Diario de León

Leal a la república y a Puigdemont

Quim Torra promete recuperar las leyes suspendidas por el Tribunal Constitucional, seguir el mandato del 1-O y ceder paso al expresident en cuanto sea posible ■ El candidato a presidir la Generalitat depende de la decisión de la CUP .

Quim Torra durante su discurso.

Quim Torra durante su discurso.

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cristian reino | barcelona

El proceso secesionista es como un chicle que se estira y estira y no se acaba. Lo estiró Mas, también Puigdemont y lo hizo ayer Quim Torra, quien en su discurso como aspirante a la presidencia de la Generalitat prometió trabajar sin descanso para conseguir una república catalana. Torra asegura prolongar el proceso.

El candidato designado por Puigdemont insistió ayer en la línea dura marcada por su antecesor, que culminó con la proclamación de la independencia el pasado 27 de octubre. La solución a la mayor crisis política en 40 años de autonomismo no se otea en el horizonte, aunque se restituya la Generalitat. Torra se sometió a la primera votación de investidura. Perdió, porque no consiguió la mayoría absoluta. Obtuvo 66 votos (de JxCat y ERC) por 65 de la oposición y se quedó a dos de la mayoría absoluta. Era lo esperado. Ahora debe esperar a mañana, a la segunda ronda, en la que depende de lo que decida hoy la CUP en su consejo político. Si los cuatro diputados anticapitalistas mantienen la abstención de ayer, Torra será proclamado nuevo presidente de la Generalitat. Pero si votan en contra, Cataluña irá a elecciones.

Esta circunstancia, no menor, marcó el discurso de investidura. El candidato de JxCat hizo gala de la radicalidad que se le atribuye. Prometió ser leal al mandato del 1-O y construir un «estado independiente». La República arranca, dijo, del referéndum del primero de octubre, pasa por la declaración política de independencia del día 27 y se revalida en las elecciones del 21 de diciembre. Ese es su objetivo. El mismo que el de su antecesor. En el debate para pedir la confianza de la Cámara, Torra se mostró dispuesto a llegar hasta el final. «Asumimos todas las responsabilidades que se deriven de nuestro actos», dijo. «El 1-O apostamos por ser libres, queremos una república», señaló.

La forma de llegar a la secesión, según desgranó, será a través de un «proceso constituyente», que «debe terminar convirtiéndose en una propuesta de Constitución de la República de Cataluña». Torra, expresidente de Ómnium Cultural, abogó también por recuperar las leyes suspendidas por el Tribunal Constitucional y anunció que sus dos primeras medidas en cuanto tome posesión serán crear un comisionado que elabore un plan de choque sobre los efectos del 155 y retirará la demanda presentada por la Generalitat intervenida contra los impulsores de la consulta del 9-N.

La alocución fue dura. «Más leña al fuego», según Ciudadanos, que cree que el candidato neoconvergente «humilla» a los españoles. «Preocupante», según el PSC. «Incendiario», según el PP. Ignora al 50% de los catalanes, según los comunes. Todos los grupos de la oposición le echaron en cara su «sectarismo» y los tuits antiespañoles escritos durante años. Torra volvió a pedir disculpas. Y admitió ser un radical. «Es un honor serlo para defender Cataluña», dijo. Las circunstancias obligaban. Y es que JxCat y ERC dependen de la CUP y los cuatro votos anticapitalistas están aún en el aire. «Tenemos que ganárnoslos», apuntó una fuente independentista para justificar la dureza del discurso de Torra. «No haremos autonomismo», afirmó dirigiéndose a los anticapitalistas.

La CUP fue contundente. Ve al nacionalista como el candidato que gusta al Estado; un aspirante «neoliberal» en un acto de «vasallaje».

Si Torra sale elegido tendrá una papeleta muy complicada. Por la presión externa y la interna. Desde el Gobierno central, ya le han avisado que le vigilarán de cerca y que en cuanto cruce la línea roja de la legalidad se volverá a aplicar el artículo 155 de la Constitución. El PP reiteró la advertencia. Torra representa a la parte del independentismo que está decidido a mantener el desafío, pero ya sabe cuáles son las consecuencias: prisión e intervención de la autonomía.

A nivel interno, tampoco tendrá una situación plácida. ERC y el PDeCAT abogan por ir más despacio y las tensiones en el ejecutivo catalán estarán a la orden del día. Y además debe tener en cuenta que la Cataluña del proceso ha quedado partida, como le recordaron desde la oposición.

Con Torra, se espera un mandato de gestos simbólicos. Sobre todo los que tienen que ver con Puigdemont. «Yo no debería estar haciendo este discurso. Hoy, aquí, ahora, debería estar el presidente legítimo de Cataluña», afirmó. «Nuestro presidente es Carles Puigdemont», añadió.

De una manera velada, el candidato a dirigir el Ejecutivo catalán reconoció que será una especie de hombre de paja del expresidente y que su paso por la presidencia es «provisional».

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