Diario de León

OPINIÓN Enrique Vázquez

Una extraña coincidencia

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León

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Por fin, una coincidencia, parcial al menos, entre George Bush y Sadam Huseín: el primero advirtió el sábado contra el espejismo de una guerra rápida y fácil y alertó, prudente, sobre eventuales complicaciones; y el segundo dijo ayer que él se encargará de que la guerra, en efecto, sea «larga y dura de consecuencias». El dictador iraquí utilizó incluso un verbo que, traducido al inglés o francés por las agencias, es el equivalente a atascarse en el lodo, meterse en un atolladero... El infinitivo indicó, adicionalmente, que si estaba al corriente de los problemas tácticos de las fuerzas anglo-americanas en el sur del Iraq es que está vivo. Un desmentido indirecto y curioso. Una fórmula razonable utilizada desde el sábado hablaba de «focos de resistencia aislados» que no impedían el avance del grueso de la fuerza expedicionaria, que está a unos cien kilómetros de Bagdad. El domingo fuentes británicas mencionaban lealmente «fuertes combates» y los observadores confirmaban el extendido pronóstico: americanos e ingleses no se dejarán arrastrar a combates callejeros. Así ha sido en Basora y en Um Qasr, pero al precio triple de distraer tropas en el cerco, prolongar la vida del régimen, que no se ha hundido rápidamente en términos políticos y galvanizar a la opinión árabe, que sigue la guerra ávidamente a través de Al Yasira TV. Sadam aprendió la lección del 91, como también se preveía, y no se opone en campo abierto al gran ejército blindado y la impresionante fuerza aérea que lo protege. Washington y Londres, a su vez, recuerdan con nostalgia la campaña contra Yugoslavia, meramente aérea e indolora para los atacantes (no hubo una sola víctima, ni se perdió un solo avión o helicóptero en un mes largo). Pero el cambio de régimen (que en Serbia no era el objetivo de las armas y se produjo más de un año después como resultado de un proceso político y social interno) sí exige en el caso iraquí el empleo de la infantería, una suerte de policía militar que no sólo debe obtener una victoria sobre el terreno, sino «blindar» una alternativa político-institucional que exigirá, y Bush lo reconoció también, «un compromiso norteamericano a medio plazo». Sadam, en fin, ha puesto sobre la mesa otro dato: ha llamado a la resistencia a las tribus, una estructura extra-política y muy enraizada en varios Estados de la región, armadas, con intereses propios, muy nacionalistas y pegadas al terreno. Definitivamente: una especie de pre-guerrilla anunciada. Un mal augurio.

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