??María j. muñiz??
La melodía monocorde contra el carbón
La caída del ministro Soria ha desatado el huracán de los reproches locales del carbón. La ventolera tradicional se ha vuelto tornado porque a las iras reiteradamente manifestadas durante su funesto mandato al frente del departamento del ramo en el Gobierno que ha sentenciado un fin infame para el sector se han venido a sumar, una vez confirmado que el canario era ya un cadáver político, los supuestos ajustes de cuentas de quienes desde el patio local han reivindicado hasta hoy con la boca pequeña, o con una voz aquí y otra en Madrid. Por primera vez, el clamor de cuantos implicados hay en la agonía de la minería es unánime. Lo es, eso sí, contra el árbol caído de un ministro nefasto, que lo ha sido en el fondo tanto como en las formas. Pero que no es sino una pieza más en un argumentario diseñado y defendido a mayor altura. Soria ha sido un tecnócrata implacable. Pero ¿es el ideólogo de la estrategia para desmantelar sin contemplaciones la minería?
José Manuel Soria, que hasta hace unos días aspiraba a tomar el relevo en los más altos puestos del PP, o del Gobierno si se diera el caso de que su partido lo mantuviera, no ha tenido más remedio que pasar a la reserva. De forma definitiva o no, eso lo dirán las puertas giratorias y el equilibrio de contentos y descontentos que su cuestionada política en el nunca satisfecho mundo de la política energética baraje de cara al futuro. Veremos.
De momento la política local y autonómica celebra la victoria pírrica de ver caer al preboste de la estrategia energética del ajuste económico, que en la provincia no ha dejado títere con cabeza. Seccionó por un lado la posibilidad del recambio eólico y renovable (en los parques y en la otrora incipiente industria suministradora de componentes) que ya había adelantado su predecesor, el socialista Miguel Sebastián, en el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Pero se ensañó con el carbón. Un pilar de la economía provincial que estaba tocado por la base, pero que albergaba la esperanza de un cierre ordenado.
No hubo caso. La sentencia zanjada por la decisión de la Unión Europea sobre la minería deficitaria (que se pergeñó durante la presidencia española de la UE en 2010, con Zapatero al frente del Gobierno) ha sido la excusa del Gobierno del PP para incumplir todos y cada uno de los aspectos firmados con rango de ley desde entonces para hacer del último y definitivo tramo de la reconversión minera un proceso razonable. Que durante el anterior Gobierno socialista la Comisión Europea decretase que la minería deficitaria tuviera que cerrar definitivamente a 31 de diciembre de 2018; y que las minas que resultasen finalmente viables tuvieran que devolver las ayudas cobradas desde el 1 de enero de 2011 (lo que técnicamente las convertía en inviables a todas), ha sido el mantra repetido por el Gobierno en boca del Soria hoy caído en desgracia para justificar todas las tropelías que desde entonces han arrasado no ya las minas, sino la vida entera de las cuencas. Sin piedad.
Porque a la hora de argumentar su ataque a los compromisos firmados (incluso a los firmados por ellos mismos) con el carbón y la indolencia del Gobierno de la nación con el drama de empresas, familias y comarcas enteras, José Manuel Soria ha entonado año tras año una melodía monocorde. No ha habido comparecencia parlamentaria, fuera cual fuera la pregunta formulada, en la que el reciente ministro no haya repetido, como si fueran los inalterables afluentes del Tajo, el pobre decálogo que ratifica el zarpazo gubernamental. Resumido en dos puntos. Uno, que la CE sentenció durante el Gobierno del PSOE el fin de la minería en 2018. Otro, que el Gobierno de la nación negocia en instancias europeas que al menos las empresas viables no tengan que devolver las ayudas. Aunque esto último se haya demostrado al final incierto, porque nada se hizo realmente en los despachos europeos para impulsar esta posibilidad. Ahí también queda entrampado el silencio cómplice y miedoso de patronales y empresarios que, apurados por la urgencia de las ayudas eternamente retrasadas, no tuvieron las agallas de denunciar a tiempo para no incomodar a la administración de la que dependían sus cobros urgentes.
Recortes
Se va Soria. Para el carbón deja detrás el incumplimiento flagrante desde el minuto uno del Marco de Actuación de la Minería del Carbón 2013-2018. Firmado recorte sobre recorte del recortado futuro de una actividad sin futuro, ni siquiera se cumplió lo cercenado. Sin explicaciones, sin justificación. Sólo el desprecio ha acompañado a la minería en los últimos años. Acogotada la parte social cada vez más debilitada y acorralada (también dividida, a cuenta de enfrentamientos sindicales, intolerancias administrativas a las protestas tradicionales y división entre mineros y contratas en otros regímenes). Amordazada por los cobros pendientes la parte empresarial. Presa del descrédito y el rédito global la denuncia política.
El caso es que el ministro que ha puesto cara al cierre de las empresas mineras que podían haber sido viables, el gobernante que ha tolerado sin pestañear una cascada de expedientes de suspensión y extinción de empleos, quien ha ignorado concursos de empresas y adjudicaciones a la nada, hoy pone punto y final a su camino político de la mano no tanto de entramados empresariales o blanqueadores de dineros en paraísos fiscales, que también; sino de estrategias de comunicación de infinita torpeza que le han llevado a sonrojantes contradicciones y mentiras.
O José Manuel Soria no sabe quién es su padre o dónde ha firmado hasta ahora, o la cascada de polémicas que ha acompañado desde sus inicios su trayectoria política (y también familiar y empresarial) ha tocado fondo. Con una torpeza digna de tesis, también es verdad.
una visita
El caso es que José Manuel Soria no ha tenido ninguna relación directa con una provincia que sangra por los incumplimientos de su ministerio. En más de cuatro años el responsable de Industria sólo visitó una vez León. Fue con la obligada ocasión del dramático accidente de la Hullera Vasco Leonesa, en el que murieron seis mineros. Era octubre de 2013. Con buen criterio, porque para entonces la minería se encrespaba ya contra un Gobierno indolente, insensible a las reivindicaciones del sector, Soria jugó al escondite con medios periodísticos y políticos (las familias y una minería dramáticamente conmocionadas lo agradecieron, no quisieron darle protagonismo al Gobierno). Apenas voló sobre una sobreprotegida Subdelegación del Gobierno, y ni siquiera pisó el ‘pozo moqueta’ de los despachos. Fue un detalle que en el obligado protocolo gubernativo ignorase la visita a la zona del dolor, como había evitado hasta entonces todo lo relativo a la minería. No se ocupó nunca de conocer qué supone la ingnominia del Ejecutivo para quienes horadan la mina, y para quienes viven de la generación de riqueza que podría seguir generando la mina.
El juego del PP local y autonómico con un Gobierno que ha asfixiado la minería hasta llevarla a una situación terminal, innecesaria porque había empresas viables pero irrecuperable en este momento, ha sido de poco amor y mucho odio. Un enfrentamiento que reventó tras las últimas elecciones municipales y autonómicas, en las que el presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, acusó a Soria de ser el responsable de la pérdida de tres escaños en las Cortes y de la mayoría absoluta del PP en la Comunidad por su «arrogancia y la antipatía», así como la «insensibilidad», con que había tratado el tema del carbón. Poco después el entonces portavoz del gobierno autonómico señaló que Soria había dado «motivos suficientes para dimitir o ser cesado».
La postura de la Junta ha sido en los últimos años beligerante con esta insensibilidad del Gobierno con la minería, hasta el punto que Herrera espetó al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en su meteórica visita a León para rentabilizar la inauguración del AVE, su deuda con el sector minero. No ha perdonado el presidente autonómico que el líder nacional no intentara siquiera un guiño al sector en la campaña electoral.
Otros políticos vivieron su minuto de gloria con pequeñas pataletas inservibles y egoístas. Pedro Muñoz, en su formación política actual, tuvo por toda ocurrencia llamar «tonto del culo» al entonces ministro. Le puso en el foco de actualidad, pero no resolvió nada para la minería.
el mantra
En el Congreso y el Senado se han repetido en las comisiones de Industria las preguntas de la oposición sobre la minería. Una y otra vez un Soria absolutamente ajeno a la situación del sector repetía el mantra del cierre en 2018 y las negociaciones en los despachos de Bruselas. Intervenciones que sólo han evidenciado, una tras otra, que Soria no conoce la realidad del sector, ni le importa.
Tiene, eso sí, el mandato firme de desarbolarlo. Y eso, en su papel de tecnócrata sin conocimiento ni conciencia, centrado como estaba en escalar en la tela de araña del partido y el Gobierno, lo ha ejecutado a rajatabla.
La cosa ha tenido su chiste a cuenta del canario y la mina. El canario era el pájaro que, antes de que las tecnologías bajasen al pozo, avisaba a los mineros de que debían salir corriendo. Si el canario moría, el grisú avanzaba y el minero tenía que salir zumbando. El pájaro ahora es otro. El canario del Gobierno de Rajoy ha palmado. Sólo que los mineros hace ya mucho tiempo que fueron expulsados del pozo. El oxígeno llega a su fin. El discurso político se empeña en ganar aire con el argumento de que otro en su lugar será más dialogante. En realidad ya no cabe siquiera el oxígeno de la esperanza. Soria, al fin, sólo era la mano que mecía la cuna La voluntad de acabar con la minería sin contemplaciones nunca dependió en exclusiva de un ministro al que el drama siempre fue ajeno. Si no es así, queda muy poco tiempo para demostrarlo.