El Constitucional, un arma de doble filo
Puede frenar las estructuras de Estado, pero ser un acicate para sumar independentistas.
cristian reino | barcelona
El proceso soberanista catalán ha entrado en su fase final, la de 18 meses, pero se ha topado con la ofensiva judicial del Gobierno central. La suspensión cautelar de la consejería catalana de Exteriores y un incidente de ejecución de sentencia que anuló la declaración secesionista del pasado 9 de noviembre son los últimos capítulos de una batalla entre el Ejecutivo catalán y los poderes del Estado que pueden ralentizar la hoja de ruta independentista y enfangar aún más si cabe las relaciones entre ambas administraciones.
El objetivo de los independentistas es aprobar las tres leyes básicas para la creación del futuro estado catalán (hacienda propia, seguridad social y transición jurídica), como paso previo a la celebración de unas elecciones constituyentes, que ya deberían estar convocadas sobre la base de una nueva legalidad, al margen de la española. Sin embargo, la elaboración de estas leyes (tanto las impulse la Generalitat como los grupos del Parlament) no será nada fácil. El Constitucional consideró nula la declaración independentista que las reclamaba y prohibió cualquier acción que tratase de desarrollarla. Por tanto, promover y aprobar esas tres leyes puede ser considerado un desacato al tribunal. Con la última reforma legal introducida por el Gobierno de Mariano Rajoy, el Constitucional cuenta con mecanismos propios para hacer cumplir sus decisiones. En caso de que sean ignoradas, puede sancionar a quien lo haga con fuertes multas e incluso la suspensión del cargo. Los primeros candidatos a estrenar las sanciones serían la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, y los miembros de la Mesa si, pese a todo, dan luz verde a la tramitación de las tres leyes.
La ofensiva judicial, por tanto, puede ralentizar el proceso, pero podría tener un efecto bumerán si se confirma la imagen de un ex presidente de la Generalitat condenado a prisión. Lo recordó el sucesor de Mas al frente del Palau de la Generalitat, Carles Puigdemont, cuando parafraseó al futbolista Gerard Piqué y dio las gracias al Constitucional, porque a su juicio «contigo empezó todo». Se refería a que el independentismo empezó a crecer como opción política y a coger vuelo a partir del fallo de esta corte contra el Estatut.