Puigdemont amaga con elecciones y endosa al Parlament la declaración de independencia
El presidente de la Generalitat se escuda en que no obtuvo garantías de Rajoy de la desactivación del artículo 155.

Puigdemont, durante la comparecencia que realizó ayer por la tarde en el Palau de la Generalitat. TONI ALBIR
R. Gorriarán | Madrid
Carles Puigdemont amagó y no dio. Rompió sus planes de convocar elecciones y trasladó al Parlamento de Cataluña la responsabilidad de aprobar hoy la declaración de independencia. El presidente de la Generalitat arguyó que no consiguió las garantías de Mariano Rajoy para desactivar la aplicación del artículo 155. Un fracaso que sumado a las presiones del sector más radical de su partido, de Esquerra, de la CUP y de las plataformas soberanistas en contra de la convocatoria electoral acabaron por convencerle de que la proclamación de la ruptura con España es la única salida para el proceso.
El presidente catalán se lavó las manos. Fue el colofón a una frenética jornada de anuncios y desmentidos, conversaciones y amenazas, aplazamientos e incertidumbre. Nunca se había visto que en seis horas, desde las once y cuarto de la mañana a las cinco y cuarto de la tarde, se pasara de un escenario electoral, al que hasta se llegó a poner fecha el 20 de diciembre, a uno de consumación de la secesión. En su breve mensaje institucional desde el Palau de la Generalitat subrayó que había estado «dispuesto a convocar estas elecciones siempre y cuando se dieran unas garantías que permitieran su celebración en absoluta normalidad», pero no consiguió «ninguna de estas garantías».
La alternativa de las elecciones a decir verdad nunca salió de su boca ni de sus más estrechos colaboradores. No estaba en sus planes. Solo a partir del pasado martes empezó a tomar cuerpo alentada por algunos de sus consejeros, el expresidente Artur Mas, el lendakari Iñigo Urkullu, que ofició de discreto mediador, organismos europeos, entidades financieras y empresariales y los principales periódicos catalanes. Pero se fue por el sumidero. Puigdemont supeditó esa solución a que Rajoy se comprometiera a dejar en papel mojado el plan de intervención de la Generalitat que aprobó el Consejo de Ministros el pasado sábado al abrigo del artículo 155 de la Constitución. Condición que Puigdemont se cuidó mucho de desvelar en su breve mensaje institucional y prefirió poner el acento en «la actitud vengativa» del Gobierno central. Una elusión que tenía un objetivo claro, acumular toda la responsabilidad de que no hubiera elecciones en la Moncloa y obviar sus dudas y su cambio de opinión.
En la Presidencia del Gobierno negaron que Puigdemont se hubiera dirigido a Rajoy para reclamar esas «garantías». «Nadie de la Generalitat ha llamado a la Moncloa», señaló un portavoz oficial, aunque dijo desconocer si había existido una mediación de terceros. Haya existido comunicación o no, Rajoy tenía claro que no podía permitir un proceso electoral con las reglas de Puigdemont, como si no hubiera pasado nada en las últimas semanas. Unos comicios con los medios de comunicación públicos de Cataluña volcados con el independentismo y con un clima hostil en la calle hacia los no soberanistas no eran el escenario «normalizado» que reclama el Gobierno de Rajoy para votar.
Entre los independentistas y desde la Generalitat se asegura, en cambio, que existió el contacto con la Moncloa, y que además de la desactivación del 155 se exigió la puesta en libertad de los líderes de la ANC y Ómnium, así como la retirada de los efectivos de la Policía y la Guardia Civil desplazados a Cataluña y que la Fiscalía investigase su actuación el 1 de octubre. Unas condiciones que Puigdemont ya puso sobre la mesa en una de las cartas que escribió a Rajoy la semana pasada y que no pasaron el umbral de la lectura.
En el Gobierno existe un escepticismo absoluto sobre el súbito furor electoral del presidente de la Generalitat. «No ha pasado nada relevante. Solo ha habido ruido», comentó la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría en el Senado durante el debate sobre la aplicación del 155. Consideran que todo es una argucia de Puigdemont para endilgar a Rajoy el papel del que se niega a dialogar.
El presidente catalán evitó en su intervención hablar de la resistencia interna, solo repartió culpas en dirección a la Moncloa, pero si en algún momento tuvo intención de convocar elecciones desistió al comprobar la beligerante reacción del mundo independentista.