El periodismo como compromiso
Ingenio e iniciativa frente a la crisis. 6/7
La evolución del Diario en la celebración de su 110 aniversario a través de sus últimos siete directores. Lago apostó por el oficio y el ejercicio del periodismo como motor frente a los problemas. Nuevos suplementos ampliaron la oferta.

Lago enseña el Diario a Zapatero en 2011, junto a Norberto Cabezas y Santiago Sarmiento. jesús f. salvadores
Tres años son una nimiedad, casi anécdota, en una trayectoria de 110. Sobre todo si se trata de un periódico al que el apego de la gente que puebla León le hace trascender su mero instinto de cabecera informativa centenaria.
Nadie como un paisano del León rural para explicar lo que digo. La escena se sitúa en el bar Puzzle del Valle de Finolledo, donde la carretera enfila Los Ancares bercianos. Quien habla es Joaco, al fondo de la barra. El agosto de los retornados abarrota la barra. Habla al periodista, que escucha divertido el debate periodístico de los afines que conforman el universo de miles de fieles que atesora DIARIO DE LEÓN.
—Oye, supongo que nos sacarás las fiestas del pueblo en él periódico.
Y lo expresa con el orgullo del que habla de los Sanfermines de Pamplona. Así anida la lealtad rural de esta tierra.
Intercede Jesús, el cantinero:
—Ya sabes que aquí sólo leemos el DIARIO DE LEÓN.
Al fondo de la barra sentencia con determinación berciana Joaco:
—No sólo lo leemos, sino que nos lo creemos.
Es una fuerza de mercado imparable. La de una cabecera centenaria apegada a sus gentes, a sus desvelos, a sus anhelos, a sus triunfos, a sus desgracias, a sus agravios, a sus singularidades, a sus vidas. La vida de la gente tiene que latir en un periódico que se enorgullezca más de su quehacer informativo vibrante que de la vanidad de su notoriedad social. El periodismo, los periodistas siempre han servido en DIARIO DE LEÓN para sobreponer el ejercicio de la credibilidad a cualquier tentación arrogante en la que sí han caído otros centenarios de este universo efímero que conforman la actualidad y el papel.
La credibilidad es el mayor capital y aliciente que ha atesorado DIARIO DE LEÓN. Que no es poco. Que es todo y más para un medio. Y más para un periódico ahora que los periódicos sufren como nadie los envites de los cambios tecnológicos y el arribismo de supuestos medios enmascarados en digitales de dudoso crédito y nulo rigor. La credibilidad resiste con insistencia a las avalanchas de estas hordas de bárbaros informativos.
Su permeabilidad social, la del Diario, digo, le confiere una complicidad imprescindible. La vida se hace real en muchos rincones de la tierra leonesa sólo cuando la saca a flote su centenario rotativo. Una fuerza de mercado increíble. Deslumbrante. Y en ocasiones sobrecogedora. Es el crédito social. La credibilidad periodística como mascarón de proa de DIARIO DE LEÓN.
Tres años es anécdota y parte pequeña en 110. Pero si se aplica la intensidad del oficio son parte esencial de una trayectoria vital y profesional del que cree en el periodismo como un ejercicio de valentía.
Llegué a DIARIO DE LEÓN, para dirigirlo, en junio de 2010, procedente de El Mundo de Soria. Y lo hice arropado por la confianza y el respeto al ejercicio del oficio que siempre me ha acompañado desde que milito en Edigrup, el más importante grupo de Comunicación de Castilla y León. El respaldo de un editor es importante para un director.
Tiempos duros. Las fauces de la crisis asolaban sanguinarias el panorama mediático. Tantos zarpazos que muchos, centenarios incluso, acabaron en alguna cuneta, tiroteados por la inmisericorde crisis.
Contra eso empleamos oficio, convicción, iniciativa e imaginación. Pero siempre con el ejercicio del periodismo como motor diario.
La valentía es una cualidad imprescindible del buen periodismo. Y de eso saben y practican periodistas imprescindibles en DIARIO DE LEÓN.
Es cierto que aquello nos llevó a coleccionar querellas y demandas. Las hubo sinceras y otras que sólo escondían amenaza y chantaje. No nos amedrentamos. Ni los periodistas ni la compañía. Dimos cuenta en el juzgado de nuestra libertad, nuestra credibilidad y nuestra veracidad en el lugar que dicta el Estado de Derecho, nunca en la esquina de las tentaciones insanas pretendidas por algunos. Y el Estado de Derecho sentenció siempre que éramos nosotros y nuestras historias los que estábamos de su lado.
Y aquellas valientes informaciones sirvieron para desenmascarar y derrocar a los que pretendían manejar los hilos de una ciudad a costa de saquear las arcas de la Caja y de otros erarios. Incluso el tiempo y el arqueo de las contabilidades nos han seguido dando la razón y afianzando aquellas valientes informaciones.
A cada historia verdadera, contundente y contrastada, respondía el ánimo querellante de los que tenían el ánimo de desanimarnos. Las contundentes sentencias favorables y la acumulación de costas, porque no les dolía el despilfarro de fondos impropios, pero les escocía con ardor el pago de euros propios, les hicieron desistir. Eso y la tenacidad de DIARIO DE LEÓN.
Felipe Ramos, Santiago Sarmiento y yo éramos habituales en las salas de vistas, a las que nos invitaba con amables querellas Tejera, adalid de aquel León de nunca de la cepa hispana que pretendía manejarnos a todos desde el anillo único de la patronal, la Caja y el encastillado poder municipal. A Felipe lo conocí en el Diario. Ya con perilla. La raza, el brío periodístico. La obsesión por contar, la lealtad al oficio. La valentía. La determinación. La insobornabilidad. El periodista honesto en tiempos de repugnantes mercadeos, tramas solares y otros tejemenejes. O Tejeramanejes, que relató Felipe y cercioró un magistrado. Periodista de alma pura, pluma afilada, tenacidad inquebrantable y olfato de mastín de la montaña. Nunca nadie podrá doblegarlo. Su destino es ser periodista. De los brillantes. De los mejores. De los que asombran. De los que precisamos. Luego decidió aceptar mi propuesta de acompañarme en la andadura en la que habito de dirigir El Mundo de Castilla y León y El Mundo de Valladolid. No viviré mil años. Pero si lo hiciera serían escasos para agradécele todo lo que me ha enseñado. Y ahí sigue. Enseñando cómo se ejerce. Haciendo. No diciendo.
Todavía regresaré al juzgado dos años y medio después de haber dejado el ejercicio de la Dirección de DIARIO DE LEÓN, en este caso con Ana Gaitero, de valentía y compromiso contrastado, además de escritura deliciosa. No hay temor. Iré con gusto a contestar al acosador que destapamos con una magnífica historia en la que Ana hizo girar la mirada de la Junta, empeñada en apartar la mirada de las fauces del acosador por cuyos delirios infames desembolsó miles de euros la administración autonómica. Gustosa, la Junta, digo y entiendo, a la vista de que con su silencio e inacción decidió despreciar a la víctima y sobreproteger al acosador.
Transitar por los pasillos judiciales no es plato de gusto para nadie. Sobre todo por el tiempo que te hacer perder, los retrasos y demoras. Tiempo que no usas para el periodismo. Pero si vas inducido por valientes investigaciones periodísticas hasta lo haces con agrado y orgullo.
Los que se dedican a masticar comunicados, ruedas de prensa y otras rutinas cotidianas voluntariosas y bondadosas, estadísticas aparte, no corren peligro de querellas, ni de insomnios ni de horarios intempestivos. Es otra forma profesional. No sé si periodística. Cada uno elige la dignidad a la que aspira.
Compartí vida, desvelos, debates, desencuentros, coincidencias, aciertos, cañas, errores, insignificancias, pulpo a feira, horas, esfuerzos, sacrificios, empanadas, trabajo, tristezas, opiniones, controversias… Pero sobre todo periodismo. Intensidad. Mucha. Nunca demasiada. Nunca suficiente. Nunca insuficiente. Intensidad periodística.
Ejemplos a patadas en la redacción de DIARIO DE LEÓN. Marco Romero, un placer para cualquier director. La marcha minera contra Zapatero. No había acabado de preguntar si alguien estaba dispuesto a embarcarse un montón de días con la tropa de minerines camino de Madrid, día y noche, para contarlo, y ya salía el siempre rebelde, apasionantemente rebelde, Marco por la puerta a buscar un par de mudas a casa para empotrarse en la marcha, día y noche. Dos segundos después salió detrás de él Norberto. No dijo ni hasta luego. Yo sabía que iba tras el deber y la pasión. Era lo que tenía Norberto que era un gran fotógrafo silencioso y mejor persona. Y en los ratos libres hacía de delegado sindical para recordarle al director que había que trabajar más. Para contarlo desde primera línea. Los únicos. Ellos y con ellos el nosotros que era DIARIO DE LEÓN. Delicia de crónicas. Fotos deliciosas. Como aquellas que le valieron, a Marco, el premio más prestigioso de este país de periodismo sanitario por los relatos de vidas inmensas. De vidas más allá del cáncer. Reconfortante, contar con tipos así.
Menciono a algunos y con ellos a tantos. A Fanjul y a Asun, la dual inteligencia necesaria en una redacción. A Urdiales, siempre emboscado, siempre al quite; la mejor prosa lírica del León impredecible. Suculentas y aceradas críticas que en verso se digieren como elogios. Fraguas, el periodismo como deporte constante, sin parar. A Álvaro, ajeno a la agenda oficial. El que siempre busca. El que siempre encuentra. El de afilado olfato. El periodista en estado puro. Dispuesto a encontrar hueco en portada a su genialidad.
O el hombre que diseña, Luis ‘Maquetoni’. Que sabe lo que quieres antes de que lo pienses, e incluso lo mejora.
Ramiro o Jesús o De la Mata, los hombres del instante preciso y la instantánea acerada. El que hace falta para ilustrar un buen tema. Que de no ser por el instante no luciría igual aunque sería siendo un temazo.
Y así podría seguir. Con Carlos Fidalgo, en cuyo periodismo reside esa parte imborrable de literatura que en decir de Alvaro Cunqueiro hace imperecedero un simple engatillado de foto. Vale para muchos. Vale para tantos. Para Chema en Cistierna y o Mielgo en el prados de la Regional. Y tantos colaboradores como el incombustible Macías en el Bierzo. Vale para muchos.
Y con tanto aplicamos ingenio e iniciativa en tormentosos tiempos de crisis. Tiempos duros. De retrocesos en las audiencias y descalabros en las ventas en general. El activo del periodismo bueno, muy bueno, excelente en muchas ocasiones, lo certificó en su segunda oleada el Estudio General de Medios, que santificó una audiencia récord en la historia de DIARIO DE LEÓN de 145.000 lectores. Corroborado también por la Asociación de Editores de Diarios de España, que en sus informes mensuales significó a DIARIO DE LEÓN como único rotativo español que no había mermado sus ventas en 2012 y 2011. La recompensa del trabajo de muchos. La recompensa del periodismo.
La iniciativa se tradujo en nuevos formatos. La puesta en marcha de los suplementos Innova, Destinos, Salud y Motor. La Revista volvió a su espíritu dominical y temático y el Filandón, siempre magnífico, adquirió modernidad. Con el esfuerzo de todos y el compromiso de todos.
Recuerdo que el primer cambio que acometimos fue reestructurar la opinión para dotar de editorial a un periódico que no podía vivir ajeno a la opinión y enriquecer con sus ideas el debate leonés. Y también surgió el alado gallo, que a muchos hacía madrugar.
Todo te enriquece. Excepto las mermas humanas. Esas te disminuyen. De aquella etapa sólo echo de menos las ausencias que no volverán. La de Vicente Pueyo, la de Maite Almanza, y más tarde, ya en los albores de otra etapa, la de Norberto Cabezas. Dejaron durante años, con devoción, la impronta de sus crónicas, de sus columnas, de sus fotos. Eso y su bondad perdura, como la belleza subsiste en el recuerdo del poema de Esplendor en la hierba, la maravillosa y angustiosa cinta de Elia Kazan, con una Wood soberbiamente creíble.
Y más o menos así iban pasando los días. Sin tiempo para detenernos. Con el vértigo del oficio. Hasta que un nuevo gesto de confianza del editor José Luis Ulibarri me trajo a la dirección de un periódico regional. Y así sigue la vida en otra grandísima cabecera, la de El Mundo de Castilla y León, tan vibrante y apasionada como DIARIO DE LEÓN. Donde el periodismo es la esencia del todo. El periodismo valiente. Hay otro. Pero nos es ajeno.
Les dejo. Felipe y Vergaz me apremian, que andan hurgando en otra trama. Del sol al viento. El periodismo sigue soplando con intensidad a mí alrededor. ¡Qué reconfortante!
Gracias, amigos lectores. Nunca les olvido.