Diario de León

PATRIMONIO OLVIDADO EN LEÓN

La joya mudéjar de Villacé llora

El artesonado mudéjar de la iglesia del siglo XV espera desde hace una década su restauración y la oportunidad de los fondos del 1% cultural se perderá sin un acuerdo Obispado-Ayuntamiento.

El artesonado mudéjar de la iglesia de la Asunción de Villacé se encuentra en mal estado de conservación y clama por su restauración.

El artesonado mudéjar de la iglesia de la Asunción de Villacé se encuentra en mal estado de conservación y clama por su restauración.

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ana gaitero | león

La iglesia de Villacé se asienta sobre una plataforma desde la que se domina todo el caserío de este pueblo de la margen derecha del Esla. Desde la torre se pueden ver campos en barbecho, viñas y los restos de una antigua industria cerámica que estuvo activa hasta hace dos años.

La iglesia de la Asunción de Villacé no es un templomás. Su porte y envergadura evocan tiempos de mayor esplendor en un pueblo que apenas cuenta con cien vecinos en el censo. «Aquí hubo hasta ocho curas», afirma el presidente de la Junta Vecinal, Ramiro Fernández.

«Cada cura tenía su capa y dicen que algunas estaban bordadas de oro», añade como prueba irrefutable del poderío eclesiástico, porque la gente tenía tan poco que era corriente que salieran para trabajar como temporeros segando Tierra de Campos.

El caso es que la iglesia de la Asunción conserva su espectacular torre del siglo XV, de tronco piramidal y rematada con un tejado de cerámica vidriada en tonos verdes, blancos y negros que llama la atención desde la lejanía y, como anuncia la fecha de 1687 pintada sobre las bóvedas interiores, imponentes huellas del barroco.

En aquel entonces, las armaduras moriscas que tenía la iglesia original fueron sustituidas por bóvedas de yeserías muy adornadas y pintadas. Sólo una se salvó de la nueva moda. Quizás por estar en un lugar marginal de la iglesia, bajo la torre.

Este singular artesonado policromado del siglo XV, exponente de la tradición artística de la madera en el arte mudéjar, se encuentra en una especie de cuarto oscuro. Nadie puede imaginarse que en aquel lugar brillen aún sus colores cuando se enciende la luz.

En una especie de almacén, donde se guarda el monumento de la Semana Santa, se encuentra esta joya de madera para la que ninguna institución encuentra fondos con qué restaurarlo, pese a ser la iglesia Bien de Interés Cultural (BIC) desde 2008. Está protegida en el papel y olvidada en los presupuestos.

Desde entonces, y mucho antes, clama el pueblo y el Ayuntamiento de Villamañán, al que pertenece Villacé, por la recuperación de esta joya que no es la única, pero si la que más urge restaurar, en un templo que destaca tanto por la arquitectura como por la «cantidad y variedad de elementos pictóricos, artesonados y bienes muebles que contiene en su interior». Así lo destaca un informe que el servicio territorial de Cultura de la Junta de Castilla y León hizo hace algunos años a instancias de la Dirección General de Patrimonio.

La Subdelegación del Gobiernoha invitado al municipio de Villamañán a participar en la convocatoria del 1% cultural del Ministerio de Fomento. Es una oportunidad para Villacé. La única pega, y no es menor, apunta el alcalde, Higinio García, es que estos fondos solo revierten en edificios de titularidad pública y la iglesia es propiedad eclesiástica.

El edil leonesista plantea al Obispado de León una cesión del templo al municipio por 50 años para solventar este escollo. Pero aún así ve difícil acceder al dinero del 1% cultural. «La obra es de 300.000 euros y el Ayuntamiento y el Obispado tendríamos que poner 75.000 euros cada uno, el 25%», precisa.

El delegado de Patrimonio del Obispado, Máximo Gómez Rascón, informó a este periódico que la restauración del artesonado de la iglesia de Villacé figura entre las prioridades de la Diócesis de León, como así se ha hecho saber a las autoridades de Patrimonio de la Junta.

Por su parte, la jefa del servicio territorial de Cultura, Amelia Biaín, repasa las inversiones que se han llevado a cabo en este bien cultural. Un total de 207.599 euros invertidos entre 1990 y 2008, antes y después de la declaración BIC.

La recuperación de la torre de la iglesia, de la cubierta de la iglesiua y otras obras menores han servido para frenar la amenaza de ruina del edificio y acabar con las humedades que penetraban en su interior, causando daños irreparables. Más de 1.500 tejas, elaboradas artesanalmente en alfarerías de San Cibrián (León) y Portillo (Valladolid) hicieron falta para restaurar esta cubierta.

El presidente de la Junta Vecinal de Villacé, Ramiro Fernández, recuerda que las primeras hornadas de estas tejas se estropearon y hubo que repetirlas. También hace memoria de otra obra que no le parece tan bien hecha. «Movieron el atrio con las columnas y desde entonces entra el agua y mira como están», señala apuntando a sus bases, visiblemente erosionadas.

Se conservan bien sus capiteles clasicistas e incluso el enchinarrado de cantos rodados o tángaras del suelo (con excepción de algunas chapuzas de cemento con las que se repararon las calvas).

Sin embargo, apenas se mantiene el armazón estructural de un gran artesonado que había en este atrio. No corre el mismo peligro el artesonado del interior, al menos está protegido de la intemperie, pero tanto expertos como políticos coinciden en la urgencia de acometer su rehabilatación de forma inmediata.

La obra no se puede afrontar con los fondos provincializados que gestiona el servicio territorial de Cultura. Es de mayor envergadura y requiere un compromiso presupuestario de Valladolid. «Me gustaría que se empezara por el artesonado, por el lugar en el que está y porque se puede abordar con un presupuesto razonable», apunta Biaín.

Hace más de una década, la última inversión que se realizó en el templo, se acometió la desinfección del artesonado con la idea de realizar después la restauración. Pero nunca más se ha mirado a esta iglesia desde que el entonces consejero de Fomento, Antonio Silván, realizó la visita al campanario para revisar las obras que su departamento financiaba en el tejado de la torre.

En septiembre de 2013, el Ayuntamiento de Villamañán escribió a la Junta para pedir de nuevo su restauración. Fue cuando Valladolid encargó el informe a la entonces arquitecta de la Patrimonio de la Junta en León y hoy jefa de Cultura, Amelia Biaín. Sus conclusiones fueron tajantes: «El artesonado policromado del siglo XV está en malas condiciones de conservación».

La redacción de un proyecto de restauración del «valioso artesonado mudéjar» es otro de los objetivos, de 2005, que quedaron en el cajón del olvido. Villamañán tiene clavada la espina de su marginación del 1% cultural de la autovía León-Benavente, fondos que sirvieron para restaurar el castillo de Valencia de Don Juan y también el de Toral de los Guzmanes. Ahora ven en la oferta de la Subdelegación del Gobierno una oportunidad que no saben cómo afrontar. «El Ayuntamiento no dispone de 75.000 euros», sentencia el alcalde. Y la Junta Vecinal, que acaba de vender algunos chopos, indica que tiene obligación de hacer otras inversiones. Además, el templo es del Obispado de León.

La iglesia de Villacé es una joya que contiene muchas alhajas. Algunas están por descubrir. Bajo la capa de cal que cubre todos sus paramentos y bóvedas asoman pinturas murales que se conservan prácticamente en todo el espacio del presbiterio. Algo poco frecuente y que suma puntos a la categoría artística de este monumento a orillas del Esla.

Hasta el suelo tiene interés. Está realizado con grandes losas de pizarra, algunas de las cuales conservan inscripciones y otras están numeradas. «Hace dos años vinieron unas personas de Alemania buscando una tumba concreta y la encontraron. Eran antepasados suyos», precisa el pedáneo.

Los escudos nobiliarios están presentes en varias losas de piedra esculpidas y no menos curiosos son los cuadros-exvoto que se exhiben en la iglesia y la sacristía: «Damina Cruz, hija de don Pedro Cruz y de Josepha González, de Villazé, ya los últimos días de su vida sus padres la ofrecieron a la Virgen de la Piedad y sanó», dice uno de ellos.

El retablo barroco del presbiterio y otros elementos como la pila bautismal esculpida con motivos geométricos o el púlpito de madera policromada son reseñados por el informe que duerme el sueño de los justos (o de las injusticias) en la Dirección General de Patrimonio.

La iglesia de Villacé es un templo para mirar detenidamente. Se pueden descubrir calaveras en cualquier rincón o caras extrañas esculpidas en algún rincón de la nave central. Guarda este templo curiosidades como un retablo de ánimas que alguien apartó de su lugar original y a punto estuvo de perecer en la basura. El altar, con el dibujo de una calavera, delata la función para la que fue creada, presidido por una virgen.

El retablo barroco de la Piedad, de doble cara, es otra de las piezas destacadas. Ya Gómez Moreno, a principios del siglo XX, se fijó en la riqueza de esta iglesia de Villacé. De la solemnidad y categoría del templo habla también el órgano del siglo XVIII, mal conservado, así como otros retablos barrocos y la talla de estilo gótico de un crucificado que es una de las piezas más antiguas que se conservan junto a un cuadro dedicado a San Francisco de Asís que data del siglo XIII.

En el terreno de lo esotérico y misterioso que hay en toda iglesia, llama la atención un pequeño ventanuco enrejado que se encuentra en una de las sacristías. Es el cierre de un hueco abierto a la pared donde, cuenta el pedáneo, se «guardaba la gallina de los pollos dorados, pero un día durante la fiesta abrieron la ventana y los pollos volaron». Curiosa historia. La documentación de la iglesia pereció en las hogueras de la francesada cuando las tropas napoleónicas lograron derribar sus puertas. Ahora llora su artesonado para no morir en el olvido.

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