Dos bombas aliadas arrasan una zona comercial del norte de Bagdad

Un «error» de 15 muertos civiles

Catástrofe en Bagdad

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León

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La guerra ha comenzado, la guerra sin paliativos, la más cruel y bárbara. 15 civiles muertos y 30 heridos, además de decenas de viviendas y negocios muy dañados, fue el balance de un ataque «equivocado» este miércoles en una zona comercial de un barrio de la capital iraquí. Si hasta ahora Bagdad había logrado mantenerse a salvo de ataques de destrucción masiva, el bombardeo de ayer marcó un hito mortal en el curso de la contienda. Dos misiles hicieron explosión en la zona comercial del popular barrio de Al Chaab, una decena de kilómetros al norte de Bagdad, dejando un reguero de muertos y heridos. Todos eran civiles, y dos de ellos, bebés que viajaban en el asiento trasero de un automóvil. El portavoz del Mando Central estadounidense, general Vincent Brooks, anunció una investigación en profundidad si se confirman los hechos porque, dijo, «no podemos decir si tenemos algo que ver en esto». A las 11.30 de la mañana, hora local (dos horas menos en España), un misil cayó en el punto kilométrico 10 de la carretera que va de Bagdad a Kirkuk, al nordeste de la ciudad. Se trata de una vía ancha, de doble carril, limitada a la derecha por una hilera de garajes y talleres de reparación de automóviles, así como tiendas de repuestos, y al otro lado por varios edificios de apartamentos con bajos comerciales. La primera explosión hizo saltar por los aires varios negocios y se cobró nueve muertos, entre ellos el operario que en ese momento estaba reparando un coche. Automóvil y víctima quedaron carbonizados hasta la ceniza. Yihad, de 17 años, que trabaja en uno de los garajes, fue testigo de este primer ataque: «Primero sentí un avión, luego me pareció oír que tiraban sobre él y a continuación escuché una gran explosión». El muchacho se salvó gracias a un recado que le había llevado a otra tienda, distante unos cientos de metros de su lugar de trabajo. Tres o cuatro segundos más tarde se sintió la segunda deflagración al otro lado de la calle, bordeada por una fila de edificios de viviendas. Salah, de 55 años, conserje de uno de ellos, resultó muerto en el acto. Sarmed, un electricista que ocupaba un bajo de la finca, y su negocio saltaron por los aires. También su colega Taher, propietario de una tienda de calentadores. Los aparatos se desintegraron y fundieron en un amasijo de hierros que varias horas después del impacto aún despedían calor y humo. El resto de las víctimas pertenecían a la misma familia, inquilina de una de las dos viviendas del primer piso.

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