Diario de León

Mas defiende las cuentas de Convergència

Atribuye a su apuesta independentista los problemas de CDC con la corrupción.

Mas durante su comparecencia de ayer. ALBERTO ESTÉVEZ

Mas durante su comparecencia de ayer. ALBERTO ESTÉVEZ

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C. Reino | Barcelona

Artur Mas negó ayer que la financiación de la antigua Convergència fuera irregular y defendió como legales, aunque quizá no morales, las donaciones que recibió su partido de empresas privadas. Pero rechazó sobre todo la tesis del fiscal del caso Palau, que mantiene que la exCDC captaba fondos de compañías constructoras a través de esa entidad cultural a cambio de la adjudicación de obras públicas de la Generalitat de Cataluña.

Las revelaciones de los exresponsables del Palau, Félix Millet y Jordi Montull, que admitieron en el juicio que Ferrovial pagó comisiones a CDC a través del Palau de hasta el 4%, así como los últimos sobresaltos del caso que instruye un juez de El Vendrell (Tarragona) en cuya investigación han aparecido los nombres de Mas y el exconsejero Germá Gordó, llevaron a todas las fuerzas de la Cámara catalana, salvo Junts pel Sí, a pedir la comparencia del expresidente de la Generalitat en el hemiciclo autonómico.

Balones fuera

Mas volvió a echar balones fuera y atribuyó «muchos de los problemas» con la corrupción que ha padecido su partido a la «apuesta» del otrora nacionalismo moderado por la independencia. «Si alguna cosa nos ha creado (el giro secesionista) son problemas», afirmó. El expresidente de la Generalitat no pareció reparar en que el caso del Palau estalló en 2009 y su giro del nacionalismo al independentismo llegó en 2012, pero, aparte de detalles como ese, negó que se haya envuelto en la ‘estelada’ para tapar las acusaciones de corrupción, aunque al mismo tiempo cargó contra la Fiscalía, como parte de los poderes del Estado que quieren «atacarle» y volvió a sacar a relucir la Operación Cataluña, con la que a su juicio el Gobierno central, usando fondos reservados, trabajó para elaborar informes falsos para implicar a los convergentes con la corrupción.

Una teoría que no sirve para el caso Palau porque se destapó hace ocho años, y que ninguna de las fuerzas, a excepción de Junts pel Sí, se tomó en serio. A tal punto llegó el descreimiento que su socio, Esquerra, y el aliado ocasional, la CUP, le recordaron que también ellos se han embarcado en el proceso independentista y «no sufren la persecución» del Estado.

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