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ANÁLISIS Cristian reino
León

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C erca del 70% de los catalanes están de acuerdo con la celebración de nuevas elecciones, según una encuesta publicada el pasado fin de semana por El Periódico . La cuestión es a quién podrían beneficiar unos comicios, que el independentismo presentaría como «constituyentes» y las demás fuerzas asumirían como autonómicos. Son muchas las voces que creen que podrían dejarlo todo igual: mayoría absoluta de escaños para el secesionismo, pero no de votos.

Junts pel Sí obtuvo 62 de los 135 diputados en las pasadas elecciones, con el 39% de los votos. No está claro que la coalición vuelva a reeditarse. Esquerra lleva meses dando largas al PDeCAT, aunque los últimos acontecimientos, sobre todo la aplicación del 155, hacen cada vez más complicado que cada uno haga la guerra por su cuenta. Un Junts pel Sí bis podría alejar el sueño de Oriol Junqueras de ser presidente de la Generalitat y podría obligar a Carles Puigdemont a reconsiderar su intención de no presentarse. En el ámbito secesionista, Puigdemont ha ganado mucho tirón y Junqueras ha ido deshinchándose. No obstante, las encuestas realizadas hasta la fecha dan una ventaja muy clara a ERC sobre el PDeCAT, que sigue sin candidato. Desde hace tiempo, el independentismo tiene más o menos dos millones de votos, sobre un censo de 5,3 millones. Esta cifra se sitúa en el entorno del 40% del censo y solo tiene oponente con una alta participación, como la que se registró en el 27-S de 2015 (75%).

En un contexto muy polarizado como el que hay en Cataluña, el voto ‘españolista’ se lo lleva de calle hasta la fecha Ciudadanos. Inés Arrimadas es la líder de la oposición y todo hace indicar que podría seguir siéndolo. Aunque podría perder posiciones respecto al PP, que está vez sí ha dado un puñetazo en la mesa y ha actuado con firmeza, como le pedían los suyos. Arrimadas ha optado por ampliar la base ciudadana a base de hacer guiños a antiguos votantes de Convergència hastiados y desencantados por el proyecto soberanista. Está por ver si insiste con este tímido intento de catalanizarse entre sectores de pequeños empresarios y profesionales liberales. Cs ronda los 25 escaños y el PP, la docena.

En un contexto de blanco o negro, los tonos grises apenas se ven. Es el problema que tendrán, cada uno a su manera, el PSC y Catalunya en Comú. Los socialistas parecía que estaban en una tendencia positiva, pero el 155 puede acarrearles muchos disgustos. El sector liderado por Nùria Parlon se ha desmarcado de la línea oficial y amenaza con escisión, la enésima en el PSC, que ya sufrió la fuga de los más catalanistas en 2014. Miquel Iceta se ha consolidado como líder, ganó puntos entre su electorado tras el terremoto vivido en el PSOE y lleva meses perfilando una candidatura que pudiera atraer no solo al votante de izquierdas no soberanista, sino también a catalanistas moderados, atemorizados por la deriva rupturista de la Generalitat. El PSC se mueve entre 16 y 20 escaños. El caso de Catalunya en Comú es distinto. Los comunes bailan a caballo entre los secesionistas y los constitucionalistas. No quieren que se les encasille en ninguno de los dos sectores, por lo que les llueven críticas de ambas partes.

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