Diario de León

OPINIÓN Antonio Casado

Ibarretxe, enamorado

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Es recomendable el uso de la ironía como mecanismo de defensa para acercarse al ensueño articulado del Gobierno Ibarretxe y sus aledaños. Una forma como otra cualquiera de constatar la impotencia de la razón frente a los delirios del nacionalismo vasco. Evoquemos la parábola rural del pastor introvertido. La usaba Juan María Bandrés a finales de los años setenta. Decía que lo del nacionalismo vasco era como lo del pastor enamorado de la Luna. Todas las noches se iba al monte más alto para lanzar hacia arriba sus cartas de amor con piedra dentro. Las cartas nunca llegaron, claro, pero el pastor se convirtió en el mejor lanzador de piedras de la comarca y todos le temían por el imponente desarrollo muscular de sus brazos a causa del entusiasta y persistente ejercicio. La independencia es inalcanzable. Aunque los nacionalistas lo saben, reclamarla se ha convertido en la razón de su vida, como aquel amor imposible e incomprendido del pastor. Lo acabaron tomando por loco, pero lo temían por la fuerza adquirida de tanto practicar. Por las noches y a solas, para evitar las mofas de la gente. Ibarretxe no actúa en solitario y la gente está dividida. La existencia de un competidor es un problema suplementario. El nacionalismo que gobierna disputa con el nacionalismo que aterroriza en la seducción de la Luna. A ver quien gana el campeonato de lanzamiento de piedras, a ver quien llega más lejos, a ver quien lo consigue antes, a ver quien desarrolla más la musculatura del brazo. Y no puede dejar de hacerlo. Si deja de pedalear, se cae, como las bicicletas. Es su drama doméstico: cree que si se cae, gana el otro. Insiste, aunque un sector del público advierta que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Hasta sus empresarios, nada soñadores, nada proclives a enamorarse de la Luna ni, por supuesto, a convertir el cuento de la lechera en su libro de cabecera. La obra, bien; el público, fatal. Eso dice Ibarretxe, como el autor contrariado en la noche del estreno. Pero Ibarretxe sigue enamorado de la Luna. Y el público le abuchea. Menos mal. El público está vivo. Lo malo es cuando se aburra. Eso es lo que espera el nacionalismo vasco, el desestimiento.

tracking