El presidente iraquí dispone en Bagdad de un búnker del tamaño de un campo de fútbol
La tumba-refugio de Sadam
Los búnkers subterráneos del presidente iraquí, Sadam Huseín, pueden resistir un bombardeo masivo y en su interior se puede vivir hasta seis meses. Así lo aseguró un teniente coronel retirado de la armada yugoslava, Resad Fazlic, que participó en la construcción a finales de la década de 1970. «Estos búnkers pueden resistir el impacto directo de una bomba atómica de 20.000 toneladas», dice Fazlic, quien sin embargo reconoce que él no participó en la construcción del bombardeado en el complejo presidencial de Bagdad, el conocido con nombre en código 2000. Sí sabe que «es más grande que el resto, más o menos del tamaño de un campo de fútbol y que tiene todo lo que se necesita para pasar una larga temporada», desde un sistema de filtrado de aire hasta salidas alternativas por si se bloquea la puerta principal. El citado oficial dijo que los fuertes subterráneos fueron construidos por las antiguas fuerzas armadas yugoslavas en Bagad, Mosul, Kirkuk, Basora y Nasiriya, después de que funcionarios iraquíes visitaran edificios similares construidos en la ex Yugoslavia por orden del mariscal Tito, quien mantenía una estrecha relación con Sadam Huseín. «También construimos los llamados cero, p y c, que son menores y están destinados a centros militares y de comunicaciones, pero que también pueden resistir un bombardeo pesado y un aislamiento prolongado». El problema que encontraron los técnicos en Irak es que el terreno es plano. Aunque Fazlic fue todo lo explítico que pudo, el arquitecto austríaco Lorenzo Aldo de Buffalo, padre del gran búnker de Sadam en Bagdad, fue parco en sus palabras. Asegura que los planos y fotografías fueron destruidos y que no sabe dónde se llevó a cabo la obra porque «gente de Sadam lo llevaba y lo recogía». Durante la guerra del Golfo, la CIA accedió a los planos a través de una persona que se los entregó a un agente, reconoció el ereconoció el entonces director del servicio de inteligencia, William H. Webster. Por el momento, nadie conoce el paradero de Sadam.