Puigdemont pide hablar sin rodeos del referéndum
El presidente catalán cree que el Ejecutivo pretende «diluir» las reclamaciones soberanistas.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. ANDREU DALMAU
c. reino | barcelona
El presidente catalán quiere poner a prueba la sinceridad de las ofertas de diálogo que llegan desde el Gobierno central y ofreció a Mariano Rajoy una reunión para hablar sin tapujos ni medias tintas sobre el referéndum de la independencia de Cataluña. Esa sería, a su juicio, la mejor prueba de que el cambio de talante y la voluntad de entenderse son ciertos y no una «operación de propaganda», que es lo que se teme Carles Puigdemont.
El independentismo ha acogido con escepticismo la oferta de rehacer puentes lanzada la semana pasada por la vicepresidenta del Gobierno en su visita a Barcelona y entiende que se trata más de una operación de maquillaje, un nuevo canto de sirena para romper la cohesión entre Junts pel Sí y la CUP, que una intención real de buscar una solución al problema catalán. Puigdemont, sin ir más lejos, acusó ayer al Ejecutivo de Rajoy de no tener ninguna voluntad de diálogo, sino de querer «diluir» las reclamaciones soberanistas con un discurso pactista que esconde la intransigencia política de siempre.
Pero el presidente de la Generalitat no quiere cerrarse puertas antes de haber intentado abrirlas y reclamó que si se produce el diálogo que sea de manera bilateral, no en el marco de foros, como la Conferencia de Presidentes, en la que están representadas las demás comunidades. Las conversaciones, según Puigdemont, no pueden tener condiciones previas para que se pueda hablar de todo, y en el todo entra el referéndum que los independentistas quieren celebrar en septiembre de 2017 y que aún tratan de pactar con Madrid.
Según el jefe del Ejecutivo catalán, Cataluña, tras cuatro años de movilizaciones en la calle y después de la victoria secesionista en las elecciones del 27-S, se «ha ganado el derecho» a que los contactos con el Gobierno central sean de tú a tú, al estilo, dijo, de la que mantiene con el Gobierno de Vitoria, es decir, más allá del régimen común. Puigdemont, en definitiva, pide «gestos» a Rajoy porque un «anuncio de diálogo» como el que se ha hecho «no es diálogo».
El proceso y las consecuencias penales que acarrea son el gran obstáculo para que se materialice el deshielo. Las fuerzas secesionistas critican al Gobierno que exprese su voluntad de hablar y al mismo tiempo mantenga «el asedio judicial al soberanismo». Un recelo que es recíproco porque el Gobierno de Rajoy reprocha a Puigdemont que apele al diálogo cuando solo plantea contratos de adhesión bajo la amenaza de que en 2017 habrá «referéndum o referéndum».
Puigdemont ha coincidido en dos ocasiones en los últimos tiempos con la vicepresidenta del Gobierno. Mañana, el Ejecutivo central y la Generalitat continuarán con las maniobras de aproximación, en un encuentro entre el presidente catalán y el nuevo delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo.