Diario de León

«La resistencia iraquí es un grupo de hombres desesperados que no tienen nada que perder» Tony Blair

Sólo un lado de la guerra

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La autocensura que el domingo se impuso en la televisión estadounidense, que optó por seguir las instrucciones del Pentágono y dejar de mostrar las imágenes de los prisioneros y muertos norteamericanos que ofrecía la televisión árabe Al Jazira y que algunas de ellas ofrecieron parcialmente a primera hora de la mañana para retractarse tras el aviso gubernamental, ha abierto la caja de los truenos respecto a qué y cómo debe mostrarse por televisión. El 11-S ya dejó claro que hay cosas que los norteamericanos no pueden ver. Las imágenes la gente tirándose por las ventanas de las Torres Gemelas sufrieron la misma suerte que la de los prisioneros de guerra: las primeras emisiones fueron rápidamente eliminadas de las televisiones mientras en el resto del mundo se repetían una y otra vez. Sin embargo, ayer nadie se autocensuró a la hora de perseguir morbosamente a las familias de los prisioneros de guerra, que pasearon su angustia por todas las cadenas de televisión mientras sus entrevistadores se ensañaban en el «¿y usted cómo se siente?». La madre de uno de ellos se mostró desesperada en la NBC y le pidió a Bush: «Por favor haga algo por mi hijo». El presidente y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, ya habían amenazado el domingo con tomar represalias sino se cumplía la Convención de Ginebra sobre prisioneros de guerra, algo que sonó bastante irónico teniendo en cuenta las críticas recibidas por su administración por el tratamiento conferido a los detenidos en Afganistán y a algunos de sus propios ciudadanos arrestados tras el 11-S. Pero la prensa norteamericana resulta, a los ojos de cualquier espectador extranjero, excesivamente parcial, dejando sin voz a sus opositores y sin contestar muchas incógnitas respecto a la guerra. Algunos de sus críticos afirmaban en el New York Times que la prensa había sido clave para que Bush se ganara el apoyo de su país respecto a la guerra. «Han sido parciales en la información respecto al debate internacional y han permitido que el presidente se salga con la suya y guíe en la dirección errónea al pueblo americano», en palabras de Eric Alterman, autor del libro ¿Mass Media liberal? La realidad es que los medios estadounidenses se han dedicado a mostrar una guerra tan limpia que las sangrientas imágenes de la cadena Al Jazira suponían un cambio demasiado drástico para el relato de una guerra en la que la muerte ha estado completamente ausente de las pantallas. Las víctimas iraquíes del conflicto no han asomado su triste rostro por ninguna de las cadenas del país, que celebra desde que comenzó el conflicto la práctica del embedding, el término que define a la práctica de que los periodistas acompañen a las tropas del Tío Sam. Reporteros enfundados en ropa militar y a veces a través de máscaras de gas, repiten hasta la saciedad el relato de los quehaceres diarios de sus unidades sobre un paisaje sonoro de bombas que construyen en la lejanía columnas de humo negro en un Irak que ha juzgar por las imágenes, está completamente deshabitado. Mientras, la autopista por la que previsiblemente podrían entrar en Bagdad los ejércitos estadounidense y británico se prepara a marchas forzadas para la resistencia. Cientos de soldados, milicianos del partido Baas vestidos de verde oliva, y civiles -críos incluso- armados con kalashnikov cavan trincheras a lo largo de kilómetros de baldíos. Los puestos de tiro instalados bajo los puentes, en cruces e intersecciones, y las posiciones de defensa antiaérea desplegadas en los arcenes demuestran los preparativos para la batalla final, que, a juzgar por las noticias sobre los combates en el sur -desmentidas reiteradamente en la capital-, podría suceder de inmediato: si se confirma la ofensiva sobre Kerbala, a 80 kilómetros de Bagdad, la entrada de las tropas aliadas puede ser cuestión de días. Pero las autoridades iraquíes aguantan el tirón y revierten la situación de desventaja en visos de victoria. Por enésima vez desde que comenzara la guerra, el ministro de Información, Mohamed Sayed As Sahaf, volvió a sostener que la victoria iraquí está cada vez más cerca, porque la resistencia se mantiene sin fisuras.

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