Diario de León

El regreso de Díaz a la trinchera infla la moral de Sumar

La vicepresidenta se echa a la espalda a su partido un año después de dejar el liderazgo

La ministra de Trabajo y vicepresidenta, en una imagen reciente.

La ministra de Trabajo y vicepresidenta, en una imagen reciente.mariscal

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Madrid

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El paso adelante que Yolanda Díaz dio el 9 de julio al tomar las riendas de la portavocía del grupo parlamentario de Sumar en el pleno monográfico sobre corrupción insufló moral a la bancada magenta, como reflejan las palabras de alegría que el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, pronunció al final de aquella sesión:«Se ha echado a la mayoría progresista a la espalda. Salímos reforzados de este pleno». Un espacio político heterogéneo, plurinacional y desde hace meses necesitado de alegrías tras varias derrotas consecutivas en el marcador por escándalos, rencillas internas y un programa político paralizado en el Congreso por su propio socio de coalición, el PSOE, el cual está atenazado, a su vez, por varios escándalos de corrupción que amenazan con zarandear también a los magentas.

Un año después de que la vicepresidenta segunda abriera una crisis en su partido tras dimitir como secretaria general por los malos resultados cosechados en el ciclo electoral, el espacio político andaba huérfano de dirigentes, con varias organizaciones haciendo la guerra por su cuenta; e, incluso, como fue el caso de Compromís, dividiéndose en dos y saltando su portavoz adjunta, Águeda Micó, al grupo mixto por las diferencias con los magentas. Aquél punto de inflexión del 9 de julio fue un trago duro para la líder gallega. Su padre, el histórico sindicalista gallego de CC OO Suso Díaz había fallecido la noche anterior. Rota por el dolor —"Así lo habría querido él", justificó su presencia-, evitó sentarse en el escaño azul que le corresponde como miembro del Gobierno, situado a dos puestos del asiento del presidente del Gobierno. Prefirió, en cambio, unirse al resto de sus diputados, en un gesto que la volvió a situar, cinco años después desde su llegada al Ministerio de Trabajo, como diputada rasa, en un papel de confrontación contra el Ejecutivo —que finalmente quedó orillado después de que los socialistas aceptaran de Sumar 10 de las 15 medidas que anunció Sánchez—. El mensaje, una defensa cerrada del Ejecutivo —"Una luz en un mundo de oscuridad", dijo—, y la advertencia a los socialistas de que la legislatura «necesita un giro copernicano». «Había mucho malestar con el PSOE", reconocieron después fuentes cercanas a la dirección de Movimiento Sumar.

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