El secretario general de los socialistas ignora los vetos y llama a acordar políticas.

Pedro Sánchez y Albert Rivera durante el encuentro que mantuvieron ayer. javier lizón
alfonso torices | madrid
La conversación de hora y media que ayer mantuvieron Pedro Sánchez y Albert Rivera les sirvió a ambos para confirmar que sus partidos podrían ser capaces de cerrar, después del tira y afloja y las cesiones mutuas en las negociaciones, un paquete de reformas y políticas compartidas que serían la base de actuación de un Gobierno presidido por el secretario general del PSOE.
Sin embargo, el líder de Ciudadanos le dejó muy claro que ese hipotético pacto se convertirá en papel mojado, entre otras cosas porque probablemente nunca llegaría siquiera a cerrarse, si el PP no forma parte «de alguna manera» del acuerdo, algo que el máximo responsable socialista descarta en este momento por completo porque sólo contempla la dimisión de Mariano Rajoy por la corrupción y el paso de los populares a la oposición.
«No habrá un Gobierno reformista si el PP y el PSOE no dejan a un lado su guerra fría y no se ponen de acuerdo. No se podrá avanzar en el acuerdo (con Ciudadanos) sin que el PP participe de alguna manera», advirtió Rivera a Sánchez, tanto en privado como después en público.
Su lógica es sencilla. Ciudadanos sólo está dispuesto a dar su apoyo a la investidura de Sánchez, bien sea con una abstención o con un sí, si pactan una ambiciosa agenda de reformas, que incluiría un calendario concreto de ejecución y una comisión de seguimiento. Un compromiso que sólo puede ejecutar un Gobierno con estabilidad parlamentaria. La suma de los escaños del PSOE y de Ciudadanos, 130, se queda muy lejos de la mayoría del Congreso, 176, por lo que tanto la investidura como la puesta en marcha posterior del paquete de medidas requieren, como mínimo, del apoyo o al menos la abstención bien del PP, bien de Podemos.
Pero Rivera también dejó claro a Sánchez que nunca cerrará un acuerdo de gobierno con el partido de Pablo Iglesias porque tienen un proyecto de país incompatible. Con lo que, al final, todo pasa por la entrada del PP en la ecuación y sellar un pacto a tres.
La respuesta de Sánchez fue doble. No contempla pactar la investidura con el PP y, por el momento, va a ignorar todos los vetos «ideológicos y de siglas» que le planteen, incluido el de Ciudadanos a Podemos, y viceversa, y se va a concentrar, exclusivamente, en comprobar qué políticas es capaz de consensuar el PSOE con el resto de formaciones. Según sus palabras, se va concentrar en el para qué de su futuro Gobierno y va a dejar para el final el con quién y el cómo, es decir las alianzas y la fórmula del Ejecutivo (coalición, pacto de legislatura, etc). «Será en el camino donde veremos hasta dónde podemos llegar a acuerdos con unos o con otros», resumió.
Pese a que los vetos y el desacuerdo sobre el PP pueden hacer que el pacto de investidura entre PSOE y Ciudadanos descarrile a las primeras de cambio, Rivera y Sánchez decidieron intentarlo.