Diario de León

Sánchez llega a la Moncloa aupado por una mayoría imposible

Mariano Rajoy se despide de la Presidencia sin reproches y subraya que «deja una España mejor» que la que encontró en 2011.

Mariano Rajoy felicita a Pedro Sánchez tras la votación de la moción de censura. DIEGO CRESPO

Mariano Rajoy felicita a Pedro Sánchez tras la votación de la moción de censura. DIEGO CRESPO

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ramón gorriarán | madrid

Fue un apretón de manos sin efusividad alguna y con cara de circunstancias. Pura cortesía. Pedro Sánchez acababa de ganar la moción de censura contra Mariano Rajoy con 180 votos a favor, 169 en contra y una abstención. Hoy tomará posesión de su cargo ante el Rey en el palacio de la Zarzuela. Por primera vez un presidente del Gobierno llega a la Moncloa gracias a una reprobación parlamentaria que hace tres días apenas tenía posibilidades de fructificar. Llega, además, sin haber ganado unas elecciones y sin escaño en el Congreso. Pero lo hace sustentado en una mayoría imposible de embridar y que apunta a un mandato convulso y de duración incierta.

Con razón le dijo el portavoz del PNV, Aitor Esteban: «No le arriendo la ganancia» ante el futuro que tiene por delante. El propio Sánchez confesó ayer tras la votación que era «consciente» del «momento político tan complejo» que tiene que afrontar porque nunca un presidente ha gobernado con menos respaldo. Está en rotunda minoría con 84 de 350 diputados, no controla la Mesa del Congreso, el PP tiene mayoría absoluta en el Senado, la colaboración de sus socios se presume más que discutible, y populares y Ciudadanos prometen una oposición a cara de perro. Un cuadro que inquietaría al más arrojado, y que el líder socialista pretende manejar con una combinación de «determinación, humildad, consenso y entrega».

Tendrá que apelar a algo más para poner de acuerdo en el Congreso a los once partidos que respaldaron su censura a Rajoy —PSOE, Podemos, Esquerra, PDeCAT, PNV, Izquierda Unida, Compromís, En Comú, En Marea, Bildu y Nueva Canarias—. La alianza más amplia y heterogénea que ha impulsado a un presidente del Gobierno en los 41 años de democracia, unida por un día con el objetivo común de desalojar a Rajoy, pero cuyo futuro, una vez desaparecido el inquilino de la Moncloa, se antoja efímero. Sin ir más lejos, ayer mismo surgieron las primeras escaramuzas con el empeño de Pablo Iglesias para que Podemos entre en el Gobierno de Sánchez pese a los reiterados avisos de que será monocolor socialista, y con los vetos que presentaron en el Senado Podemos, PDeCAT, Bildu, Esquerra y Compromís a los Presupuestos que Sánchez se ha comprometido a respetar. Vetos que no irán a ninguna parte por el control del PP en la Cámara alta, pero que evidencian la absoluta falta de concierto en el bloque ahora gubernamental.

Sánchez es consciente de que estos desbarajustes pueden ser el pan de cada día con el riesgo de que bloqueen su gestión. Podrá derogar leyes del primer mandato de Rajoy, como la ley mordaza, en la que hay consenso entre socialistas, Podemos y nacionalistas, pero será difícil que impulse nuevas leyes ante los intereses contrapuestos de sus aliados.

La primera prueba de fuego llegará en julio con la aprobación del techo de gasto en el Congreso y que no podrá incorporar las alegrías presupuestarias que reclaman Podemos, Compromís y Esquerra si se quieren cumplir los objetivos de déficit que exige Bruselas, metas que Sánchez prometió cumplir en el debate de la censura. Además, no podrá contar con el auxilio en este terreno de Ciudadanos, Albert Rivera le dio calabazas por adelantado, y es casi seguro que tampoco con el del PP. Pero antes de que lleguen estos quebraderos de cabeza, Sánchez y el PSOE disfrutan de unos días de vino y rosas por el inesperado éxito de la moción. Miembros de la dirección del partido cifraban el martes pasado en 80% las posibilidades de fracaso y en 20% las de triunfo. Si el resultado fue acogido con lógica alegría por los diputados del PSOE, en Podemos había euforia desatada. Sus parlamentarios entonaron a todo pulmón en el hemiciclo el «sí se puede» para escarnio de los populares, que con rostros serios y alguna lágrima abandonaban el salón de plenos.

Una emoción alimentada por la despedida de Rajoy desde la tribuna. El censurado presidente del Gobierno, encerrado ocho horas el jueves por la tarde en un restaurante al lado de la Puerta de Alcalá, apareció en el Congreso a las diez y media de la mañana, y pidió intervenir para despedirse sin reproches: «Ha sido un honor dejar una España mejor de la que encontré». Después votó, saludó a Sánchez y con ojos acuosos abandonó el Congreso en medio besos, abrazos y gritos de «presidente» de los suyos. Rajoy y su familia ya no durmieron anoche en la Moncloa. Y lo que es la relatividad del poder, hasta su figura será retirada la próxima semana del Museo de Cera y será reemplazada por la de Sánchez. La elegante despedida de Rajoy no fue emulada por el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, que en la última jornada del debate protagonizó una intervención desabrida como pocas se han escuchado en la Cámara, y afirmó que Sánchez llega a la Moncloa de la mano de «los amigos de Maduro, los que quieren romper España y los amigos de ETA». «Hoy ustedes —prosiguió— van a escribir una historia de vergüenza. Abren una nueva etapa según la cual todo vale». La ministra de Defensa y secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, engordó la relación de pronósticos catastrofistas con un lamento: «Lo sentimos por España, francamente».

Renovación del liderazgo

Sánchez respondió a las andanadas populares con palabras entre displicentes y conciliadoras. Mostró su «respeto político» por Rajoy como expresidente del Gobierno, le deseó «lo mejor en lo personal» y defendió que el PP es una organización «enormemente importante» en el sistema, además no ser «un partido corrupto». Pero ahora, añadió, tiene por delante «una ardua tarea», la de «renovar su liderazgo y regenerarse», además de colocar en sus escalones de mando a «dirigentes limpios y ejemplares».

Tampoco se mostró conciliador el líder de Ciudadanos, que, a diferencia de Rajoy, no felicitó al nuevo presidente del Gobierno y anunció que «no va a ser posible el acuerdo» en los meses que gobiernen los socialistas. «Empieza —sentenció— una etapa de incertidumbre, de debilidad y de inestabilidad».

El líder socialista sabe que Rivera quiere ganarse el papel de líder de la oposición y que competirá con los populares para comprobar quién es más beligerante con los socialistas. Sánchez, sin embargo, consideró que no era el día para exabruptos, ni siquiera al presidente de Ciudadanos, uno de los dirigentes que se ha creado más enemistades en el Congreso en los dos años de legislatura, y que irrita por igual a izquierda y derecha del hemiciclo.

Ministrables

Carmen Calvo, Manuel Escudero, Cristina Narbona, Patxi López, Beatriz Corredor, Margarita Robles y Josep Borrell son algunos de los ministrables del Gobierno que Pedro Sánchez formará en los próximos días. Un Gobierno que será «pequeño», según fuentes socialistas, y que se pondrá en marcha inmediatamente, con un horizonte de gestión de año o año y medio.

La andaluza Carmen Calvo, exministra de Cultura, doctora en Derecho Constitucional y negociadora con el Gobierno de Rajoy de la aplicación del 155 en Cataluña se perfila como vicepresidenta en casi todas las quinielas. Calvo, en la actualidad secretaria de Igualdad del PSOE, podría asumir también ese Ministerio, mientras que la actual portavoz en el Congreso y exmagistrada del Tribunal Supremo, Margarita Robles, dirigiría el de Justicia.

El secretario de Organización del PSOE y columna vertebral del partido, José Luis Ábalos, al que Sánchez encomendó la defensa de la moción de censura contra Mariano Rajoy, sería entonces el nuevo portavoz parlamentario. Patxi López, exlehendakari y secretario de Política Federal del PSOE, sería ministro de Interior y el secretario de Política Económica, Manuel Escudero, ministro de Economía. El veterano economista Manuel Escudero, uno de los artífices del proyecto con el que Sánchez ganó hace uno años las primarias y el 39 Congreso, encabeza las apuestas para esa cartera, aunque hay fuentes que apuntan al exministro Jordi Sevilla si lo que Sánchez busca es tranquilizar a los mercados.

Josep Borrell Y Narbona

Otro veterano vinculado a Sánchez, el exministro y exvicepresidente del Parlamento Europeo Josep Borrell es el nombre más barajado para la cartera de Asuntos Exteriores, junto con el del también expresidente de la Eurocámra Enrique Barón.

Fuentes socialistas sitúan a la diputada del PSC Meritxell Batet al frente de Administraciones Públicas, con un papel protagonista para abordar la crisis catalana -algunos la ven incluso como vicepresidenta-; a la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, como ministra de Medio Ambiente y Transición Energética; a la exministra de Vivienda y secretaria de Ordenación Territorial y Políticas públicas de Vivienda, Beatriz Corredor, en Fomento.

Miembros del partido creen que el presidente recurrirá para formar su Gobierno a miembros de la ejecutiva que no son diputados, con el fin de aumentar la presencia socialista en el hemiciclo, lo que no significa que incremente su número de votos, ya que los ministros que no son diputados no pueden votar, algo que le ocurre al propio Sánchez.

Es el caso de Calvo, Narbona, Escudero, Corredor y Borrell, y también del secretario de Emprendimiento, Ciencia e Innovación y exdirector de Change.org. Francisco Polo, que podría ser ministro de ese área.

Para la cartera de Sanidad, el nombre que más citan los socialistas es el de la consejera valenciana del ramo, Carmen Montón.

El también valenciano Andrés Prelló, secretario de Justicia y Nuevos Derechos; la diputada por Palencia y secretaria ejecutiva de Educación y Universidades, María Luz Martínez Seijo; la diputada gallega y secretaria de Políticas Migratorias y PSOE en el Exterior, Pilar Cancela; el secretario de Cultura y Movimientos Sociales, el leonés Ibán García del Blanco, y el secretario de Relaciones Institucionales y Administraciones Públicas de la ejecutiva, el sevillano, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, completan las casillas de la quiniela.

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