El ‘procés’ no perturba la economía
La economía catalana crece y permanece a salvo de las zozobras que sacuden la política. Los bajos precios del petróleo, la política de tipos cero del Banco Central Europeo y el ímpetu exportador del empresariado hacen que los vientos sean favorables a la autonomía más potente de España en términos económicos. Cataluña supone la quinta parte de la riqueza nacional. Si se escindiera del mapa, España dejaría de contar con un 19% del PIB, el que aporta la región con aspiraciones independentistas. Los catalanes descuellan por su capacidad exportadora: el 26% de los bienes que vende el país proceden del territorio que ha puesto de moda la palabra ‘desconexión’. De todas esas exportaciones, más de la mitad, el 54%, se hacen con cargo a las grandes empresas.
Pese al clima de incertidumbre política, las cuentas catalanas resisten. En el primer semestre del año el crecimiento batió al alza las expectativas. Las estimaciones del servicio de estudios del BBVA revelan que el PIB se incrementó en un 0,8% en el primer trimestre, y que podría haberse acelerado hasta el 0,9% en el segundo. Por su parte, el empleo habría crecido a un ritmo superior al 1% en ambos trimestres. Durante la crisis, las empresas hicieron de la necesidad virtud y aprovecharon la coyuntura para conquistar nuevos mercados.