ERC amenaza con la candidatura de Junqueras si Puigdemont no se ‘aparta’

Junqueras y Puigdemont cuando compartían labores en el gobierno y mejor sintonía. QUIQUE GARCÍA
Dos meses después de las elecciones del 21-D, todas las miradas siguen puestas en Carles Puigdemont. El expresidente de la Generalitat se resiste a dar su brazo a torcer, a pesar de que cada vez son más y mayores las presiones dentro del secesionismo para que se aparte y permita la formación de un gobierno efectivo que ponga fin a la aplicación del 155, a día de hoy casi el único objetivo de los soberanistas.
Pero Puigdemont está enrocado y no cede. Insiste en que debe ser investido en la Cámara catalana desde Bruselas, a pesar de que el presidente del Parlament, Roger Torrent, le ha cerrado el paso en dos ocasiones, y reclama además poderes ejecutivos como un presidente de la república para elegir a los miembros del Ejecutivo catalán y decidir sobre la convocatoria de elecciones. Pero Esquerra, y también buena parte de su partido, el Pdecat, le reservan un papel meramente simbólico por la imposibilidad legal de que sea investido al ser un prófugo de la justicia.
Ante la insistencia del líder de Junts per Catalunya de mantener el mando de las operaciones, los republicanos pusieron ayer sobre la mesa un órdago en toda regla. El presidente de la Generalitat que invista la Cámara catalana debería ser el exvicepresidente ante la imposibilidad legal del expresidente. Así, además, se preservaría la legitimidad que tenía el Gobierno destituido el pasado 27 de octubre por Mariano Rajoy.
Los republicanas han vuelto a sacar a colación el nombre de Oriol Junqueras como candidato a la Presidencia de la Generalitat, como ya hicieron durante la campaña para gran enfado de sus socios.
Esquerra sigue la lógica legitimista de Puigdemont, de tal manera que el número uno del Gobierno catalán sería Carles Puigdemont y el dos, como antes de que se aplicara el artículo 155, Junqueras. De hacerse realidad esta bicefalia, la tormenta está asegurada por las inexistentes relaciones entre ambos. El escenario, de todos modos, sería, cuando menos llamativo, uno estaría en Bruselas sin poder firmar ningún documento legal y el otro, que sí podría hacerlo, en prisión.
Los republicanos admiten que si Puigdemont asume ser únicamente un presidente simbólico, que sería legitimado a través de una propuesta de resolución en la Cámara catalana o mediante una declaración de la Asamblea de Cargos Electos, el candidato a la presidencia de la Generalitat debería corresponder a Junts per Catalunya. Y ahí entrarían en juego los nombres de Jordi Sánchez, también en prisión, Jordi Turull, en libertad bajo fianza y pendiente de juicio, o Elsa Artadi.
Los secesionistas esperan que el expresidente de la Generalitat tome una decisión definitiva en los próximos días. Pero está por ver. De momento, sigue lanzando mensajes en clave a través de las redes sociales. Ayer emplazó a los negociadores a que actúen como «aliados» y no caigan en reproches que «sólo alimentan a la caverna». También dio a entender que las negociaciones estarían encarriladas, aunque lo que trascendió de las conversaciones no iba en esa línea.
Lo cierto es que Puigdemont, de momento, ignora estos movimientos y sigue encastillado. El último que se sumó a las presiones fue su antecesor, que no es la primera vez que le pide que dé un paso al lado. Artur Mas, que el martes quedó en libertad tras declarar en el Supremo, instó a su sucesor a tomar la «mejor decisión pensando en Cataluña», lo que en su lenguaje quiere decir apartarse. Unas palabras que van en línea con las que pronunció cuando anunció su dimisión como presidente del Pdecat y dijo que un dirigente en su toma de decisiones tiene que tener en cuenta primero al país, luego al partido y al final el aspecto personal, una reflexión que iba dirigida al fugado en Waterloo.