Las horas más críticas de Díaz
Apenas quedan cuatro días para que el decreto de la reforma laboral, uno de los proyectos clave de la legislatura, sea sometido a la convalidación del Congreso y el Gobierno sigue sin tener amarrados los apoyos necesarios para sacarlo adelante. El nerviosismo es palpable en la coalición, pero más entre los socios del partido minoritario del Ejecutivo. Es Yolanda Díaz, según entienden los socialistas, quien de verdad arriesga buena parte de su capital político justo cuando trata de poner en marcha su plataforma electoral.
No es, ni mucho menos, que el PSOE haya decidido lavarse las manos en el asunto. Aunque han evitado la publicidad que la ministra de Trabajo sí ha querido otorgar a sus encuentros con distintos grupos políticos, el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, pero también otros miembros del Ejecutivo, como la titular de Hacienda, María Jesús Montero, o miembros del partido, como el secretario de Organización, Santos Cerdán, y el portavoz del grupo parlamentario, Héctor Gómez, se han fajado en conversaciones discretas con las formaciones. Si la reforma no fuera convalidada sería un golpe difícil de encajar también para Pedro Sánchez.
Entre otras cosas, porque se trata de un compromiso adquirido con Bruselas a cambio de los fondos europeos de recuperación, a los que fía su mandato. Pero la negativa rotunda de aliados como ERC, EH Bildu o el BNG a apoyar el texto sin modificación no resulta hoy tan dramática para el presidente como para la vicepresidenta.
El rechazo frontal a la reforma de esas fuerzas, que a la causa independentista suman la bandera social, puede dañar gravemente el proyecto político de Díaz. Los críticos esgrimen que ha sido muy timorata y no se ha atrevido a tocar asuntos nucleares de la reforma del PP, como el abaratamiento del despido o la eliminación de los salarios de tramitación, cuando lo que se había prometido era su derogación.
Para las ‘kelis’
Sus críticas han opacado de hecho lo que, según Gobierno y sindicatos, tiene el acuerdo de mejora para las condiciones de vida de los trabajadores más vulnerables, como las ‘kellys’, que, alegan, pueden llegar a cobrar hasta 7.000 euros más al año. Fuentes gubernamentales y también sindicales dan por sentado que en la posición de estos partidos, especialmente en la de ERC, hay mucho de táctico. La postura inamovible de Bildu se achaca a la enorme presión de las centrales nacionalistas ELA y LAB, que ayer se movilizaron contra la reforma laboral. Pero tras el órdago de los republicanos detectan la intención de erosionar a quien puede ser una relevante rival electoral. Salvar los muebles con los votos que Ciudadanos ha puesto a su disposición y un variopinto grupo de partidos pequeños que incluiría a formaciones como PDeCAT, Más País, Teruel Existe, PRC, Nueva Canarias, Coalición Canaria, Compromís o UPN —que, aun con matices, se han mostrado favorables a la reforma— no sería la opción ideal del PSOE, pero tampoco le perturba. A Díaz, sí.
La vicepresidenta segunda rechazó abiertamente el miércoles los nueve votos del partido de Inés Arrimadas con el argumento de que «expulsa a las formaciones políticas que sustentan al Gobierno» y de que sin ellos no es posible alcanzar la mayoría precisa; cosa que los socialistas niegan pese a confesar que, a estas alturas, no tienen garantías absolutas.