Pedro Sánchez enfurece a Donald Trump
Los desafíos del presidente del Gobierno amenazan las relaciones con la potencia mundial

Sánchez y Trump en la cumbre de jefes de estado de la Otan en Bruselas el 11 de julio de 2018.
La animadversión mutua entre Donald Trump y Pedro Sánchez no sólo es una realidad constatada, sino que además amenaza con traspasar lo meramente personal y político para afectar de lleno a las relaciones entre España y la primera potencia del mundo. En los tres años y medio que ambos mandatarios han coincidido en la Casa Blanca y la Moncloa, los encontronazos se han convertido en algo habitual.
La falta de sintonía entre ambos dirigentes políticos era de esperar, pero ha llegado a extremos que nadie se hubiera atrevido a aventurar en 2018. Sánchez renunció a intentar agradar a su homólogo estadounidense a partir de la cumbre del G-20 de 2019 en Osaka (Japón). El líder socialista trató de dirigirse en la sala plenaria a Trump, quien lo ninguneó al ignorar su saludo y se limitó a señalar la silla donde el español debía sentarse. «Tienes un buen sitio», le espetó sin aminorar el paso. Moncloa trató de restar importancia a aquel episodio calificándolo de broma, pero el tiempo no tardó en confirmar lo grabado por las cámaras: Trump menospreció en público a Sánchez. Los choques en política internacional se han sucedido desde entonces.
España se ha alineado con sus socios europeos en contra de los planes de paz de la Casa Blanca para Ucrania. En Gaza, ha abanderado las sanciones por los crímenes de guerra cometidos por el ejército de Israel, el más estrecho aliado de Estados Unidos en el exterior. El rechazo a la imposición de aranceles y el tímido acercamiento a China son otros movimientos que Trump no perdona al socialista, una ideología que el mandatario estadounidense desprecia por encima de cualquier otra. De entre todas, la insubordinación que más ha irritado hasta el momento a Washington ha sido la negativa del Gobierno de coalición a elevar al 5% la aportación a la Otan. España se plantó en el 2%, una cantidad muy lejana de lo que exige Washington. «España pagará el doble» o «debe ser castigada» han sido algunas de las amenazas con las que ha respondido Trump, quien además de querer rebajar la aportación millonaria de EE UU a la Alianza pretende sacar provecho de la venta de armas a una Europa desprotegida frente a Rusia.
Inocencio Arias, exrepresentante permanente de España ante las Naciones Unidas, valora que Trump es un personaje «orgulloso» y además está imbuido de una creencia que empieza a generalizarse en los dirigentes americanos de ambos partidos: «Los europeos son unos gorrones que abusan económicamente». Y Sánchez es para el mandatario estadounidense «el mejor ejemplo de esos gorrones» al no dedicar a defensa «lo que le pide no sólo Estados Unidos, sino la propia Otan». «Además —continúa el diplomático español-, hace pinitos internacionales como en el caso palestino, que, aunque defendibles para nosotros desde un punto de vista moral, para Trump son exhibicionistas e inoportunos».
«La ley del más fuerte»
El último episodio en este pulso entre supuestos aliados ha sido la condena del Gobierno a la intervención en Venezuela. Las palabras han ido acompañadas de los hechos. La diplomacia española protagoniza un activo papel en la esfera internacional —ONU, Europa y América Latina— de rechazo a la acción unilateral de Trump y los que Sánchez define como el recurso a «la ley del más fuerte» para «hacerse con las riquezas naturales de otro país».
La posibilidad de que el permanente alineamiento en contra de los intereses de la administración Trump acarree represalias para España va en aumento, aunque esta posibilidad no parece asustar a Sánchez. Más aún, según sus adversarios políticos, le envalentona para tratar de obtener provecho electoral en un escenario en el que su mandato atraviesa el momento más bajo. «No nos vamos a callar aunque le moleste alguno», señaló el líder del PSOE en su primera valoración sobre Venezuela.
A la hora de adoptar medidas contra Madrid, Washington podría castigar sectores estratégicos como el comercio, la seguridad, el terrorismo o la contrainteligencia. Aunque se ha visto un atisbo de luz con el encuentro el viernes de Repsol con Trump.
En opinión de Arias, «las represalias no son descartables aunque no sería sencillo dado que estamos dentro del bloque europeo». No obstante, añade, «no es imposible en absoluto que alguna rabieta del impredecible Trump nos despierte con una bofetada comercial». El diplomático concluye que al presidente americano «es obvio que le apetece darle un susto a Sánchez, pero no debe tener mucho tiempo para ocuparse de lo que para él es un tema muy menor». Porque, «en su megalomanía, Sánchez es un enano para Trump».