Feijóo restablece puentes con el PNV
El fin de la hostilidad con los nacionalistas marca una semana en la que Vox da su órdago a Guardiola

Feijóo y Esteban el miércoles, durante su encuentro en Bilbao.
Dice el refrán que una imagen vale más que mil palabras y en política, si cabe, más. Después de lo que parecía una ruptura irreconciliable, Alberto Núñez Feijóo y Aitor Esteban compartieron el miércoles sonrisas y confidencias en un céntrico hotel de Bilbao antes de la intervención del líder del PP en un foro económico ante una nutrida representación de empresarios vascos. Una cordialidad inesperada que pilló por sorpresa a los asistentes y con la que populares y peneuvistas escenificaron un deshielo —al menos de cara al público— precedido de la reunión privada que se produjo «hace varias semanas» en Madrid «a petición del PNV», según precisaron después desde Génova.
La charla entre ambos dirigentes, como la definió el propio Feijóo en el coloquio, fue «larga, sincera y respetuosa». Pero aún es pronto para saber si el acercamiento dará algún fruto. A nadie escapa que, en un contexto de final de legislatura y de un posible relevo en La Moncloa, la distancia que el PNV mantenga con el principal partido de la oposición puede ser determinante. Así lo fue hace dos años y medio, cuando la negativa de los nacionalistas vascos a respaldar su investidura —también de Junts, la otra formación que tenía la llave— cerró a Feijóo las puertas del poder al negarse los nacionalistas a sumar en ninguna ecuación en la que estuviera Vox. Desde entonces, la relación entre ambos partidos y sus direcciones se tornó gélida, entrando incluso en un punto de no fácil retorno en enero de 2025 por la afrenta del palacete de París. Por eso, sorprendió, y mucho, el paso adelante del PNV que Esteban ha tratado de atenuar a posteriori asegurando que «no hay ningún cambio ni ningún punto y aparte». Pero la imagen, de por sí, ya supone un cambio.
En la cúpula del PP mantienen la cautela por un acercamiento que, insisten, llegó de forma inesperada desde Sabin Etxea tras una legislatura enfrentados, pero al que no se niegan. Aunque los populares asumen que toda opción de alcanzar el Gobierno de España pasa hoy por entenderse con el partido de Santiago Abascal, no pueden cerrarse ninguna puerta a futuro. Y menos cuando el propio Feijóo se ha comprometido a intentar gobernar en solitario. Ya en las pasadas generales, el expresidente de la Xunta llegó a mirarse en el espejo de los 156 escaños que consiguió José María Aznar en 1996, victoria electoral en minoría de la que se acaban de cumplir 30 años, para exigir un Ejecutivo sin ataduras.
Esa cifra parece ahora bastante lejana. Alguna de las últimas encuestas incluso dan al PP una pérdida de escaños por primera vez desde el 23-J, mientras Vox sigue lanzado y sin que los populares consigan dar con la tecla para frenarlo. Con el viento demoscópico soplando a su favor, y sumando escaños allá donde se abren las urnas, el partido de Abascal está crecido y marca el paso a Génova, que había asumido las riendas de la negociación en Extremadura, y por ende las de Aragón, con la intención de desencallar la investidura de María Guardiola.
Pero la región se abona a un bloqueo de duración incierta después de que la derecha radical consumase este viernes su amenaza de no apoyar, por el momento, a la candidata del PP a la reelección. Los de Abascal insisten en su «mano tendida», pero no están dispuestos a facilitar un acuerdo antes de que se cierren las urnas en Castilla y León, donde se juegan batir su propio récord y superar por primera vez la barrera del 20% de voto. En la cúpula voxista, donde no se esconde su animadversión al PNV —Abascal es vasco-, no sentó nada bien la sintonía entre Feijóo y Esteban. Ambos, con distinto tono, atribuyen a Sánchez una estrategia puramente electoral.