Barrizal en el Congreso por el 4-M
Sánchez e Iglesias acusan de corrupción y transfuguismo al PP, y Casado y Egea ven al Gobierno de coalición en descomposición Las elecciones del 4-M en Madrid acaparan el debate político y ahondan la polarización política

Pablo Iglesias ayer, en el Congreso de los Diputados aún como vicepresidente del Gobierno. MARISCAL
Faltan casi 50 días para las elecciones en Madrid, pero han caldeado el casi siempre bronco ambiente del Congreso como si fueran vísperas. Regresaron, si es que se habían ido alguna vez, los epítetos gruesos y las frases chabacanas, un barrizal en el que se movieron con soltura el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, y el secretario general del PP, Teodoro García Egea, que ejerció de ‘alter ego’ de Isabel Díaz Ayuso.
El debate entre Pedro Sánchez y Pablo Casado suele ser el plato fuerte de las sesiones de control al Gobierno, pero ayer se quedó en aperitivo. El líder de la oposición colocó su mensaje electoral —«el 4 de mayo en Madrid ganará la libertad»— y vaticinó que el Gobierno de coalición está en descomposición y la legislatura tiene los días contados. El abandono de Iglesias, dijo Casado, así lo indica porque «cuando un barco comienza a hacer aguas, empiezan a salir de él». Y se quedó ahí, sin mencionar a los roedores.
Sánchez buscó la ironía, se ve que «estamos en campaña», pero enseguida recurrió a los argumentos de rigor para afear al PP que vuelva a «las malas artes, la corrupción y el transfuguismo» para abortar la moción de censura en Murcia del PSOE y Ciudadanos contra el presidente popular Fernando López Miras.
«No hace falta que se cambien de sede —afirmó el presidente del Gobierno— quédense en (la calle) Génova y ahórrense la mudanza porque representan la peor versión del PP, la de la corrupción y la ultraderecha».
Iglesias y García Egea tomaron el relevo con brío y el vicepresidente y candidato de Podemos en las elecciones madrileñas no se anduvo con rodeos para acusar al número dos del PP de «comprar» a los diputados «tránsfugas» de Ciudadanos en Murcia para frustrar la moción de censura. Su curiosidad le llevó a preguntar: «¿Cómo ha conseguido usted la pasta? ¿La ha puesto usted o se la ha dado algún constructor?»
García Egea lamentó lo «poco que nos ha durado» el vicepresidente en el Gobierno y abundó en el símil náutico para resaltar que todos huyen del «barco de Sánchez e Iglesias». También recurrió al sarcasmo de felicitar a su interlocutor por dejar el Ejecutivo y pasar a «la oposición». El mejor camino para ese tránsito, auguró, es Madrid porque al día siguiente del 4-M el destino del vicepresidente será «sentarse a rodear la Asamblea de Madrid», un recordatorio de su respaldo al movimiento ‘Rodea el Congreso’ que en 2012 protagonizó manifestaciones contra «la casta» política.
Ni rastro de la pandemia, sobre lo que versaban las preguntas. Las elecciones en Madrid del 4 de mayo han impregnado todo el debate. El PP las encara como un banco de pruebas para unas generales; para Podemos son un examen para aquilatar la experiencia de la coalición gubernamental; para Cs son un ejercicio de supervivencia, se juega el ser o no ser.