Diario de León

«Al escuchar las sirenas, un nudo cierra nuestro estómago y una bomba estalla en nuestras cabezas» José Luis Alejandre (actor)

Tambores de paz en Ponferrada

El rechazo a la guerra fue un clamor en la plaza. Más de cinco mil voces gritaron anoche contra la invasión de Irak en

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Carlos Fidalgo Redacción - PONFERRADA.
Ponferrada

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Ponferrada vivió ayer la tercera protesta masiva contra la guerra en Irak. Y lo hizo siguiendo el sonido de los tambores. Los más de cinco mil manifestantes partieron otra vez de la plaza de Lazúrtegui y tardaron una hora en cruzar la ciudad, deteniéndose ante el castillo en una sentada, y en la plaza de La Encina para aumentar el redoble de tambores, antes de que la riada humana desembocara en la plaza del Ayuntamiento. Encaramado en el mismo escenario donde dos mimos representaron la venida del ángel negro de la guerra, el actor del grupo El Canal, José Luis Alejandre, se encargó esta vez de leer con vehemencia un sobrecogedor manifiesto con el que los organizadores de la protesta denunciaron el «mercadeo vergonzoso» que supone la invasión de Irak y el bombardeo de sus ciudades. «Cuando escuchamos el sonido de las sirenas, un nudo cierra nuestro estómago y una bomba estalla en nuestras cabezas», gritó Alejandre. Los niños volvieron a portar ayer la pancarta que abría una manifestación que engulló en el anonimato a los políticos que la respaldaron, aunque tras el manifiesto se leyó un comunicado de los escudos humanos españoles en Bagdad, remitido por fax, en el que se citó su adscripción a IU. Las consignas contra el PP, Aznar y Bush fueron de nuevo las más coreadas. «Nunca en nuestro nombre», gritó Alejandre para reclamar al presidente del Gobierno que deje de respaldar la guerra. Abucheos a Lucas y Herrera Las voces contra la guerra si llegaron a otros dos presidentes; el del Senado, Juan José Lucas, y el de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, cuando por la mañana acudieron a Ponferrada a inaugurar el Museo de la Radio y fueron recibidos por los pitos de un grupo de activistas. Los manifestantes no dejaron de pregonar consignas contra la posición española en el conflicto, jalonadas con cánticos y con el sonido de los mismos tambores que sacarían a la calle al atardecer, poniéndole una reivindicativa banda sonora a la apertura del museo, para disgusto de algunos de quienes aguardaban a Lucas y Herrera.

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