Diario de León

Los jefes de tribus alistan a sus clanes en la defensa

Los aliados se ceban con Bagdad

Bagdad volivió a estar ayer bajo el impresionante y ensordecedor ruido de los bombardeos anglo-americanos. Los aliados redoblaron los ataques, a plena luz del día, sobre la capital en un int

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Bagdad sufrió la explosiones más grandes desde el inicio de la guerra. Y todo apunta a que se acabó la batalla limpia, las operaciones «quirúrgicas» para desmantelar el régimen. Las bombas aliadas se ceban con Bagdad, ya sin hacer distinciones. El ministro de Sanidad iraquí, Omeid Medat Mubarak, adelantó ayer que la guerra va a ser larga y las pérdidas humanas cuantiosas. Pero, a juzgar por el balance oficial de bajas de la primera semana, la sangría no ha hecho más que empezar: desde el inicio de la contienda, el pasado día 20, se han contabilizado en todo el país «351 víctimas mortales y 3.600 heridos, en su mayoría ancianos, mujeres y niños». En el sur, principalmente en Basora, se habla de cientos de cadáveres tendidos en las calles, una cifra que Cruz Roja tacha de corta. El Pentágono también ofreció su primer recuento de bajas: 24 muertos, diez desaparecidos y siete tomados prisioneros. De los 24 fallecidos reconocidos, 19 han muerto en combate y otros cinco en accidentes o situaciones no hostiles. Entre las tropas británicas, el número de muertos asciende a 22. Además, decenas de marines estadounidenses han resultado heridos ayer por «fuego amigo» cerca de Nasiriya. En Bagdad, sólo los ataques del miércoles se cobraron la vida de 36 personas, entre ellas las 14 víctimas mortales del bombardeo de Chaab, y causaron heridas a 215. Pero el ritmo y la intensidad de los ataques se recrudeció considerablemente durante el día de ayer, añadiendo nuevas cruces a un balance «aproximado y en absoluto definitivo», advirtió Medat Mubarak curándose en salud. Tras un par de jornadas de aparente calma, debida sobre todo a las adversas condiciones de la tormenta de arena, que impedía la visibilidad a más de 50 metros, el cielo de Bagdad volvió a estremecerse al octavo día de la guerra. Durante la madrugada se produjeron «numerosos muertos y heridos», sin precisar, tras el bombardeo de Yusufiyah, una zona residencial a 30 kilómetros de la capital. Pocas horas después, de mañana, el blanco fue una sede de la compañía nacional de telecomunicaciones del barrio de Al Mansur, en el centro de la ciudad. Sólo hubo que lamentar daños materiales, además de la interrupción del servicio telefónico en los barrios contiguos. Casi a la vez podían escucharse repetidos bombardeos más al sur, en los alrededores del vasto complejo militar de Al Rachid, que viene siendo objetivo periódico de ataques desde el inicio de la guerra. Pero en la sobremesa se produjo una descomunal explosión, y la tarde avanzó a sobresaltos entre un rosario de deflagraciones y sacudidas desconocido en los últimos días. La sirena antiaérea, que permanecía muda desde el domingo, sonó con una frecuencia frenética durante toda la tarde. Ello parece indicar, especialmente a partir del trágico error del bombardeo de Chaab, que ya se acabó la guerra controlada, la de impactos quirúrgicos y formato especial para la televisión que se cernió sobre Bagdad los dos primeros días de la contienda. La fase en curso enseña su faz más bronca, menos precisa y limpia, aunque ambas, no obstante, se han atrincherado en la desinformación. Al soberano error de dar por tomado el puerto de Um Qasr una semana antes de tiempo, y al trágico bombardeo de Chaab, del que un alto mando estadounidense llegó a culpar a la propia defensa aérea iraquí, se añade la operación de castigo desencadenada sobre Basora, Nayaf y Kerbala, contra las que la coalición estadounidense y británica instrumenta desde hace días una estrategia de amagar sin rematar con consecuencias muy graves desde el punto de vista humanitario. En Basora hay muertos y heridos en las calles, según fuentes citadas en Bagdad, pero ni siquiera un pasillo humanitario por el que facilitar el acceso a los servicios médicos, ya que resulta imposible romper el cerco a que la ciudad, de 500.000 habitantes, es

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