La destitución de Baiget desata la tormenta

Jordi Baiget y Santi Vila, en el acto de ayer. ANDREU DALMAU
A primera hora de la mañana, eran un poema las caras de los miembros del Gobierno catalán en la ceremonia de toma de posesión de Santi Vila como nuevo consejero de Empresa en sustitución de Jordi Baiget, fulminado el lunes por la noche por Carles Puigdemont. «Hoy no es un día de felicidad», confesó en su discurso el presidente de la Generalitat. Era más que evidente. La destitución de Baiget, por reconocer en público lo que muchos otros dicen en privado, supone un torpedo en la línea de flotación del proceso y un golpe al PDeCAT, algunos de cuyos dirigentes hablaron de «golpe de estado» en la formación liderada por Mas. Puigdemont, en el primer golpe de autoridad de su mandato, lanzaba un aviso: el que se mueva (o hable más de la cuenta), no saldrá en la foto. Iba dirigido a todos los consejeros, en especial a los que puedan tener dudas y reclamaba compromiso al cien por cien con la ruptura unilateral justo ahora, antes de que llegue la tormenta. A tres meses del 1-O, el presidente de la Generalitat recordó a los suyos de que no hay espacio para las dudas.